¿Por qué se duplicó el riesgo país?

Economía04/11/2026

El valor mínimo del índice de riesgo país de Argentina (medido por el EMBI+ de la JP Morgan) durante 2026 fue de 402 puntos básicos, alcanzado el 10 de julio. Este martes se ubicó en 831. Más que se duplicó en apenas cuatro meses. ¿Cuál fue la evolución de ese indicador en los principales países de la región en este mismo período? Pese a la inestabilidad financiera y geopolítica internacional y, en algunos casos, a las tensiones políticas internas y hasta elecciones presidenciales, no se registraron movimientos alcistas significativos.

Una economía en recesión, un plan oficial para pagar deuda poco creíble, un agujero de 15.000 a 20.000 millones de dólares para el 2027 y la fragilidad emocional y política de Milei, expuesta en forma pública una y otra vez, derivan necesariamente en estrategias financieras defensivas. 

El salto del riesgo país de estos meses no tiene nada que ver con el denominado “riesgo kuka” por la sencilla razón de que la interna peronista no está saldada y, en especial, porque no aparece una serie de encuestas que muestre un triunfo seguro de la oposición. Por el contrario, la mayoría mantiene a Milei en niveles competitivos.

¿Por qué subió, entonces, el riesgo país?

Un analista económico y financiero muy activo en la red X, identificado con el usuario @NieveJuancito, ofreció una posible respuesta a ese interrogante, que orienta sobre cómo el mercado comienza a evaluar, después de casi tres años de gobierno, el experimento liberal-liberartario. En medio de una fuerte caída de las cotizaciones de acciones y bonos, publicó el siguiente tuit:

“Los bancos están cotizando por debajo de los mínimos de las últimas tres crisis. ¿Kici ya ha expropiado bancos? ¿Alguno renunció ya? En lugar de subirse a darnos lecciones de macro I (que, dicho sea de paso, podrían volver a cursar, pero esta vez en una facultad de verdad), podrían bajarse del pony y ponerse a laburar. En lugar de tratarnos de pelotudos, podrían tener la humildad de callarse y hacer el mea culpa de cómo, con los mejores términos del intercambio en mucho tiempo, una ayuda externa inmejorable (FMI, OOII, Bessent), tres años de condiciones inmejorables para el agro, están acá con una actividad que está abajo de 2023. Va a quedar en los libros de historia, pero no precisamente como el mejor plan de la historia. Es increíble cómo la soberbia que tienen les hizo chocar la calesita. Pero bueno. No hay peor sordo que el que no quiere escuchar”.

Milei y Caputo repiten que pagarán todos los vencimientos de deuda, cualquiera sea el costo económico y social. El equilibrio fiscal se convirtió en la principal credencial para conquistar la confianza de los acreedores. Sin embargo, después de casi tres años de ajuste, el riesgo país se duplicó en apenas cuatro meses. El mercado está enviando un mensaje que Milei se resiste a escuchar.

La voluntad de pago no equivale a capacidad de pago.

Un país necesita generar suficientes dólares para atender sus compromisos externos. El superávit fiscal, expresado en pesos, no resuelve por sí mismo la disponibilidad de divisas. 

El programa económico apuesta a que el ajuste fiscal y el ingreso de capitales terminarán despejando las dudas sobre la deuda. La experiencia de estos meses indica lo contrario. La recesión debilita la economía y la posibilidad de refinanciar los vencimiento de capital de la deuda en condiciones razonables se aleja.

La ayuda extraordinaria del FMI y del gobierno de Estados Unidos permitió postergar tensiones financieras. El interrogante que comienza a dominar las decisiones de los inversores locales y del exterior es sencillo. Si Milei recibió un respaldo político y financiero externo excepcional, aplicó uno de los ajustes fiscales más fuertes de la historia y contó con condiciones internacionales muy favorables, ¿por qué los acreedores exigen una prima de riesgo que duplica la de julio?

La respuesta no está en el supuesto “riesgo kuka”, sino en la inconsistencia de un programa que confunde disciplina fiscal con solvencia externa.

No saben o no pueden

La fortaleza o la debilidad de los fundamentos de una economía quedan expuestos en su capacidad de respuesta frente a shocks económicos y políticos locales o del exterior. Durante 2026 se identifican tres eventos relevantes: 

  1. La guerra en Irán, con el consiguiente alza del precio del petróleo y del gas. 
  2. El balotaje en Brasil, con el triunfo de Lula. 
  3. Las elecciones de medio término en Estados Unidos, con la derrota de Donald Trump.

La economía de Milei atravesó estos acontecimientos en medio de caídas de las cotizaciones de acciones y títulos públicos, un aumento del riesgo país y un retroceso de la actividad económica que derivó en una recesión. 

El resto de los países latinoamericanos registró efectos financieros de diferente intensidad, pero ninguno experimentó un deterioro comparable al de los activos argentinos. 

Existe una extensa literatura que describe y explica qué hacer cuando aparecen shocks externos negativos. Milei y su delegado en el Ministerio de Economía, Luis Caputo, desestimaron cada uno de ellos, al no disponer medidas para amortiguar sus costos ineludibles.

Recién ahora, cuando la economía cae en recesión, reaccionan tarde, mal y de manera insuficiente. No saben o no pueden, ya sea por ignorancia o por anteojeras ideológicas, hacer otra cosa que aplicar una política de ajuste violento. 

El peor de Latinoamérica

La comparación de los niveles y de la evolución del riesgo país entre las principales economías de la región y la Argentina de Milei es una prueba contundente de que el deterioro financiero tiene causas internas. Responde al diseño del plan económico y a la crisis política que atraviesa la fuerza gobernante. .

A continuación se detalla la evolución del indicador caso por caso:

  • Uruguay: Se mantiene como el país con el riesgo más bajo y de mayor estabilidad de la región. En julio de 2026 se ubicaba en torno a los 75-80 puntos básicos y cerró octubre en 84 puntos, con variaciones mínimas.
  • Chile: Junto con Uruguay, conforma el grupo de menor riesgo crediticio. Partió de niveles cercanos a los 95-100 puntos a mediados de año y finalizó octubre en 104 puntos, con una trayectoria estable a pesar de la desaceleración económica prevista para el año y del derrumbe de la imagen del presidente José Antonio Kast.
  • Paraguay: El riesgo país se ubicó en 122 puntos al cierre de octubre, dentro de la franja baja de la región.
  • Perú: Tras una importante reducción del riesgo país durante el primer semestre, luego de las elecciones presidenciales con el triunfo de Keiko Fujimori, se mantuvo estable y cerró en 127 puntos al cierre de octubre.
  • Brasil: La economía experimentó cierta volatilidad en el tramo final del período asociada al proceso electoral. Tras iniciar el segundo semestre estuvo en los 175-180 puntos, luego el indicador se incrementó levemente hasta cerrar octubre en 194 puntos.
  • México: Con una trayectoria relativamente acoplada a las condiciones financieras globales y su vínculo con Estados Unidos, operaba a mitad de año en torno a los 200-202 puntos y se ubicó en 228 puntos al finalizar octubre.
  • Colombia: Registró un incremento moderado en la segunda mitad del año, desde niveles próximos a los 200-210 puntos de mediados de año hasta los 235 puntos.
  • Bolivia: Continúa siendo uno de los casos más complejos de la región debido a sus desequilibrios macroeconómicos internos y contracción de la actividad. Si bien a mediados de año había mostrado una mejora temporal en el EMBI hasta los 424 puntos, la presión sobre sus cuentas públicas hizo que el indicador volviera a trepar, hasta ubicarse en 502 puntos.

Entre los países de la región mencionados (Brasil, México, Chile, Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia y Paraguay), ninguno duplicó su nivel de riesgo país en el período analizado.

A nivel global, fuera de América Latina, tampoco se registraron aumentos generalizados de semejante magnitud. La mayoría de los mercados emergentes y las economías en desarrollo registraron fluctuaciones mucho más moderadas. 

Los aumentos más pronunciados se concentraron en economías atravesadas por crisis políticas, institucionales o financieras severas. Son situaciones excepcionales, no una tendencia generalizada del mercado internacional de deuda soberana. 

El ajuste que aumenta el riesgo país

Hay una paradoja en la estrategia económica de Milei. Sostiene que el ajuste fiscal y salarial es indispensable para reducir el riesgo país, recuperar el financiamiento internacional y favorecer las inversiones. Sin embargo, el deterioro de la economía real termina debilitando los fundamentos que los acreedores evalúan para decidir si mantienen o venden los títulos públicos.

Una economía en recesión recauda menos, destruye capacidades productivas y reduce las perspectivas de crecimiento. Las empresas postergan inversiones, las familias restringen consumos y el Gobierno profundiza el ajuste. Esta dinámica configura un círculo contractivo que erosiona la capacidad futura de generación de ingresos.

En este escenario, la obsesión por exhibir un superávit fiscal adquiere un carácter autodestructivo. Para conservarlo, Caputo recorta partidas que sostienen la actividad y la infraestructura económica. La recesión resultante alimenta las dudas sobre la sustentabilidad de la deuda y aleja la posibilidad de regresar al mercado voluntario de crédito.

La comparación regional expone esta contradicción. Países con desequilibrios fiscales y tensiones políticas mantienen primas de riesgo muy inferiores a las de Argentina. Los inversores no evalúan solamente la orientación ideológica de un gobierno ni el resultado de sus cuentas públicas, sino también la capacidad de pago y las perspectivas de crecimiento. 

Milei convirtió el ajuste en una demostración de fortaleza, pero los mercados comienzan a interpretarlo como una señal de debilidad. Después de casi tres años de sacrificios económicos y sociales, la prometida confianza financiera no aparece. El riesgo país más que se duplicó en cuatro meses. Es el resultado de una política económica que, para intentar aliviar el frente financiero de la deuda pública, profundiza las condiciones que alimentan la crisis.

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