Lobby israelí, el gran poder que domina a Trump y a Milei

Actualidad - Nacional16/09/2026

Donald Trump está mucho más cerca de las elecciones que del inicio de la guerra de Irán. Seis meses largos después de haber desatado el conflicto con Irán en el estrecho de Ormuz por presión de fuerzas que apoyan a Benjamín Netanyahu, Donald Trump sigue sin saber cómo salir. La ofensiva de Javier Milei contra las empresas que operan en Malvinas choca con una pared de hormigón que no logra penetrar: la trama de intereses que se mueven detrás de Navitas, la petrolera que tiene el 65% de las acciones en el proyecto para llevarse el petróleo de las islas. 

Un libro que acaba de publicarse describe el poder fenomenal que incide sobre la política de Estados Unidos desde hace casi 80 años. Escrito por el politólogo Ian Lustick y el periodista de investigación Eli Clifton, “El lobby de Israel: Estados Unidos en manos de una potencia extranjera”, ya es considerado por algunos especialistas el libro del año y analiza un tema que durante mucho tiempo fue tabú: la influencia determinante del lobby proisraelí en la política exterior y doméstica de Estados Unidos.

En una reconstrucción exhaustiva, los autores muestran la magnitud de la presión sobre la mayoría de los presidentes norteamericanos. Desde Harry Truman en 1948 hasta Trump en marzo pasado, pasando por Gerald Ford, Jimmy Carter, Bush padre, Barack Obama y Joe Biden, todos fueron gobernados por un lobby que perjudicó la política de Estados Unidos y la democracia liberal. En cada uno de esos momentos, afirman Lustick y Clifton, el lobby israelí, su enorme poder financiero, sus grandes donantes y sus aliados estadounidenses impusieron su criterio y actuaron en contra de los intereses de Estados Unidos. 

En el caso de Milei, su subordinación a Netanyahu le juega en contra en el caso Malvinas, donde el gobierno de Israel todavía no se pronunció sobre el tema ni acompaña el reclamo argentino en el comité de descolonización de la ONU. Con su rabino personal Axel Wahnish como embajador en Tel Aviv, el presidente argentino plantea su alineamiento como parte de una opción religiosa.  

La distinción fundamental que plantea el texto tiene que ver con su título: no se trata de lobby judio sino de lobby israelí. Una operación global en favor de la política del gobierno de Israel de la que no participan todos los judios y participan muchos actores no judios como los católicos sionistas. Se trata de dos autores reconocidos. Clifton es cofundador y asesor principal del Instituto Quincy; Lustick es profesor emérito de Ciencias Políticas en la Universidad de Pensilvania, especializado en relaciones árabe-israelíes y política exterior estadounidense.

El libro de Lustick y Clifton se publica casi dos décadas después de otro que es considerado un antecedente ineludible, “El lobby israelí y la política exterior de Estados Unidos”, de John J. Mearsheimer y Stephen Walt. Profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago, teórico de relaciones internacionales y con fuerte predicamento, Mearsheimer sostiene que en los últimos 20 años el lobby israelí amplio la definicion de antisemitismo en forma notable. Como consecuencia, dice, “es virtualmente imposible criticar a Israel sin quedar etiquetado como antisemita”, una operación discursiva y polítca que busca silenciar o erradicar las críticas al gobierno de Netanyahu. Mearsheimer define al lobby israelí como “el gran silenciador” y señala que esa acusación contra cualquiera que se anime a criticar la política israelí es parte de la disputa que hoy se da en torno a las cuestiones que afectan intereses estratégicos. 

Mearsheimer destaca en su análisis una paradoja que marcan Lustick y Clifton. En los últimos 20 años, el lobby israelí perdió la habilidad que tenía para controlar el discurso público en Estados Unidos y no tiene la eficacia que tuvo durante décadas para convencer a los norteamericanos, pero aumentó su control sobre la política y los gobiernos estadounidenses a través de grandes donantes reunidos en el poderosísimo Comité de Asuntos Públicos Estadounidense Israelí (AIPAC). Un apoyo incondicional frente a un consenso negativo. El abismo entre poder y sociedad no hizo más que incrementarse.

En Estados Unidos, la incidencia del lobby israelí, la guerra en Medio Oriente, el genocidio en Gaza y la trampa de la que no logra salir Trump tiene efectos a los dos lados de la polarización. A las manifestaciones multitudinarias contra el involucramiento de Estados Unidos en Medio Oriente, se suma la fractura en el bloque de aliados de Trump que se expresa en las críticas de notables de la extrema derecha como Tucker Carlson o Candace Owens, que ven al ídolo de Milei traicionar su promesa de campaña de no involucrarse en guerras ajenas. Las encuestas coinciden en mostrar que la mayoría de los estadounidenses tienen una visión negativa de Israel. Para Mearsheimer, se trata de un cambio drástico en la sociedad norteamericana porque en 2007, dice, era exactamente al revés y la mayoría veía con buenos ojos la alianza incondicional de Estados Unidos con Israel. El cambio en la opinión pública es atribuido a la incidencia de internet y las imagenes que circulan en redes sociales sobre el genocidio en Gaza. “El planeta vio el genocidio a traves de Internet”, dice.

Lo que Lustick y Clifton sostienen en el libro es que el control de Israel sobre congresistas, senadores y presidentes redunda en una política autodestructiva en varios sentidos. Es malo para Estados Unidos, es malo para Israel, es malo para los judios americanos y está socavando la democracia liberal. 

Dentro de Estados Unidos, las diferencias se profundizaron. Si hace 20 años atrás, sostiene Mearsheimer, existía una una doble lealtad que pesaba sobre muchos norteamericanos a la hora de discutir sobre Medio Oriente, hoy lo que se impone es otra identidad, la de los “Israel firsters”, estadounidenses que privilegian los intereses de Israel sobre los interese americanos. Entre ellos, se destacan grandes multimillonarios con peso decisivo en las campañas electorales.

Desde el Instituo Quincy, la entidad que cofundó Clifton, están convencidos de que el libro aparece en un momento de inflexión. Las elecciones por la alcaldía de Nueva York y las primarias para el Senado de Michigan, donde la política de Trump sufrió un duro castigo, no fueron episodios aislados. Son datos que evidencian una tendencia emergente. 

“El objetivo de este libro es informar al pueblo estadounidense de que se está enfrentando a un peligro por parte del lobby israelí en Estados Unidos que no sólo compromete los intereses estadounidenses en el extranjero, sino que amenaza las libertades estadounidenses en el propio país”, dijo Lustick en una entrevista. De acuerdo a su visión, el objetivo del lobby israelí es impedir la discusión en torno a argumentos y funciona porque condiciona a la política cualquier política razonable para encontrar acuerdos. Sin embargo, a nivel social, lo que hace 20 años ganaba adhesiones hoy genera grandes costos y puede incluso colaborar para que Trump pierda las elecciones de noviembre.  

Por Diego Genoud / El Destape

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