




Los capitales financieros locales e internacionales están abandonando el barco liberal-libertario. La corrida contra las acciones y los títulos públicos es cada vez más intensa. El índice de acciones líderes medido en dólares acumula una caída del 26% en lo que va del año, y la caída de las cotizaciones de los títulos públicos deriva en un salto del riesgo país por encima de los 900 puntos.


Los capitales extranjeros vinculados a la economía real decidieron, desde un principio de este experimento político, no subirse a esta embarcación. En estos tres años de gobierno las empresas de ese orígen vinculadas al consumo y a la industria destinadas al mercado interno se estuvieron yendo a ritmo constante. La última operación confirma una tendencia que está modificando la estructura de propiedad de las grandes empresas de la economía argentina.
En estos días, se anunció la venta de la filial argentina de Supermercados Día, de capitales españoles, al Grupo de Narváez (GDN), que tiene ChangoMás, tras haber adquirido las operaciones de la estadounidense Walmart en el país. La operación de Supermercados Día se acordó por 53,8 millones de dólares en efectivo. Con este movimiento, GDN incorpora una red de 991 establecimientos (combinando locales propios y una amplia red de franquicias) en 22 provincias y una plantilla de 15.000 empleados directos e indirectos.
No hay boom de inversiones, predominan los traspasos de activos
Pese a entregar la administración de la política económica, cambiaria y monetaria a representantes de las principales facciones del capital (financiero y productivo) local e internacional, los niveles de inversión en la economía de Milei son bajísimos. En la mayoría de las operaciones empresariales predominan los traspasos de activos, el aprovechamiento temporal de la bicicleta del carry trade y el posicionamiento en sectores de producción de materias primas de exportación (hidrocarburos y minería) para capturar beneficios extraordinarios con el RIGI.
Esta dinámica revela un aspecto a considerar, puesto que comprar una empresa existente no equivale a invertir para ampliar la capacidad productiva. Es una transacción que transfiere la propiedad de activos que ya forman parte de la economía; la otra incorpora instalaciones, tecnología y puestos de trabajo. El avance de los grupos locales sobre empresas extranjeras consolidan nuevas relaciones de poder económico, y es un factor relevante que debe tener en cuenta cualquier proyecto político que aspire a reemplazar al gobierno de Milei.
El documento “Las nuevas tendencias del poder económico en tiempos de Milei”, de Pablo Manzanelli y Valentina Castro, de Flacso-Cifra/CTA, aborda el papel que tuvieron, durante el gobierno de Milei, los grupos económicos locales en el proceso de fusiones y adquisiciones y el retiro del capital extranjero. Explican que ambos fenómenos están intrínsecamente vinculados y se inscriben en un contexto local e internacional que alienta la desinversión de las empresas extranjeras, en especial en el ámbito industrial y de consumo masivo, mientras que la producción de minería metalífera y de hidrocarburos constituye la excepción en el marco de los proyectos aprobados en el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).
En el proceso de privatización de empresas públicos, grupos económicos locales se quedaron con esos activos con casi nula participación de capitales extranjeros.

Los capitales extranjeros buscan la puerta de salida
Durante el gobierno de Milei se está desplegando un inédito proceso de repatriación del capital extranjero. La inversión extranjera directa registrada en el balance cambiario del Banco Central fue negativa en 1.878 millones de dólares entre 2024 y agosto de 2026, con un ingreso casi nulo en 2024 y saldo negativo tanto en 2025 como en el acumulado de los primeros ocho meses de 2026 (-1.281 y -686 millones de dólares, respectivamente).
Los autores del trabajo señalan que las medidas promercado y los incentivos del RIGI no lograron modificar el comportamiento contractivo de la inversión extranjera directa. Una explicación que ofrecen para este resultado es que incidió, del mismo modo que en la inversión total de la economía, el esquema de valorización financiera de tasas de interés elevadas con un tipo de cambio oficial ajustado por debajo de la tasa de inflación. Así, hubo un desvío de la inversión productiva a la financiera en un escenario con ajuste en el consumo de bienes y apertura comercial con apreciación cambiaria.
La política económica de Milei se aplica, además, en un contexto global de declive de la inversión extranjera directa –en especial en los países subdesarrollados de menores ingresos– por las estrategias proteccionistas de los países centrales y la adopción de políticas industriales.
Este escenario internacional no explica por sí solo la intensidad de la retirada de capitales extranjeros de la Argentina. La política económica local profundiza esa tendencia con la caída del consumo, la apertura importadora y el encarecimiento de la producción local por el atraso cambiario, lo que reduce los incentivos para invertir en actividades destinadas al mercado interno.

También se van empresas de Estados Unidos
La nota de Manzanelli y Castro muestra que las principales empresas extranjeras que cerraron operaciones o dejaron de producir en el país sin vender sus activos fueron nueve firmas, de las cuales cuatro tenían más de 100 ocupados: Whirlpool, Electrolux, Coopershoes y SKF, que estaba en el país desde 1917.
Estas empresas tienen en común que son industriales (textil, autopartes, insumos industriales, línea blanca), sector en el cual no existen incentivos para invertir en la economía de Milei. Algunas de ellas cerraron sus plantas fabriles y se reconvirtieron a la comercialización de productos importados, como es el caso de SKF, Whirlpool, Bahco y Electrolux.
Este cambio de actividad tiene consecuencias que exceden la pérdida de puestos de trabajo. Las empresas mantienen su presencia comercial, pero abandonan la producción local, lo que debilita las redes de proveedores y aumenta la dependencia de las importaciones.
Además, hubo 29 procesos de fusiones y adquisiciones que tuvieron como protagonistas a los grupos económicos locales entre fines de 2023 y 2026. De ese total, 21 operaciones (72,4% del total) corresponden a empresas transnacionales que abandonaron total o parcialmente su producción en el país, mientras que el resto corresponde a activos públicos o ventas de YPF.
Mientras Milei se arrodilla a los pies del ahora derrotado en las elecciones legislativas Donald Trump, ocho de las 21 firmas extranjeras que vendieron sus activos fueron estadounidenses. La subordinación libertaria no se tradujo en inversiones productivas, pese a los discursos elogiosos al gobierno de Milei del embajador de Estados Unidos y de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham).
El último comunicado de AmCham, días después de la ola azul demócrata en las elecciones de medio término, es elocuente porque revela que solo hay palmaditas en la espalda sin dólares. El texto que difundieron dice que “la relación entre Argentina y Estados Unidos tiene fundamentos que exceden la afinidad política y personal entre los presidentes Javier Milei y Donald Trump. Responde también a intereses geopolíticos, estratégicos y económicos compartidos que mantienen su vigencia más allá de los resultados electorales”.
Luego detalla los respaldos políticos y financieros pasados, cuando Trump todavía no había recibido una paliza electoral, para sentenciar que “Argentina es un socio estratégico para Estados Unidos por sus recursos: minerales críticos, gas, petróleo y producción agroindustrial. Esos intereses no cambian por el resultado de una elección”.
Hasta ahora, esta declaración, que se está repitiendo en estos años, no se ha traducido en dólares en inversiones vinculadas a la ampliación de la producción. Por el contrario, empresas estadounidenses se han ido del país.
- La salida de Telefónica y su adquisición por parte del grupo Clarín, que deriva en un aumento de la concentración de las telecomunicaciones, ya que implica la fusión con Telecom Argentina.
- La venta del HSBC, uno de los bancos más importantes del sistema financiero local, al Banco Galicia, propiedad de las familias Escasany, Ayerza y Braun. Esta venta se suma a la del Banco Itaú al Banco Macro.
- La venta de la operación local de Procter & Gamble en dos etapas: la adquisición de las marcas Ariel y Magistral por parte del grupo local Dreamco y la venta de la planta industrial y las marcas Gillette, Pampers y Pantene al grupo Newsan.
- La venta de Raízen-Shell, que comprende la refinería de Dock Sud y la red de estaciones de servicio de Shell, a una asociación de capitales conformada por Mercuria Energy Group, de Suiza, y grupos locales, entre los cuales tiene un fuerte protagonismo José Luis Manzano.
- La transferencia de la filial Mercedes-Benz Argentina, una de las plantas industriales más tradicionales del cordón bonaerense, a la firma Prestige Auto del Grupo ST.
- La cementera Loma Negra, que estaba controlada por capitales brasileños, fue adquirida por Marcelo Mindlin.
- La desinversión del gigante canadiense Nutrien, que poseía el 50% de Profertil en sociedad con YPF, y su venta a Adecoagro y ACA.
El documento menciona, además, la intensa actividad de fusiones y adquisiciones en el mercado de hidrocarburos. Por un lado, se contabilizan cuatro operaciones de venta de activos no convencionales vinculados a Vaca Muerta: ExxonMobil a Pluspetrol, TotalEnergies a YPF, Petronas (50% de La Amarga Chica) y Equinor a Vista.
El conjunto de operaciones muestra que los grupos económicos locales están ampliando su participación en mercados estratégicos: bancos, telecomunicaciones, energía, industria y comercio registran cambios de propietarios que fortalecen las posiciones de los grandes conglomerados.

Los grupos locales coparon el RIGI
El documento de Manzanelli y Castro evalúa el origen del capital en los proyectos de inversión aprobados bajo el RIGI. Detalla que el monto total involucrado asciende a 70.826 millones de dólares, y de esa suma la mayor parte se vincula a planes aprobados a empresas locales (42,1%), entre los que se destacan los proyectos subsidiados a Pluspetrol, Tecpetrol de Techint, Pampa Energía, el grupo Sielecki, y Petroquímica Comodoro Rivadavia.
Por su parte, los proyectos vinculados a capitales extranjeros representan el 32,4% de la inversión promocionada, totalizando 22.923 millones de dólares, mientras que el restante 25,5% corresponde a consorcios conformados por una asociación mixta entre capitales nacionales y extranjeros.
Los grupos locales se asientan primordialmente en Vaca Muerta y los de las firmas extranjeras en la minería metalífera y el litio. De los 14 proyectos aprobados a capitales extranjeros, 13 corresponden a esta última actividad y representan el 94,2% del total.
El otro proyecto es el que prevé la producción de autos eléctricos en Zárate por parte de la japonesa Toyota. “Entre el universo de los proyectos extranjeros es notable la ausencia de empresas norteamericanas y la preeminencia de canadienses, australianas, chinas y suizas”, afirman Manzanelli y Castro.
La salida de empresas extranjeras y el avance de los grupos económicos locales son dos expresiones de una misma transformación del poder económico. El capital cambia de manos, se concentra y se desplaza hacia los negocios más rentables del nuevo esquema económico. La contracara es el deterioro de la estructura productiva, la destrucción de empleo industrial, la concentración en la provisión de servicios públicos y privados, y una economía cada vez más orientada a la explotación y exportación de materias primas.

Por Alfredo Zaiat / El Destape



























