Un plan económico para salir del fracaso de Milei

Economía01/11/2026

La economía de Milei está en recesión y, por ahora, no hay señales del Gobierno acerca de cómo encender el motor de la reactivación. Esta es la prueba necesaria para que una mayoría acepte que el plan liberal-libertario ha fracasado. El mercado ya lo sabe y lo expresa con el indicador riesgo país rumbo a superar los 800 puntos. Lo que todavía no sabe es que un grupo de diecinueve economistas, entre ellos Lucía Cirmi Obón y Haroldo Montagu, ha estado trabajando en un plan económico alternativo al de Milei. 

El Destape accedió en exclusiva al documento Programa económico para un futuro mejor. Propuestas para pensar la Argentina que viene. Durante su elaboración, las ideas fueron discutidas en encuentros e instancias de intercambio en los que participaron más de cuarenta espacios políticos, sociales, sindicales, académicos y centros de investigación universitaria.

El desafío es importante porque, además de la oposición política a un proyecto autoritario y regresivo, se debe responder una pregunta fundamental: ¿qué programa económico puede ofrecer una alternativa al experimento de Milei sin repetir errores que contribuyeron a las crisis recurrentes de la economía?

Estos economistas nombraron a su grupo Futuros Mejores y decidieron abordar esa misión en un proceso iniciado en 2024, con documentos sectoriales y encuentros de discusión en los que participaron decenas de otras organizaciones. No todas comparten cada una de las propuestas y los autores aclaran que el texto final recoge las posiciones que encontraron mayor coincidencia.

La iniciativa parte de una autocrítica: reconoce que los proyectos peronistas y progresistas todavía no consiguieron construir una alternativa económica integrada, consensuada y novedosa. Y sostiene que ese desafío exige revisar críticamente los desaciertos de las experiencias recientes de gobierno.

Hay una declaración de principios del grupo: “Quisimos tomar la ‘posta generacional’, por entender que, desde la experiencia de gestión, tenemos cosas para aportar y porque creemos que, si no está claro el ‘para qué’, todo lo demás se diluye”.

Milei Plan Económico
La alternativa a Milei necesita un programa económico. Y ese programa necesita una construcción política con capacidad para llevarlo adelante.

El orden de los factores altera el producto

El documento establece una secuencia que constituye su principal definición conceptual. Primero, determinar qué estructura productiva necesita la Argentina. Después, diseñar la política macroeconómica que permita desarrollarla. Finalmente, articular los instrumentos distributivos que aseguren que el crecimiento se traduzca en mejores condiciones de vida.

La propuesta discute uno de los pilares del pensamiento económico convencional: que primero hay que alcanzar el equilibrio fiscal, reducir la inflación y eliminar regulaciones para que después, como consecuencia natural, lleguen las inversiones, el crecimiento y el empleo.

Estos economistas proponen una inversión de prioridades. La estabilidad macroeconómica es necesaria, pero no constituye un objetivo independiente del desarrollo. Una economía ordenada debería ser aquella que permite aumentar la producción, diversificar las exportaciones, generar empleo de calidad, recuperar los salarios y reducir la desigualdad.

La Argentina de los enclaves exportadores

Este grupo de economistas considera que la discusión sobre el desarrollo debe comenzar por la estructura económica que se pretende construir. Destaca la expansión de actividades vinculadas con recursos naturales y el retroceso de sectores intensivos en empleo, pero advierte que el crecimiento de Vaca Muerta y la minería puede aportar dólares; sin embargo, no garantiza por sí solo una recuperación del mercado laboral. Explica que son actividades intensivas en capital, con una capacidad relativamente limitada para incorporar trabajadores en relación con el volumen de inversión y producción.

El plan alternativo no cuestiona esas actividades, sino que propone aprovechar su potencial exportador y evitar que funcionen como enclaves desconectados del resto del aparato productivo. Para ello, plantea desarrollar proveedores nacionales, cadenas de valor, infraestructura, tecnología y servicios vinculados con los grandes proyectos exportadores.

En este punto aparece la propuesta de reformular el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para incorporar obligaciones de integración productiva nacional, transferencia tecnológica y desarrollo de proveedores locales.

La autocrítica necesaria

Futuros Mejores no presenta la política industrial como una recuperación de los instrumentos del pasado. Incluso observa en forma crítica determinados esquemas de protección arancelaria y regímenes especiales que se prolongaron sin exigencias suficientes de productividad, innovación y competitividad. Menciona los casos de Tierra del Fuego y de actividades industriales que recibieron protección sin alcanzar los resultados esperados. Cuestiona, además, las regulaciones cambiarias rígidas que terminaron afectando las posibilidades de exportación.

Esta autocrítica no conduce a abandonar la intervención estatal. Por el contrario, se propone modificar su orientación y sus exigencias. Dice que el Estado debe promover inversiones, pero con metas verificables, puesto que los beneficios públicos no pueden convertirse en subsidios permanentes a empresas que no cumplen compromisos de productividad, empleo y/o exportaciones. 

Hay, además, una actualización conceptual. La industria manufacturera sigue siendo estratégica, pero los economistas reconocen que el cambio tecnológico modifica su capacidad para generar empleo. Por eso incorporan los servicios basados en el conocimiento, el turismo, la logística, la educación, la salud y los cuidados como componentes del desarrollo productivo.

Vaca Muerta y la disputa por la renta

La política energética ocupa un lugar destacado en la propuesta económica. Los autores señalan que la energía, que durante décadas constituyó una fuente de demanda de divisas, comenzó a registrar saldos comerciales positivos significativos. Subrayan que Vaca Muerta ofrece la posibilidad de aliviar la restricción externa, pero la disponibilidad de recursos naturales no garantiza que esa oportunidad se traduzca en desarrollo.

Los economistas de Futuro Mejores plantean, entonces, cinco propuestas:

  • Crear un fondo de desarrollo energético, financiado con parte de la renta sectorial, para infraestructura, ciencia, tecnología y transición energética.
  • Desarrollar un programa nacional de proveedores para petróleo, gas, minería y energías renovables.
  • Construir una estrategia de integración energética sudamericana, con Brasil como mercado especialmente relevante para el gas argentino.
  • Ampliar la infraestructura de transporte y distribución y promover la eficiencia energética para garantizar el abastecimiento a hogares e industrias.
  • Reformar los marcos regulatorios para compatibilizar inversión privada, protección ambiental y planificación estatal.

En concreto, la propuesta consiste en utilizar los dólares de Vaca Muerta para industrializar, no solamente para pagar deuda o financiar importaciones. 

El programa agropecuario sigue un razonamiento similar. Rechaza la contraposición entre campo e industria, propone agregar valor a la producción primaria, desarrollar la industria de fertilizantes y bioinsumos nacionales, ampliar el papel de YPF Agro y mejorar la regulación de la infraestructura logística. Recupera la discusión sobre los derechos de exportación (retenciones) como instrumentos de recaudación, distribución de la renta e incentivos a la industrialización.

La estabilidad sin salarios bajos

La segunda parte aborda la macroeconomía. Aquí aparecen algunas de las definiciones más exigentes para una alternativa al programa de Milei. Considera imprescindible un plan de estabilización y propone tres indicadores centrales para evaluar si la macroeconomía está ordenada.

  • Reservas internacionales: acumulación neta, genuina y sostenida.
  • Inflación: descenso persistente que permita planificar.
  • Deuda pública: perfil de vencimientos financiado predominantemente en pesos.

Advierte que los déficits fiscales persistentes pueden provocar dificultades financieras durante una etapa de estabilización. Por lo tanto, plantea una política que combine instrumentos cambiarios, fiscales, de ingresos y del sector externo. En materia cambiaria, propone un régimen de bandas de flotación con intervención activa del Banco Central, orientado a evitar tanto las devaluaciones abruptas como la apreciación persistente de la moneda.

Se reconocen los efectos negativos de las restricciones cambiarias prolongadas. Las brechas entre cotizaciones, la incertidumbre regulatoria y los incentivos a postergar exportaciones o adelantar importaciones debilitaron los objetivos originales de esas regulaciones.

La crítica al “cepo” no conduce a defender una liberalización irrestricta de los movimientos financieros. Se postulan controles selectivos sobre los capitales especulativos, encajes y mecanismos que desalienten ingresos de corto plazo capaces de provocar nuevas crisis cuando abandonan el país.

Equilibrio fiscal, pero ¿para qué?

Los economistas de Futuros Mejores no defienden los déficits permanentes como principio de política económica. Proponen un equilibrio intertemporal que permita financiar inversiones estratégicas y afrontar situaciones recesivas sin generar una dinámica insostenible de endeudamiento. Es una concepción diferente de la del gobierno liberal-libertario.

El equilibrio fiscal no debe obtenerse sacrificando infraestructura, educación, salud, ciencia, salarios públicos y jubilaciones. Esos recortes pueden mejorar transitoriamente las cuentas del Tesoro mientras deterioran la capacidad futura de crecimiento y, por lo tanto, la recaudación impositiva.

Esta orientación incorpora una discusión que suele quedar relegada. No solamente importa cuánto gasta el Estado; importa cuánto deja de recaudar y quiénes se benefician con esa renuncia de ingresos. El informe estima que el denominado gasto tributario representa alrededor del 5% del PIB. La propuesta es revisar esos beneficios según su capacidad para generar empleo, inversiones, innovación y valor agregado.

Además, plantea aumentar la progresividad tributaria, fortalecer los impuestos sobre rentas extraordinarias y del capital, combatir la evasión y mejorar los mecanismos de fiscalización de grandes patrimonios y operaciones internacionales. 

El FMI y la deuda como condicionantes del desarrollo

Estos economistas sostienen que el endeudamiento argentino no puede explicarse exclusivamente por los déficits fiscales. Responde, a la vez, a la necesidad de conseguir divisas para sostener esquemas cambiarios que terminan dependiendo del ingreso de capitales. El resultado es conocido. Los dólares ingresan, permiten financiar desequilibrios y después aparecen los vencimientos que condicionan las decisiones de política económica.

La estrategia propuesta es reducir esa dependencia mediante el crecimiento exportador, la acumulación de reservas y el financiamiento público predominantemente en pesos.

En relación con el FMI, plantea discutir las condiciones financieras y los plazos de los compromisos asumidos y considera la posibilidad de reestructuraciones proactivas para evitar que los vencimientos obliguen a implementar políticas que comprometan el crecimiento.

Se recupera la idea de crecer para pagar, en lugar de someter la economía a una contracción permanente para cumplir con los acreedores. La propuesta no contempla una ruptura con los acreedores ni descarta volver a los mercados internacionales. 

Trabajo, jubilaciones y endeudamiento familiar

El tercer componente está dedicado a la distribución del ingreso. Los autores advierten que el crecimiento económico no garantiza automáticamente empleo de calidad ni mejoras distributivas. Por eso proponen políticas específicas para formalizar trabajadores, ampliar derechos laborales y fortalecer los ingresos.

En materia previsional, defienden el sistema público de reparto y plantean reemplazar las moratorias por mecanismos permanentes de inclusión. Además, proponen una fórmula de movilidad jubilatoria que incorpore el alza del salario real, en lugar de limitar los haberes a una actualización por inflación. El aumento posible, en forma inmediata, de la jubilación mínima sería del 20% y se financiaría con la recuperación de un tercio de determinados gastos tributarios.

Una cuestión relevante del trabajo es la inclusión de un programa de desendeudamiento de las familias. Es una cuestión decisiva en una economía donde el deterioro del poder adquisitivo empujó a numerosos hogares a utilizar el crédito para cubrir consumos corrientes. Presenta, además, un sistema nacional de cuidados que permita ampliar derechos y generar nuevas oportunidades laborales. 

En este programa económico la distribución no aparece como una recompensa posterior al crecimiento; es una condición que debe formar parte de la estrategia económica.

La disputa por el Estado y el poder económico

Estos economistas reconocen que defender la intervención estatal exige transformar el funcionamiento del propio Estado. Esta cuestión conduce a uno de los desafíos más relevantes del programa alternativo. Las políticas económicas no se aplican en un territorio vacío de intereses. Reformar el sistema tributario, modificar los beneficios del RIGI, exigir contraprestaciones a grandes empresas, regular los movimientos de capitales y redistribuir la renta energética implican enfrentar intereses económicos concentrados.

La experiencia argentina muestra que los conflictos distributivos pueden bloquear incluso programas económicos que cuentan con fundamentos sólidos. En este punto aparece el desafío político más exigente.

El fracaso del programa de Milei no garantiza que su reemplazo sea una experiencia exitosa. El trabajo de Futuros Mejores tiene el mérito de desplazar el debate desde la mera oposición al gobierno hacia la discusión de un proyecto económico diferente. Pero las ideas, por sí solas, no modifican las relaciones de poder. La alternativa a Milei necesita un programa económico. Y ese programa necesita una construcción política con capacidad para llevarlo adelante.

Por Alfredo Zaiat / El Destape
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