No poder comprar alimentos ni ropa ni medicamentos es la realidad de gran parte de las y los trabajadores, que se aleja cada vez más del derecho a una vida digna.
Sobre ello Duarte señaló que “la situación social y económica de los trabajadores de la economía popular es crítica” ya que “hoy los sectores populares se endeudan para comer”. De esa manera advirtió sobre del creciente endeudamiento de las familias, una realidad que afecta a cada vez más hogares sobre todo por las dificultades para hacer frente a esas deudas (en un año se sumaron casi 2,4 millones de deudores morosos en el país) pero que se agrava en el caso de los trabajadores informales.
“Como no pueden acceder al sistema bancario formal, la mayoría de las veces tienen que endeudarse con sistemas de préstamos de absoluta ilegalidad, es decir, créditos con prestamistas que imponen más de 80% de interés y a ser devueltos en 30 días, quedando incluso a merced de situaciones de violencia”, precisó.
En igual sentido Morales apuntó contra el desmantelamiento de políticas públicas que dejó a miles sin herramientas de trabajo, y aseguró que en ese “vacío” crece el crédito usurero, el fiado eterno y las economías que después son criminalizadas. “Aparecen los créditos informales y usureros” sumado al papel de las billeteras virtuales para comprar alimentos y medicamentos, sobre todo en invierno cuando se multiplican las enfermedades y urgencias médicas.
En definitiva, el anuncio de Capital Humano excede largamente un convenio con una cadena de comida rápida y expone una redefinición del papel que el Estado asigna a la política social-laboral que, cada vez más, parece limitarse a facilitar trabajadores para empresas privadas, sin importar las condiciones ni consecuencias para las y los trabajadores, que pagan el costo de un modelo económico que destruye empleo formal a la vez que deslegitima la organización productiva colectiva.





























