La marcha por la libertad de los represores fue un fiasco

Actualidad - Nacional30/11/2025
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La concentración en Plaza de Mayo para pedir por la libertad de los represores fue un fiasco. No fue nutrida ni contó con la asistencia de las caras más conocidas del reclamo pro-dictadura. Sus organizadores debieron levantar sus petates a las apuradas cuando un efectivo de la Policía Federal Argentina (PFA) se acercó para avisarles que estaba llegando la manifestación por Palestina, que los sextuplicaba en participantes.

–Lo primero es la seguridad de ustedes –les dijo el oficial para convencerlos de que se fueran del sector de Plaza de Mayo que ocupaban.

El que recibió el mensaje fue Guillermo Sottovia, uno de los organizadores de la movida fallida, que dice ser piloto civil e hijo de un oficial de la Aeronáutica. A Sottovia no le quedó más remedio que agarrar el megáfono maltrecho que tenían e iniciar la retirada.

–Nos tenemos que ir, no por cobardes, sino para demostrar que ellos son los violentos –dijo.

Hasta segundos antes, Sottovia había estado a los abrazos con Carlos Pampillón, el dirigente neonazi marplatense procesado por atacar un monumento a la Memoria, la Verdad y la Justicia. Pampillón palmeaba a algunos hombres con uniformes y los llamaba “héroes” mientras se abría paso por la Plaza de Mayo.

Asunción Benedit estaba contenta porque casi había más fotógrafos que concurrentes. Ella se había puesto un pañuelo negro en la cabeza como forma de identificarse: no solo en oposición a las Madres de Plaza de Mayo sino porque también dice estar de “luto” por los represores presos. Según las estadísticas de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad (PCCH), hay 22 criminales de lesa humanidad presos en cárceles comunes y 63 en la Unidad 34 de Campo de Mayo, considerada una prisión VIP por sus comodidades.

Tanto Asunción como su hermano, el diputado nacional Beltrán Benedit, suelen visitar a los condenados y procesados por secuestrar, torturar y desaparecer personas. Ella sostiene que no solo hay que pedirle al gobierno de Javier Milei por su libertad, sino también reivindicar su accionar. “La esperanza es lo último que se pierde”, dijo la mujer que pululó por distintas organizaciones pro-dictadura. “De hecho podemos estar haciendo este reclamo. Si fuera con otro gobierno, ya estaríamos presos”, concedió, aunque no esconde su desazón porque la administración de La Libertad Avanza (LLA) no hizo más para tener a Alfredo Astiz y compañía fuera de las cárceles.

El armado de la marcha comenzó meses atrás. Sus organizadores habían coincidido en febrero en Tucumán en los actos para recordar los 50 años del Operativo Independencia. Allí, dice Asunción Benedit, se dieron cuenta de que debían hacer como “la zurda” y unirse.

Conformaron un grupúsculo que se dio en llamar Unidos por la Sangre Derramada, pero, en realidad, lo que derramaron fueron peleas internas. Hasta hace diez días, Orlando González se presentaba como el coordinador general de la iniciativa. El tema se complicó cuando este diario contó quién era el personaje: un represor de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) condenado a prisión perpetua y que se encuentra en arresto domiciliario. Aficionado a la fotografía, el “Hormiga” González solía retratar a sus víctimas.

González se peleó con sus compinches y les atribuyó a ellos su caída en desgracia. En una comunicación que circuló entre sus amigos, contó que el Ministerio de Seguridad –todavía al mando de Patricia Bullrich– les había pedido que movieran el acto a la Plaza San Martín, pero que sus consortes de Unidos por la Sangre Derramada se negaron.

En Plaza San Martín se hicieron grandes actos para oponerse a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia del kirchnerismo y para reclamar una amnistía general. Las concentraciones eran mucho más nutridas que las de este sábado en Plaza de Mayo. Pese a eso, con megáfono en mano, Sottovia afirmaba: “Tenemos poder ahora de cambiar la historia. Nunca se hizo un acto como éste”.

La PFA les pidió que se amontonaran en la intersección de Hipólito Yrigoyen y Paseo Colón para evitar los cruces con quienes se manifestaban en contra del genocidio en Gaza. Algunos de ellos habían llegado temprano para evitar que los activistas pro-impunidad, que no pasaron la centena, se concentraran cerca de la Pirámide de Mayo. Para eso, sacaron una bandera que decía: “30 mil Presentes”.

Hasta los abogados de represores hicieron lo posible por despegarse de la iniciativa. En un primer momento, Justicia y Concordia había anunciado que su asociado, Ricardo Saint Jean, sería uno de los oradores del evento, pero finalmente les desearon suerte a los organizadores y se corrieron de la movida. “Son impresentables los que organizan”, le dijo un defensor de condenados por crímenes de lesa humanidad a este diario.

Alejandrina Barry, que sufrió el accionar del terrorismo de Estado siendo muy chiquita y cuyos padres y tíos están desaparecidos, estaba a unos pocos metros de los activistas pro-impunidad. “Fueron muy poquitos. Creo que fue importante que nosotros llegáramos a la Plaza a hacer un pañuelazo, para que les quede claro que no los vamos a dejar avanzar y que la Plaza pertenece a nuestras queridas Madres”.

Por Luciana Bertoia / P12

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