La IA y su adopción corporativa

Recursos Humanos 23 de mayo de 2024
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Mi columna en Invertia de esta semana se titula «Inteligencia artificial: ¿hacerla o comprarla», y es un intento de aplicar la perenne decisión de si hacer algo o adquirirlo ya hecho a la adopción corporativa de la inteligencia artificial.

Es evidente que estamos en plena fase exponencial en cuanto a la adopción de la inteligencia artificial en los entornos corporativos: tras una primera fase de pruebas con una adherencia brutal derivada de la puesta en circulación de diversos algoritmos por parte de algunas compañías tecnológicas (en este orden, Dall·E, Midjourney, Stable Diffusion, ChatGPT, Perplexity, Claude, Gemini, etc.), la adopción corporativa se plantea al comprobar la ganancia significativa en productividad derivada de determinadas tareas generalmente administrativas (escribir una carta, utilizar imágenes, crear una hoja de cálculo o una presentación, etc.), y se extiende al comenzar a plantear otro tipo de tareas más estratégicas o de más relevancia en el proceso productivo de la compañía.

A partir de ahí, surge una primera precaución: los modelos abiertos – la gran mayoría – son muy poco seguros a la hora de introducir en ellos información corporativa, dado que son susceptibles de utilizarla posteriormente en respuestas a otros usuarios. Eso provoca que algunas compañías restrinjan o incluso prohoban el uso de este tipo de algoritmos generativos a sus empleados, una medida muy poco recomendable de cara a mantener una cultura de innovación como tal. Sin embargo, existen otras opciones, como llevar a cabo instalaciones cerradas de esos algoritmos, u optar por los de compañías que mantienen esos entornos seguros para un uso corporativo, como hace Microsoft – lógicamente, dada su fuerte experiencia en el mercado empresarial – con su Copilot.

El mercado de «AI in a box» comienza a desarrollarse rápidamente, con compañías chinas como Huawei y algunas otras especializándose en él para tratar de ocupar entornos como el de las empresas pequeñas y medianas con modelos más pequeños, y surgen cada vez más preguntas sobre el tipo de adopción que las compañías deben plantearse, hasta el punto de, en algunas empresas grandes, aparecer una nueva figura en la llamada C-suite: el CAIO, o Chief AI Officer.

¿Hacia que panorama nos dirigimos? Mi impresión, que parte de la experiencia de alguien que lleva desde 2012 implicado en el desarrollo de una compañía de machine learning, es que la clave está precisamente en ese tipo de algoritmos: los que una compañía desarrolla a partir de sus propios datos y de herramientas sencillas, para las que no es preciso programar desde cero, sino que basta con proyectos en modo quick win que permiten llevar a cabo automatizaciones avanzadas que, hasta el momento, no se planteaban.

A partir de ahí, se puede ir creando una cultura de adopción en la compañía, en la que en numerosas ocasiones se compaginarán e integrarán algoritmos desarrollados internamente con otros desarrollados por empresas tecnológicas. A nadie en su sano juicio, por ejemplo, se le ocurre tratar de diseñar internamente un algoritmo capaz de hablar como ChatGPT: los datos necesarios para el entrenamiento son demasiado extensos e inabarcables, y sobre todo, sería un caso de libro de «reinvención de la rueda». Pero también es igualmente evidente que a la hora de desarrollar un algoritmo para, por ejemplo, calcular riesgos en pólizas de seguros, la que mejores datos, mayor nivel de experiencia y mejores posibilidades tiene es una compañía de seguros, no una tecnológica, por sofisticada que sea. Y lo mismo ocurre con infinidad de industrias y de procesos: los datos están dentro de las compañías, y pueden ser enormemente ricos y muy utilizables para entrenar modelos.

¿Significará esto un proceso de adopción rápido? No necesariamente. Pero sí tengo claro, como lo tuve con internet en su momento, que en pocos años, las compañías de cada industria que habrán sobrevivido serán precisamente las que hayan pasado por él y se hayan convertido en más eficientes que las que ni siquiera se lo plantearon, o que las que se quedaron en la mera automatización de determinadas tareas administrativas.

A partir de ahí, que cada CEO, CTO y hasta CAIO si lo hay, se plantee lo que buenamente quiera. Que no digan que no estaban avisados. Yo no puedo decir que lo tenga claro (soy un académico, y además, cada empresa es un mundo) pero al menos, sí sabría dónde mirar y por dónde empezar…

Nota:enriquedans.com

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