El FMI se carga al hombro la campaña de Milei

Actualidad - Nacional12/07/2026

El Gobierno aceleró en las últimas horas el panfleteo de una reelección de Javier Milei en 2027 exponiendo, casi sin eufemismos, que le preocupa qué es lo que pueda pasar en la votación presidencial del año próximo en todo el país. Hasta se puso como meta obsesiva la eliminación de la PASO y la instauración del modelo de colectoras, emblema histórico de la casta que dice combatir. Ese apuro por mostrarse con chances en el marco de una economía micro muy dañada y –de mantenerse el dólar congelado- más dañada a futuro, expone una debilidad que, de todas maneras, están dispuestos a ayudar a compensar aliados estratégicos muy fuertes que tiene el Ejecutivo. El Fondo Monetario (FMI) decidió instalarse en estos meses en el país como una especie de jefe de campaña del oficialismo, con una serie de acciones políticas que ameritan una mirada y que dan la pauta de que, aún más allá del resultado de las legislativas de noviembre, el gobierno de Donald Trump estaría en condiciones hipotéticas de producir nuevos rescates financieros al país. Una de esas acciones es la visita de Kristalina Georgieva, que llegará al país a fines de julio; las otras, reuniones con el Círculo Rojo argentino para bajar la línea de que el gobierno está ordenado políticamente, que la crisis que se esgrime popularmente no existe y que la oposición no se rearma. Y que en el caso de que el tiempo logre el cometido de la unión opositora, ninguno de esos opositores encarnará una fuerza que sostenga el ajuste libertario.

Días atrás, justo el martes en el que se jugó el partido de Argentina contra Egipto, una cerealera importante llevó a la cúpula del organismo multilateral a recorrer su puerto sojero en la provincia de Santa Fe. Juntos vieron el match en una pantalla gigante un hombre del FMI que llegó de Washington para revisar el escenario local, dos personas más que le responden al venezolano Luis Cubeddu (un histórico de la misión local del FMI) y el encargado de la oficina en Argentina, el costarricense Max Alberto Alier Montealegre.

Los empresarios que charlaron con ellos, vieron a los dirigentes del FMI, por primera vez, muy metidos en la campaña y con escasas críticas al desarrollo de la política económica. “No nos preocupa la suba del dólar, el gobierno no parece querer subirlo mucho”, aseguraron mientras muchos de ellos, paradójicamente, admitían que preferían a Egipto por sobre la selección del país en el que miraban el juego. Los que sí estaban consustanciados con el escuadrón de Scaloni eran los de la custodia oficial. Los enviados del FMI andan por el país acompañados por oficiales de la Policía Federal. Tienen, explican, rango diplomático los hombres del organismo. El edificio frente a Plaza Lavalle que alberga las oficinas centrales también está custodiado por fuerzas federales.

Alguno de sus interlocutores intentó consultar al FMI sobre la situación de la economía real, pero eran un frontón: “empieza a una curva de rebote de la actividad, pero lento y pausado”, explicaron, casi como calcando las palabras del ministro de Economía, Luis Caputo. O será al revés. Las dos opciones son válidas.

Continuaron diciendo que, de todos modos, “algunas medidas de reactivación que toma Caputo, como el intento del regreso del crédito y la idea de financiar la deuda de las familias, debieron tomarse antes”. Es curioso, pero el esquema crediticio de los hogares está detonado y el FMI finge demencia y se centra en la teoría de que el orden macro ordena la micro.

La definición más fuerte, en ese marco del FMI viendo el Mundial en un puerto sojero, quizás haya sido que “necesitamos que el esquema financiero del Gobierno sea validado por la oposición. Precisamos opositores que admitan que no se puede perder el equilibrio”. Nadie se animó a preguntar bajo qué equilibrio se monta el plan económico actual, que tiene a siete de diez argentinos tambaleando, con un salario inferior al millón de pesos mientras el régimen muta en el de país primarizado, energético, agraria, pero sin desarrollo. Un modelo exportador de commodities algo punk, sin futuro claro. Habrá que darle la derecha al ex presidente de la UIA, José De Mendiguren, que desde el inicio planteó que el dilema era si Argentina será Nigeria o Noruega. El calor abrazador se empieza a sentir.

Dos semanas atrás, el mismo equipo del FMI se reunió con la mesa ampliada de la Cámara Argentina de Comercio (CAC) en el edificio que la entidad tiene justo frente a la Casa Rosada. Natalio Mario Grinman, su presidente, es un alfil de Milei en el establishment e introdujo el encuentro con palabras de elogio al modelo, aún en el quiebre histórico que enfrenta la actividad mercantil por la caída de los salarios y la precarización del trabajo. En una mesa cuadrada muy grande, uno de los ceos del comercio preguntó si el FMI estaba seguro que el gobierno iba a poder sostener dólar y ajuste. “Toto es un bróker financiero, puede haber sorpresas, pero confiamos”, soltó el directivo del organismo y generó risas muy sostenidas. El FMI cree eso de Caputo desde los años del macrismo en el poder. Pero hoy lo ve menos inestable, con más respaldo del presidente para congelar el dólar, con el consecuente destrozo de la actividad. En ese mitin, los enviados de Georgieva casi que garantizaron que ellos harán lo que sea para sostener a Milei. El dato no es menor: es lo que hasta ahora lo viene apuntalando al presidente, sin sobresaltos cambiarios. No es tanto que la estabilidad cambiaria gane elecciones, sino que sienta las bases para una calma que saca al billete verde de las páginas de los diarios. No es poco.

En esa mesa con los ceos de la CAC, el FMI admitió, también, que si Milei no se sostiene como candidato competitivo, “tiene que aparecer otro con las mismas políticas”. En ninguno de los dos encuentros antes mencionados lo dijeron de este modo, pero el FMI quiere a Milei y si no es él, cualquiera que haga lo mismo. Parece difícil, pero es claro que esa idea muestra un plan geopolítico que trasciende lo netamente económico y refiere a una alianza occidental que se empuja desde los Estados Unidos y tiene aquí una zona estratégica. A la luz de los hechos y gracias al éxito de los sistemas democráticos, esas confabulaciones las detienen las urnas. Por eso, en el Gobierno saben que el apoyo financiero puede seguir aún sin Trump pierde a fin de año, pero lo que no dicen es que el resto de la historia los tiene a la defensiva.

El día del partido Argentina-Egipto fue una jornada de reuniones. Caputo llamó de urgencia a los grandes comercios nucleados en la Asociación de Supermercados Unidos (ASU). Recibió a Coto, Carrefour, Jumbo, La Anónima y Chango Más junto a Pablo Lavigne, el encargado de Producción, una cartera que no es víctima del ajuste libertario, pero que ameritaría por el escaso sentido del “hacer” y “fabricar” que ha mostrado el Presidente en las últimas horas. Duró casi media hora el encuentro y se hizo para operar sobre la paritaria del sector, que la está negociando con el gremio de Armando Cavalieri el propio titular de la CAC. Ni las empresas ni Caputo quieren firmar más de 2 por ciento, que es lo que se está pulseando hoy. Para los super, el salario es el 70 por ciento del costo operativo y las ventas caen hasta 6 por ciento interanual. Las vueltas de la vida, no pueden pagar aumentos porque el modelo destruye el consumo. “Ya se va a acomodar”, suele decirles “Toto”, como si se tratara de un pase de magia. Los dólares y el aval del FMI están y el organismo se puso la campaña al hombro, pero los problemas de la gente no se solucionan con ese respaldo.

Por Leandro Renou / P12
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