




Nadie le iba a decir a Lionel Messi cuándo hacer su despedida. Nadie le iba a quitar al fútbol la posibilidad de tener al mejor por dos partidos más en su último Mundial. No pudieron los heroicos caboverdianos, tampoco los temibles egipcios, pues no lo harían los neutrales suizos, esta vez con el apoyo de una gran oleada anti Selección que se generó por estos días. Casi una cuestión de respeto de rangos, como la frase que popularizó Rodrigo De Paul hace algunos años. Fue 3 a 1 en el tiempo extra de Kansas City para meterse en las semifinales del miércoles en Atlanta.


En Kansas City se sentó el tono de esta Selección a partir del ya lejano 3 a 0 contra Argelia: todos para Messi y Messi para el gol. Esta vez fue el capitán para Alexis Mac Allister. Córner del rosarino y el pampeano, con su humilde 1,76 metro le ganó de cabeza a un elenco suizo cuyas piezas no bajaban ninguna del 1,81. Justo en el día en el que igualó la marca del Vasco Olarticoechea y Mario Zagallo al alcanzar los 12 partidos sin perder en Mundiales.
El tiempo extra fue una consecuencia justa dado lo hecho por ambos, en sintonía con la pedagogía del sufrimiento que viene ejercitando la Selección. Tanta es la diferencia de jerarquía entre los campeones y sus rivales, que hasta algún malpensado creerá que estos tipos lo hacen a propósito. No había ideas, Messi no se prendía, Scaloni probó cambiar a medio mundo. Y la pegó, pero dejando a Julián Álvarez en cancha. Qué golazo, hermano. Minutos después le tocó a Lautaro. Qué momento para aparecer. Bienvenidos goleadores, los estábamos esperando.
Por Cristian Dellocchio / P12


























