







La IA está presente en cada conversación y en cada proyecto. En medio de semejante aluvión, que tiende a acelerarse, aparece un concepto que gana cada vez más fuerza: para transformar, la tecnología necesita de las decisiones humanas.
Las áreas de Recursos Humanos adquieren ante este panorama un protagonismo histórico: la oportunidad de posicionarse como líderes estratégicos del cambio cultural, ético y emocional que atraviesan las organizaciones. Y la IA acompaña este proceso: según la consultora de mercado Gartner, el 26% de las áreas de RRHH ya basan su modelo operativo en esta tecnología.
Desde el punto de vista técnico o de resultados de negocios, la IA ya resulta incuestionable: automatiza tareas repetitivas, sintetiza grandes volúmenes de información, asigna turnos inteligentes, predice demandas y optimiza agendas. Para algunos perfiles, incluso resulta difícil imaginar trabajar sin IA, algo que tiende a profundizarse con el paso del tiempo. Pero esa potencia no es suficiente si no se integra con propósito.
Porque la IA no reemplaza la inteligencia emocional. No puede leer miradas, comprender angustias, detectar silencios incómodos o acompañar un proceso de carrera con sensibilidad. Y eso, en el mundo laboral, importa más que nunca.
IA: Empresas más inteligentes, para servicios más humanos
Al mismo tiempo, existen algunos elementos culturales que generan resistencias en la adopción de la IA: el miedo de las personas a equivocarse, a quedar afuera, a no entender, a ser reemplazadas. No se trata de una barrera menor: el MIT identificó que el 95% de los proyectos piloto que involucran IA generativa terminan en fracaso.
Guardianes de la ética, el propósito y el bienestar
La clave para evolucionar sin estas fricciones no está en “implementar soluciones de IA”, sino en acompañar a cada uno de los colaboradores en la transición y enseñarle a experimentar, equivocarse, aprender y, fundamentalmente, desaprender. Para abrazar un cambio tan profundo y significativo es muy importante soltar las antiguas creencias y las formas de trabajo obsoletas.
A medida que la IA se ocupe de tareas burocráticas, repetitivas o analíticas, RRHH deberá ocupar ese tiempo en lo único que no puede automatizarse: la relación humana. Bien entendida, la tecnología elimina “capas de ruido” para que los especialistas de recursos humanos puedan volver al núcleo esencial de su tarea: el bienestar, el propósito y la conexión.
No es una metáfora: la empresa que pierde su capacidad de conectar a través de las personas, pierde su negocio. La gente que se siente feliz, cuidada y escuchada trabaja mejor, permanece, aporta más, innova y se compromete. La empatía juega un rol clave. Pero no una empatía teórica o para colgar en un cuadrito y que quede bien, sino llevada a la práctica en términos reales. Esto es, a través de líderes que se preguntan a sí mismos qué necesita cada miembro de su equipo para estar bien cada día y que, además, están dispuestos a escuchar las respuestas y a actuar en consecuencia.
En la era de la IA, por lo tanto, RRHH no puede limitar su actividad a administrar legajos o resolver conflictos. Debe centrarse en convertir datos en decisiones humanas, diseñar culturas empáticas, acompañar a quienes tienen miedo del cambio, sostener conversaciones difíciles y construir sentido en medio de la automatización. Su rol es fundamental: tejer humanidad en un mundo cada vez más digital.
El futuro del trabajo no será definido por algoritmos, sino por cómo las personas decidamos convivir con ellos. Dicho en otras palabras: aún en la era de la IA, la humanidad seguirá siendo la principal ventaja competitiva.
Nota: https://fortuna.perfil.com/




















