Dólar cómodo para importar

Economía29/11/2025
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“Las decisiones de inversión parecen depender cada vez más de un tipo de cambio atractivo para la importación”, describe el último informe de la consultora de Orlando Ferreres sobre la evolución de la inversión en maquinarias y equipos y construcción. Es decir, la inversión que mueve el amperímetro para el desarrollo de la economía. La conclusión del economista es que los empresarios están respondiendo al mensaje del Gobierno de mejor dedicarse a importar antes que hundir capital para producir en el país.

Luis Caputo lo dejó claro esta semana cuando ratificó que está cómodo con el dólar a este nivel, entre las bandas de flotación, como si las empresas no se estuvieran cayendo como fichas de dominó. La semana pasada el secretario de Producción, Pablo Lavigne, dijo que “la mejor política industrial es la que no existe”.

El plan del dólar barato y la sustitución de producción local por bienes importados castiga a la producción y repercute en el empleo. Se pierden puestos de trabajo, los salarios se atrasan, el consumo baja.

Ferreres lo señala en su informe: "Factores como el consumo interno no están traccionando la formación de capital, que se aprecia frágil”. Por eso no levanta la inversión. La demanda está planchada y la enorme mayoría de las fábricas trabaja muy por debajo de su capacidad de producción.

La traducción de esos conceptos en ejemplos concretos son el cierre de Whirlpool y los despidos en Corven, Newsan y en la fábrica de ollas Essen, un total de 650 empleos menos, como novedades más resonantes de los últimos días, dentro de un listado aterrador de empresas grandes, medianas y pequeñas que cierran o echan trabajadores todos los días.

No son casos aislados o situaciones particulares de empresarios que hicieron las cosas mal, que eran ineficientes. Son las señales que envía el Gobierno para orientar al capital. Lo que explica Ferreres es que el mensaje de Milei y Caputo es aprovechar el tipo de cambio barato para correrse de la producción y dedicarse a importar, y que eso es lo que se observa como tendencia en la inversión privada.

Ni de acá ni de afuera

El resultado es que la inversión productiva pierde impulso. “Muestra signos de moderación”, advierte Ferreres. “La inversión en maquinaria y equipos nacionales aceleró su contracción en el décimo mes, y el avance solo se ve en la importación. La construcción volvió a anotar una cifra positiva luego de tres meses consecutivos en terreno negativo, pero se mantiene en un nivel bajo al comparar con la media de los últimos años”, precisa. En octubre, desde niveles mínimos históricos, hubo una mejora en la inversión del 5,1 por ciento interanual, con un alza en la importación de maquinarias del 17,6 por ciento y una caída en máquinas nacionales del 3,6.

La inversión con Milei estuvo siempre por debajo de los niveles alcanzados en los gobiernos de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, que supuestamente encarnan el riesgo kuka. En el segundo trimestre de este año, la inversión representó el 18,26 por ciento del PIB, algo más que el record negativo de 15,40 por ciento del segundo trimestre de 2024. Pero lejos del 21,11 por ciento con Alberto Fernández y el máximo de 23,11 con CFK.

El panorama es incluso peor cuando se analiza la inversión extranjera. El relato del Gobierno es que busca generar las condiciones macroeconómicas para captar inversiones internacionales, que su obsesión es atraer capital. Por eso impulsó regímenes como el RIGI, con concesiones extraordinarias en materia impositiva, cambiaria y de comercio exterior.

Sin embargo, la realidad es que durante el actual gobierno se anotan los peores registros históricos en cuanto a inversión extranjera directa. En lugar de ingresar capital, el balance arroja que las empresas extranjeras sacaron divisas del país.

“El rojo actual representa un hecho extraordinario para la economía nacional. La serie mensual de la Inversión Extranjera Directa (IED) que registra el Banco Central desde enero de 2003 contiene solo cinco meses de déficit, todos fueron bajo la presidencia de Milei y se acrecentaron en 2025″, marca Mariano Kestelboim. En nueve meses de 2025 hubo un déficit de 1627 millones de dólares en la IED. En el mismo período en 2023, último año de Alberto Fernández como presidente, se consiguió un superávit de 875 millones.

Kestelboim, economista y consultor industrial, menciona los casos de grandes transnacionales que decidieron irse de Argentina desde el año pasado: Carrefour, Makro, HSBC, Telefónica, Petronas, Mercedes Benz, Nissan, Paramount, Profertil, Procter & Gamble (P&G) y Xerox.

En ese contexto, sorprende que el ministro de Economía se presente ante la opinión pública canchero y sobrador, como si no pasara nada, fingiendo demencia, como si el plan estuviera saliendo perfecto. En su gestión, el promedio de cierre de empresas es de casi 30 por día.

Primarizados y empobrecidos

La política económica atenta contra la producción, la inversión y el empleo. Promueve un modelo de exportaciones primarias de los sectores agropecuario, de hidrocarburos, energía, minería y no mucho más, que en el mejor de los casos podría consolidar un escenario de estabilidad cambiaria y de precios, pero con un ejército creciente de excluidos.

“El Gobierno nos está llevando a ser una economía más parecida a la de otros países de América del Sur, como Perú, Chile, Ecuador o Colombia, que tienen una estructura productiva en la cual el sector primario tiene una participación preponderante”, compara Kestelboim.

“En la teoría económica, las economías menos desarrolladas, más pobres y desiguales, son las que dependen principalmente del sector primario, porque el entramado productivo no genera suficiente empleo de calidad. En cambio, en las que tienen más desarrollo en los sectores secundario y terciario, en la industria y los servicios, son las que consiguen mayores estándares de calidad de vida", explica.

Por ejemplo, menciona, no es lo mismo ser un trabajador del sector autopartista, hiper calificado, o metalmecánico o farmacéutico, que son empleados muy capacitados y por eso hay que remunerarlos mejor y darles mejores condiciones de trabajo, que alguien que hace delivery o maneja un auto por aplicación.

Guido Zack, director del área de economía de Fundar, remarca que "cuando cierra una planta industrial los más afectados son los trabajadores".

“Aun si esto sale bien en términos macro, en términos productivos se prenden muchas señales de alarma. Sobre todo por lo que escuchamos la semana pasada de Pablo Lavigne, que la mejor política industrial que podemos tener es la que no existe", reprocha Zack.

“Todos los países tienen política industrial. El Gobierno tiene razón cuando dice que con una macro desordenada no se puede, pero se equivoca si cree que con eso alcanza”, concluye el economista.
 

Por David Cufré / P12

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