Entre noviembre de 2023 y junio de 2026, la estructura económica y productiva del país experimentó una fase de marcada retracción. La evolución de los indicadores industriales, comerciales y ocupacionales desde que asumió Javier Milei refleja un deterioro continuo en la sostenibilidad operativa de las empresas privadas y una consecuente disminución de los puestos de trabajo en el circuito formal del mercado laboral. Menos empleo, menos trabajo, más crisis.
En el período estudiado, se registró el cierre formal de 31.342 unidades productivas: una contracción del 6,1 por ciento sobre el total del universo, el cual se redujo de 512.357 empleadores declarados en noviembre de 2023 a 481.015 empresas en junio de 2026.
La dinámica de cesación de actividades se mantuvo sostenida a lo largo de los meses, contabilizándose la baja de 709 empleadores adicionales tan solo en el último mes analizado en este año. La pérdida de unidades económicas se trasladó directamente al volumen de ocupación registrada en el sistema de seguridad social. En forma simultánea a la desaparición de establecimientos, la suma total de trabajadores formales cubiertos por el sistema de riesgos laborales cayó en 434.126 puestos.
La masa ocupacional formal disminuyó 4,4 por ciento, pasando de 9.857.173 empleos registrados al inicio del período evaluado a 9.423.047 puestos en junio de 2026. Al igual que en la serie empresarial, el sexto mes del año mostró una contracción mensual de 22.513 empleos formales menos respecto a mayo.
De acuerdo con Battista, en el último año se perdieron 11000 empleos por mes. Desde que gobierna Milei, “la industria perdió 88.496 puestos (-7,4 por ciento). Lleva 20 meses seguidos de caída y está en su nivel más bajo desde 2021. La construcción perdió 62.700. Entre industria y construcción explican el 61 por ciento de la pérdida total. De las 14 actividades económicas, 11 destruyeron empleos”, detalló Battista en X.
La correlación cuantitativa entre la desaparición de empleadores y la pérdida de asalariados revela una reestructuración forzada del tejido económico. De este modo, no solo se registra la quiebra o baja definitiva de razón social por parte de pequeñas unidades de entre uno y diez empleados, sino también procesos de reducción de plantilla y achicamiento de personal en medianas y grandes firmas de los rubros manufacturero, comercial y de servicios de la construcción.
Las cifras de cierres de empresas y destrucción de empleos formales consolidan un escenario de tensión para la actividad económica nacional, en el cual la recesión del mercado interno y los ajustes de costos continúan condicionando la viabilidad de miles de empleadores y trabajadores en todo el territorio: 22 de las 24 provincias vieron mermar las fuentes laborales.




























