Pragmatismo y profecía

Actualidad 11 de junio de 2024
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En la política siempre se da una tensión entre el entusiasmo ideológico y el pragmatismo. Si el gobierno de Milei no logra que lleguen pronto nuevas inversiones, extranjeras y de los argentinos que tienen sus capitales en el exterior, sus esfuerzos por construir una economía próspera entrarán en crisis.

Sus declaraciones y actitudes pueden endurecer el apoyo de sus seguidores más decididos, pero impactar mal en los empresarios, una minoría que se divierte con su espectáculo, pero es celosa si debe arriesgar su dinero en un país inseguro. 

El apoyo de la gente que se mide con las encuestas es volátil. Casi todos los mandatarios elegidos después de la pandemia, con la excepción de Andrés Manuel López Obrador, disfrutaron de un año inicial con apoyo mayoritario, que después se desplomó, porque las preferencias políticas de los ciudadanos se relacionan con el like en las redes y no con una doctrina. Se desmorona si no existe una estrategia de comunicación en la que se profundicen las imágenes que conectan al presidente con la gente común. Tiene que ver con el pensamiento rápido de Kahneman.

La actitud de los empresarios es más cauta y tiene un norte: invierten en donde hay reglas del juego claras, un ambiente político y social que dé garantías de que durarán, y un gobierno previsible. El empresario puede tener simpatías políticas, pero ante todo es empresario, si no busca el éxito de sus negocios, deja de serlo.

La política internacional de Milei ha estado más orientada por sus percepciones ideológicas, que por un plan que priorice las relaciones con los países que le conviene para conseguir sus metas económicas.

En una época en la que ha perdido sentido el discurso y prima la comunicación de las imágenes, uno de los aliados escogidos por Milei ha sido Donald Trump. El polémico político norteamericano tiene posibilidades de ganar las elecciones de su país, pero nada está asegurado. Las encuestas dicen que hay una paridad entre quienes lo apoyan y los que prefieren la reelección de Biden, pero este dato no es tan importante en un país que escoge a su mandatario con una compleja red de elecciones estatales. En más de un caso, incluida la primera elección de Trump, triunfa quien tiene más electores y no el que consigue más votos.

Como están las cosas, es difícil saber quién ganará en noviembre. Si es Biden, la declarada simpatía de Milei por Trump tendrá costos. Pero si gana Trump, las cosas irán peor. Él y Milei se identifican por su estilo disruptivo y por la violencia de su discurso, pero cuando Trump dice que pretende “hacer una América mas grande otra vez”, habla solo de Estados Unidos. En su lenguaje, los países latinoamericanos no somos americanos. Es un político proteccionista que quiere encerrar a su país sobre sí mismo, obligar a las empresas norteamericanas a que dejen de invertir en otros países y que vuelvan a dar trabajo a los “americanos”. Un gobierno de Trump no promoverá la inversión en países extranjeros, tampoco en la Argentina. Milei y Trump convergen en el espectáculo, en las selfies, no en lo que necesita el proyecto de Milei: promover inversión en Argentina.

Otro tanto ocurre con el entusiasmo de Milei con Nayib Bukele, presidente de El Salvador, a cuya posesión viajó hace poco. El Salvador es el país más pequeño del continente, no se puede esperar que llegue una ola de inversionistas salvadoreños a revitalizar la economía argentina. Nuevamente, las imágenes y el espectáculo proyectan el encuentro entre dos presidentes que tienen poco en común. Bukele es hijo de Armando Bukele Kattán, importante empresario descendiente de cristianos palestinos que se convirtió al islam, actual Imán y líder de la comunidad árabe el Salvador, con viejas relaciones con el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. Nahib fue candidato a alcalde por el FML y alcalde de Cusclatán en 2012 y de la ciudad de San Salvador en 2015. Elegido presidente en 2019, fue reelegido en 2024 con una abrumadora mayoría. En 2020 acudió a la Asamblea legislativa, rodeado de un contingente de soldados para dar un semigolpe de Estado, aunque no tenía ni un legislador de su tendencia. Ojalá esto no sirva de ejemplo para sus admiradores.

Sus relaciones con Estados Unidos han sido malas. En 2021 viajó a Washington para reunirse con el presidente Biden, que se negó a recibirlo. Tiene una buena relación con China, cuyo presidente Xi Jinping lo recibió con honores. El gobierno asiático financió el proyecto de “surf City” en La Libertad, para fomentar el turismo, y la construcción de la Biblioteca Nacional de El Salvador con 54 millones de dólares. Una suma importante para un país pequeño.

Milei viajó a la posesión de Bukele mientras Argentina se incendiaba por distintas causas. Tuvo que escuchar el discurso estatista de Bukele, que propone crear una nueva democracia de partido único, como la de los países del socialismo real. Nuevamente, lo que priman son las formas. Bukele es un líder estrafalario, que no respeta los derechos humanos y se viste de virrey para la posesión. Ambos manejan la comunicación del espectáculo político, pero piensan de manera totalmente diferente. ¿Cuántas inversiones llegarán a la Argentina impulsadas por Bukele?

La comunicación disruptiva tuvo otro capítulo: Milei se reunió con varios de los grandes empresarios de Silicon Valley, porque quiere crear un polo de desarrollo tecnológico de inteligencia artificial (IA) en Argentina. El propósito es interesante, está en línea con lo que hemos reclamado en esta columna desde hace una década, pero tiene también dificultades.

Silicon Valley es la meca de lo que Milei llama comunismo. Con Shenzhen en China, es uno de los sitios en que más se desarrolla la inteligencia artificial, dentro del ecosistema de la enorme revolución tecnológica a la que nos referimos en otro artículo de la semana pasada. Es una pieza más del rompecabezas armado por las universidades y empresas privadas asentadas en California, que abarca casi todos los aspectos de la vida, la ciencia y la técnica contemporáneas. Constituye la muestra más importante de la eficiencia del liberalismo en la historia.

El terraplanismo y otras ideas mantenidas por algunos colaboradores de Milei serían vistas como desvaríos sin fundamento en ese ambiente. El tema de las conversaciones es la aparición de varios eventos registrados por el observatorio James Webb, que parecerían ser anteriores a los 13.800 millones que tiene este universo. Alguien que quiera defender discutir si la Tierra es plana provocaría una carcajada general. Lo mismo ocurriría con las ideas acerca del sexo y la familia del director de la fundación que reparte leche del Estado o del secretario de Cultos de la Nación. California, desde la revolución hippie, ha sido el epicentro de las ideas “liberals” de los Estados Unidos. Los líderes de la revolución tecnológica coinciden con Milei en que el Estado debe ser reducido, pero desde la izquierda.

Elon Musk recomendó hace meses invertir en Argentina, pero ningún empresario importante, incluido él mismo, hizo algo. Una cosa es tomarse selfies divertidas con un personaje original y otra arriesgar su capital en un país que no luce seguro.

El enfrentamiento con gobernantes de “izquierda” de países importantes son otro tiro en el pie del Gobierno, al que le dificulta conseguir sus metas. Milei se ha peleado frontalmente con México, el país hispanoparlante más grande del mundo. Su población, sumada a los 20 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos, es superior a totalidad de habitantes de los tres países hispanos que le siguen, Colombia, España y Argentina. La economía de la ciudad de México es más importante que la de El Salvador.

El enfrentamiento con España es letal. Es uno de los países con más inversiones en Argentina, aloja una de las colonias argentinas más grandes en el extranjero, hay más españoles en Argentina que en cualquier otro sitio. Detalle importante: es un país de la Unión Europea y miembro del Club de París que, si Argentina paga el swap con China, podría cobrar la deuda argentina, haciendo colapsar al Gobierno.

¿Qué sentido tiene enemistarse con otros países importantes para Argentina como China y Brasil? ¿Por qué las agrias relaciones con Colombia y Chile? Desde la profecía se puede decir que es parte de un discurso-denuncia a los comunistas. Pero esto también es falso. El comunismo murió en 1990, subsiste solo en un escombro pobre del Caribe. Los demás adversarios son gobiernos capitalistas, la mayoría de ellos elegidos por el pueblo.

El estilo de Milei es atractivo para una capa de la población del mundo, que está cansada del sistema, de los partidos y los políticos tradicionales que no son capaces de producir likes en la red. También para élites progresistas contestatarias como la de Silicon Valley y otros líderes alternativos.

Pero si creemos que para que funcione el gobierno de Milei es indispensable que lleguen nuevas inversiones, es difícil que lo hagan con este nivel de ineficiencia. El entusiasmo por cambiar el mundo en un mes, con un decreto urgente que transformaba todo el aparato jurídico del país, provocó que en seis meses no se haya aprobado ni una sola ley y ahora el Gobierno luche porque se apruebe un retazo del texto original. Se volvió gradualista en esto y también en la actualización de las tarifas que iba a decretarse en la primera semana.

Hay cambios permanentes de ministros. El Presidente anuncia que es un topo infiltrado en el Estado para destruirlo, que lo que resuelva el Congreso le importa “tres carajos”, no lo va a respetar. Los conflictos estallan por todos lados, nada es previsible. En este ambiente, ¿habrá quien quiera invertir o repatriar sus capitales al país?

Ha llegado el momento en el que la profecía debe dejar un espacio a la realidad, a la gente, a sus necesidades y sentimientos. Hay que parar el torbellino y perder el tiempo pensando un poco. Si no, puede fracasar este experimento impactando en otras posibilidades de cambio en América Latina.

 

Por Duran Barba * Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino. / Perfil

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