Banalizar la locura

Actualidad 23 de mayo de 2024
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Un extraordinario artículo de la prosecretaria del diario La Nación Gail Scriven titulado Trump, los medios y la “banalidad de la locura” conmovió este viernes al ambiente periodístico argentino. Hace meses que Gustavo González viene alertándonos en sus columnas sobre lo peligroso que resulta reflejar lo que sucede alrededor de la presidencia de Javier Milei como si se tratara de algo normal. Y Gail Scriven cita a la periodista de The New Yorker Susan Glasser utilizando la misma palabra: “las pequeñas dosis de locura pueden ser descartadas como ruido de fondo” alegando “así es Trump, una peligrosa normalización”. También en Argentina se minimizan las “pequeñas dosis de locura”, diciendo “Javier es así, ¿viste?”

Gail Scriven menciona  a la revista Time del 30 de abril refiriéndose a lo que traduce como “hartazgo ante los escándalos” (outrage fatigue), lo que siempre sucede con todo aquello que se repite hasta el aburrimiento y deja de sorprender porque se naturaliza. La tapa de la revista Time que ilustra el artículo de La Nación lleva en esencia el mismo título de la tapa de la revista Noticias de agosto de 2023: “¿Y si gana?”. El espejo de Milei en Trump y viceversa termina siendo inevitable, al punto de que dos publicaciones coincidieran hasta con el mismo título en el mismo período previo a cada una de sus elecciones.

“La prensa ha sucumbido al efecto adormecedor de la ‘banalidad de la locura’”, dice Klass 

 
Pero la referencia más interesante del artículo de Gail Scriven es al ensayo del profesor de London’s Global Univertity (elegida la universidad del año en 2024). Brian Klass, un politicólogo norteamericano autor de tres libros: El cómplice del déspota, El aprendiz del déspota, y Cómo manipular una elección. El ensayo de Brian Klass fue titulado: “Los argumentos a favor de amplificar la locura de Trump” y allí se acuñó la frase: “la banalización de la locura” para describir el efecto del acostumbramiento a la mala praxis política de Donald Trump. 

Aquí se adjunta la traducción del artículo de Brian Klass, donde se hace una crítica al periodismo norteamericano por haberse adaptado y perder sensibilidad frente a las “trastornadas incitaciones a la violencia”.

“La prensa ha sucumbido al efecto adormecedor de la ‘banalidad de la locura’ dice Brian Klass, para quien la repetición de los stand ups de Trump hacen que dejen de ser noticia. Y lo explica así: “Según el viejo refrán, en los periódicos no habría ningún titular que diga: “Un perro muerde a un hombre”, pero sí  lo habría: “Un hombre muerde a un perro”. La idea es que la prensa cubra lo inusual en lugar de lo rutinario, incluso si la historia rutinaria es más importante que la inusual.”

Otra crítica de Brian Klass a la prensa de su país reside en el doble estándar por aplicar “las reglas de la política a todos los demás y a Trump, las de un comediante”. Pone como ejemplo, que el más mínimo traspié de Joe Biden es informado con gran difusión, mientras los gritos de Trump terminaron ensordeciendo los oídos de los periodistas. “Los escándalos de Trump se han vuelto, como era de esperar, banales. Y los periodistas estadounidenses se han convertido en perros que observan un lanzador de pelotas de tenis. Cada vez que comienzan a perseguir una bola, inmediatamente aparece una nueva, lo que provoca una nueva persecución. Con el tiempo, perseguir pelotas de tenis se vuelve obsoleto.”

Que en Argentina el artículo de Gail Escriven haya generado tanta atención, en parte es por la gran audiencia que ha ido conquistando La Nación y también por la paradoja de que la misma crítica que Brian Klass hace al periodismo y los medios norteamericanos es trasladable a los propios de Argentina.

Es comprensible el cuidado y respeto del periodismo, tanto en Estados Unidos a los millones de norteamericanos que votaron y votarán por Trump el 5 de noviembre próximo, como en nuestro país a los millones de argentinos que votaron en noviembre pasado y confían en las políticas de Javier Milei. Lo que Brian Klass reclama a los medios de comunicación es que le brinden toda la información que también pueda contradecir el sesgo de preferencia de la audiencia, para que nadie pueda desconocer qué es lo que está votando o apoya.

“Si alguien quiere votar por un autoritario sociópata cruel, debería hacerlo sin poder fingir que no sabe lo que apoya –sostiene Brian Klass–, sería mejor si los votantes no pudieran alegar ignorancia de la inquietante crueldad de Trump. La mayoría de los votantes no piensan en política en su vida diaria. Sólo las grandes historias que aparecen en los titulares destacan. Y esos cientos de millones de estadounidenses no tienen ni idea de que Trump quiere matar a los ladrones, o piensan que es gracioso que un hombre inocente, casi muera después de ser golpeado en la cabeza con un martillo. En cambio, muchos piensan que Trump es un tipo rudo, pero no alguien que sea activamente peligroso. Tal vez, sólo tal vez, sería mejor para todos nosotros si conocieran la otra retórica demencial y peligrosa que escupe a diario. Tal vez sería mejor si los votantes no pudieran alegar ignorancia de la inquietante crueldad de Trump.”

La crítica que hace Klass a los medios de EE.UU. es trasladable a los de la Argentina

Paralelamente en el artículo de la revista Time de hace dos semanas que tituló: “Si él gana” se sostiene que “la opinión pública también sería un poderoso control. En medio de una protesta popular, Trump se vio obligado a reducir algunas de sus iniciativas más draconianas de su primer mandato, incluida la política de separar a las familias inmigrantes. Como escribió George Orwell en 1945, la capacidad de los gobiernos para llevar a cabo sus diseños “depende del humor general del país.”

El ensayo de Brian Klass, termina interpelándonos a todos: “Espero que otros en la prensa escuchen: Bombardeados por una corriente constante de extremismo autoritario trastornado por parte de un hombre que pronto podría regresar a la presidencia, hemos perdido todo sentido de escala y perspectiva. Pero ni la prensa estadounidense ni el público pueden darse el lujo de dejarse adormecer.”

Por Jorge Fontevecchia / Perfil

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