Milei = Kirchner x -1, Kirchner = Menem x -1, Menem = Alfonsín x -1, Milei = Menem

Actualidad30/11/2025
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Lo esencial es invisible a los ojos de la misma forma que lo simple y evidente queda enmascarado por una complejidad superflua.

En un sentido ideológico, ni Milei es libertario, ni Kirchner de izquierda, ni Menem liberal. Cada uno adoptó un posicionamiento electoral en sintonía con el clima de época y en las antípodas de lo que habían sido ellos mismos previamente. En cada caso fue –y cuando ya se había desgastado– oponerse a la hegemonía que venían a suceder a pesar de que hubieran sido parte de ella.

Tenemos un ministro de Defensa militar solo para sobreactuar antikirchnerismo 
 

Tan simple como decir que el núcleo de la estrategia de Milei es oponerse a todos los significantes del kirchnerismo. Por ejemplo, Milei nombró como ministro de Defensa a un militar en actividad porque el kirchnerismo (sin méritos preexistentes) se había apropiado de las críticas a la última dictadura y la defensa de los derechos humanos. Tan burdo como haber elegido como compañera de fórmula a Victoria Villarruel porque representaba los valores opuestos a esa bandera kirchnerista y, una vez cumplida su función electoral, la expulsó del paraíso oficialista y su agenda quedó encajonada.

Pero lo mismo hizo Néstor Kirchner con Carlos Menem, después de haber sido un panegirista de Menem, a quien había calificado como “el mejor presidente de la historia” mientras era gobernador de Santa Cruz cuando se convirtió en candidato a presidente y luego, ocupando ya el cargo, hizo de ser lo opuesto al menemismo la identidad del kirchnerismo.

Y lo mismo hizo Carlos Menem, quien al comienzo de la presidencia de Alfonsín era el primer gobernador peronista que buscaba fotografiarse con el líder radical y visitarlo cada vez que le concediera audiencia –tomando así distancia del derrotado oficialismo peronista–, para cuando se convirtiera en candidato a presidente, y luego ocupando ya el cargo, hacer de ser lo opuesto a Alfonsín la identidad del menemismo.

Y no podemos seguir hacia atrás en el tiempo simplemente porque la modernidad del marketing político llegó a la Argentina recién en los 90 ya que las dictaduras habían freezado el desarrollo de técnicas electorales y Alfonsín, siendo el primer presidente de la recuperación democrática, fue al mismo tiempo el último de la era premarketing.

Ya en 1967, Guy Debord, en La sociedad del espectáculo, anticipó que todo se transformaría en representación, pero recién en los 90 emerge en Argentina la confirmación de la estrecha relación entre el espectáculo y el proselitismo político, llevando al cargo nada menos que de gobernadores a Palito Ortega en Tucumán, Carlos Reutemann en Santa Fe y Daniel Scioli en Buenos Aires, tres de las cinco provincias más pobladas del país, además de ser luego ellos mismos tres presidenciables. Electorabilidad y carisma, como electorabilidad y fama, pasaron a ser sinónimos.

Corsi e ricorsi es una expresión del ya citado en estas columnas Giambattista Vico, el filósofo de la historia nacido en el siglo XVII que influyó sobre Marx, Hegel y Comte con su teoría de los ciclos históricos pero que, a diferencia de ellos, no creía que la historia fuera ascendiendo hacia distintas síntesis culminantes. La Argentina reciente le viene dando la razón a Vico más que a Hegel hasta que en un proceso de autoeducación los argentinos descubramos el repetido truco con que calman nuestro malestar dándonos un chivo expiatorio y autoexculpatorio.

Quizás estemos cerca de percibirlo porque en este corsi e ricorsi se da la ya evidente paradoja de que finalmente, con el opuesto del opuesto del opuesto, llegamos a que el primero es (o aspira a ser) lo que el último de esta trilogía; Milei y Menem, o sea regresando al punto de partida un cuarto de siglo después, aunque desgastados por cada volantazo.

Descubrir el truco requiere poder verlo, y la frase al comienzo de esta columna aparece completa en el capítulo 21 de El Principito, donde el zorro dice: “Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”. Y para que el corazón vea, precisamos sacar el odio y las pasiones tristes que nos llevan de una furia a la otra.

Ayer, en el programa de las mañanas de Perfil, reflexionábamos junto a Loris Zanatta sobre si lo que él llamaba el “mesianismo narrativo” de Milei, transformado en una “religión civil escatológica”, era una farsa consciente o inconsciente, y remarcaba el hecho de que Milei nunca critica a Perón sino siempre a Yrigoyen, lo que resulta un reproche a la democracia porque con Yrigoyen comenzó el voto universal en Argentina y, según Milei, la decadencia de nuestro país. Que critique al presidente radical más popular y no al fundador del peronismo evidencia el cuidado por no ofender la identidad peronista de muchos de sus votantes.

Villarruel realizó ese papel y una vez cumplida su función electoral fue echada del oficialismo

Dependerá del peronismo, responsable histórico tanto de Néstor Kirchner como de Carlos Menem, no dejar que las banderas de su identidad sean “secuestradas” o cooptadas parcialmente por el kirchnerismo o el mileísmo.

Y será responsabilidad de toda la sociedad que el presidente que se elija para suceder a Milei no construya su campaña con un simple “Milei x -1” y aun en la hipótesis de que la economía de Milei no cumpla los objetivos prometidos se mantengan aquellos logros parciales. Nadie se equivoca en todo, ni siquiera Milei, el kirchnerismo o el menemismo.

Por Jorge Fontevecchia / Perfil

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