


Humillar y saquear: Trump quiere una colonia petrolera en Venezuela y una región sometida
Actualidad - Internacional04/01/2026




Ningún analista serio puede defender la legalidad de una operación militar clandestina de un gobierno extranjero en plena madrugada para secuestrar a un presidente y su esposa y llevarlos por la fuerza a su propio territorio para ser juzgados en sus cortes. El gobierno de Estados Unidos reconoció -no, celebró- la violación de la soberanía territorial venezolana, una ola de ataques contra las autoridades de ese país sudamericano y publicó una foto de Nicolás Maduro esposado y con los ojos tapados en un portaviones norteamericano en camino a Nueva York, donde está imputado por cargos de narcotráfico. No hubo una declaración de guerra del Congreso estadounidense ni un pedido a la ONU para activar el principio de responsabilidad para proteger a la población civil. Porque Donald Trump no buscó abrir una transición democrática ni golpear al poder narco que sigue intacto en Venezuela, el presidente estadounidense hizo una demostración -grosera y hasta anacrónica- de poder.
Secuestrar a Maduro para frenar el narcotráfico
El gobierno estadounidense repite una y otra vez dos argumentos (que en Argentina Milei y los suyos reproducen sin cambiar ni una coma): Maduro era un jefe narcoterrorista y un dictador. Combinaron el manual de la lucha contra el narcotráfico que sostuvo la invasión de Panamá a finales de los 80s y el de la guerra contra el terrorismo de George W. Bush. Esta vez Estados Unidos no fue golpeado por un atentado como el de septiembre de 2001, sino que millones de estadounidenses fueron víctimas directas o indirectas de la crisis sanitaria provocada por la circulación masiva de fentanilo y otros opioides. Esta crisis fue provocada en gran parte por medicamentos legalizados por la FDA -la Amnat norteamericana- pero la Casa Blanca logró cambiar la narrativa y concentrarse solo en el narcotráfico.
Según el relato de Trump, las fuerzas armadas de Estados Unidos atacaron Venezuela y secuestraron a Maduro porque es el líder de un cartel de drogas, el Cartel de los Soles, del que en realidad no se tiene mucha evidencia de que exista. De hecho, se trata de un nombre que hace años se usa en ese país para denominar a los militares infiltrados por organizaciones narcos, no a una organización real en particular. Según el presidente estadounidense, el objetivo es frenar la llegada de fentanilo a suelo estadounidense, pese a que los analistas que estudian las rutas del narco en esa región coinciden que Venezuela no produce fentanilo y Trump lo sabe. En varias ocasiones, cuando lanzó su fallida guerra comercial contra China, acusó al gigante asiático de ser el principal productor de esta droga.
Además, la credibilidad de Trump y su lucha contra el narcotráfico en la región quedó seriamente dañada -incluso entre sus simpatizantes y muchos de los que apoyan el derrocamiento del chavismo en Venezuela- por su decisión de indultar hace poco más de un mes al ex presidente de Honduras y hombre clave de la derecha de ese país Juan Orlando Hernández, quien cumplía una condena en Estados Unidos por ayudar a ingresar al territorio más de 400 toneladas de cocaína, en una operación probada por la propia DEA. El indulto coincidió con el fin de un gobierno progresista crítico de la Casa Blanca y una elección presidencial extremadamente disputada que, según el poder electoral, terminó ganando el aliado de la Casa Blanca y de Hernández.
Secuestrar a Maduro para garantizar la democracia en Venezuela
Entonces, si el secuestro de Maduro no busca frenar el ingreso de drogas a Estados Unidos, queda el argumento democrático. Estados Unidos, bajo el gobierno anterior de Joe Biden, no reconoció la última victoria electoral del chavismo, como gran parte de la región. Hasta el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el colombiano Gustavo Petro le reclamaron al chavismo que mostrara las actas de votación, que hasta hoy nunca fueron publicadas por las autoridades electorales. Desde entonces, Washington considera al principal candidato opositor Edmundo González y principalmente al verdadero poder detrás de él, la dirigente y última premio Nobel de la Paz María Corina Machado, como las autoridades electas del país sudamericano.
Sin embargo, el apoyo se cortó sorpresivamente este sábado cuando en la conferencia de prensa en su resort de Florida Trump dejó en claro que no tiene intención de sentarla en el Palacio de Miraflores, la sede de Gobierno en Caracas, al menos por ahora. “No tiene el apoyo suficiente dentro del país, no genera el respeto suficiente dentro del país”, sostuvo apenas unos minutos después de que Machado publicara un entusiasta comunicado en el que celebraba el secuestro de Maduro y levantaba la mano para tomar la posta: "Hoy estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder. Permanezcamos vigilantes, activos y organizados hasta que se concrete la transición democrática. Una transición que nos necesita a TODOS."

El discurso estadounidense que describe al chavismo actual como una dictadura también pareció desinflarse cuando Trump contó que está dialogando con la número dos del gobierno venezolano. Primero dijo que su gobierno va a "controlar Venezuela hasta que haya una transición justa, segura y ordenada", pero no presentó una hoja de ruta ni dijo cuándo le entregará el poder a los venezolanos para que decidan su futuro. Luego, cuando le preguntaron cómo lo hará, explicó que ya están dialogando con la vice de Maduro, Delcy Rodríguez, y no descartó una cooperación. "Acaba de asumir el cargo. Ella fue designada por Maduro. (el secretario de Estado) Marco (Rubio) está trabajando sobre eso. Recién tuvo una conversación con ella y básicamente ella dijo que está dispuesta a hacer lo que sea necesario para Hacer Grande a Venezuela de Nuevo", en referencia al slogan que Trump instaló para su gobierno y el de sus aliados, como Milei.
Poco después, Delcy Rodríguez se mostró junto al gabinete para despejar los rumores que la ubicaban refugiada en Moscú e intentó despegarse de las declaraciones de Trump. Ratificó su lealtad hacia Maduro -"Es el único presidente"- y prometió "defender a Venezuela, para defender nuestros recursos naturales”.
Secuestrar a Maduro para garantizarse el petróleo
Trump no habló de cuándo o cómo sería "la transición justa, segura y ordenada", pero sí se explayó sobre qué hará mientras, según afirmó, su gobierno administre Venezuela. “El negocio del petróleo era un desastre, no extraía nada para lo que podían extraer. Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, intervengan, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera, que está gravemente dañada, y empiecen a generar ganancias para el país”, sostuvo, ya describiendo una Venezuela post Maduro y, quizás, post chavismo.
"Vamos a vender grandes cantidades de petróleo a otros países, muchos de los cuales ya lo están usando ahora, pero me animo a decir que se sumarán muchos otros", agregó.
Atento a que 2026 es un año electoral en Estados Unidos y que, a diferencia de su primer mandato, su talón de Aquiles actual es la economía, según lo demostraron los últimos comicios locales, Trump aclaró que gobernar Venezuela, un país con serios problemas económicos y sociales hace años, "no le costará nada" a los estadounidenses. "Nos van a reembolsar todo lo que gastemos", aseguró luego de asegurar que "el dinero que sale del territorio (venezolano) es muy importante".
En 2002, cuando funcionarios del gobierno de Bush y dirigentes republicanos defendían la "necesidad" de invadir Irak para frenar el terrorismo, uno de los principales argumentos era que esa guerra no será una ancla económica, dado que el país ya estaba inmerso en otro complejo conflicto armado, Afganistán. "Los probables efectos económicos serían relativamente chicos. Bajo cualquier posible escenario, el efecto negativo será muy pequeño en relación con los beneficios económicos", prometió en aquel año uno de los asesores económicos de la Casa Blanca Lawrence Lindsey. Hoy hasta Trump reconoce que la guerra en Irak "fue un gran error" con un costo enorme para la economía estadounidense. Porque los beneficios económicos sí existieron pero se lo llevaron un puñado de empresas, casualmente muy bien vinculadas con algunos funcionarios de esa época.
Secuestrar a Maduro para mandar un mensaje a la región
El secretario de Estado Rubio, un veterano dirigente de padres cubanos que ordena su política exterior a partir de su oposición al gobierno castrista en La Habana, acompañó a Trump en la conferencia de prensa posterior a los ataques y tomó el micrófono durante unos pocos minutos. Desde que se convirtió en uno de los hombres más poderosos del Gobierno, habla poco. Pero sus palabras están siempre teledirigidas. "Trump es un presidente que cumple su palabra. Espero que los que no lo habían entendido ahora lo hagan", aseguró este sábado.
Horas antes, el presidente estadounidense había lanzando amenazas más o menos veladas a los gobiernos de México, Colombia y, por supuesto, Cuba. Sus denuncias de presuntos vínculos con el "narcoterrorismo" no son nuevas, pero este sábado ganaron otra fuerza. Si "estuviera en La Habana, estaría preocupado, aunque fuera un poco”, amenazó Rubio.
Durante su conferencia de prensa, Trump había citado la Estrategia de Seguridad Nacional, que su Gobierno publicó hace un mes y que revivió la Doctrina Monroe, es decir, la visión más colonialista de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe: "América para los americanos (que en EE.UU se traduce para los estadounidenses)".

Estados Unidos está "ratificando su poder en la región hemisférica", dijo este sábado Trump e inmediatamente dejó bien claro que acababa de activar su nueva doctrina, tal cual lo había descripto un mes atrás: “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restablecer la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental y proteger nuestro territorio nacional pero también para tener acceso a zonas geográficas clave en toda la región. Negaremos a los competidores no-hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio. Este 'Corolario Trump' de la Doctrina Monroe es la potente y lógica restauración de nuestro poder y nuestras prioridades en función de nuestros intereses de seguridad.”
En 2025, en el primer año de su segundo mandato, Trump demostró que está dispuesto a jugar fuerte en el plano electoral para apoyar a sus aliados: lo hizo con Milei salvándolo de una corrida cambiaria en la previa de los comicios legislativos y lo hizo en Honduras, en unas elecciones aún hoy cuestionadas. Este año que comenzó, les toca definir sus próximos gobiernos a Brasil y Colombia, hoy los dos países con liderazgos progresistas más importantes de Sudamérica.
No hay dudas de que Trump apostará fuerte para influir en los escenarios electorales de esos dos países, pero a partir de hoy tampoco quedan dudas de que, en última instancia, Estados Unidos tiene la voluntad y la determinación de someter a la región también por la fuerza.
Por María Laura Carpineta / El Destape





















