La cumbre del G11 peronista transcurrió, esta vez, en un clima de marcada distensión. “La de agosto había sido medio tensa”, admitió el formoseño José Mayans. Incluso hubo espacio para que Máximo Kirchner y Axel Kicillof mantuvieran charlas de pasillo en distintos momentos de la cena. Fue un ensayo de convivencia cordial en medio de una interna que conserva intactos sus conflictos de fondo. Entre los presentes se impuso la convicción de que la disputa por la conducción no puede obturar el camino hacia 2027. Sobre ese entendimiento elemental trabajan en una estrategia electoral sostenida en tres pilares: preservar la unidad ante todo, blindar las PASO para dirimir las diferencias y construir un frente político que trascienda las fronteras del PJ. “Hay que ampliar hacia el campo popular, no alcanza solo con el peronismo”, sintetizó el anfitrión, Sergio Ziliotto. En el balance, todos los sectores coinciden en que fue un “muy buen segundo paso”, aunque reconocen que aún queda todo por resolver. En la Gobernación bonaerense prefieren moderar las expectativas. Advierten que el acercamiento no puede desembocar en un pacto cerrado entre cúpulas y reclaman una competencia abierta al electorado. En noviembre, el Congreso del PJ bonaerense será una primera prueba para comprobar si el deshielo se traduce en acuerdos concretos. En el massismo, mientras tanto, no descartan apostar por una figura que no cargue con las divisiones internas ni con el peso de una imagen pública deteriorada.
Para entonces, el kirchnerismo espera contar con un pronunciamiento favorable de las Naciones Unidas que le dé mayor sustento al reclamo de revisión de la condena de Cristina ante los tribunales argentinos. La decisión, inevitablemente, también impactará en la pulseada electoral.
En el revoleo de escenarios, hay quienes lo empujan a buscar la Gobernación bonaerense. El tigrense lo desestima con la siguiente lógica: si tiene volumen electoral para quedarse con el distrito más grande del país, no estaría muy lejos de poder triunfar a nivel nacional. En síntesis, estando tan cerca, ¿por qué se quedaría con el premio chico?
Con las encuestas en la mano, en el massismo también prestan atención a una premisa que Milei repite como un mantra: “La sociedad no va a querer volver para atrás”. Esa lectura le baja el precio relativo a los dirigentes peronistas que ocuparon el centro de la escena política durante las últimas dos décadas. La advertencia alcanza tanto al propio Massa como a Kicillof y Cristina Kirchner. Por eso, en caso de que los números no cierren, comienzan a explorar nombres que no carguen con los prejuicios de buena parte de la opinión pública. En esa nómina podrían figurar el sanjuanino Sergio Uñac y el santiagueño Gerardo Zamora, entre muchos otros. Tampoco descartan que sea una mujer quien encabece la disputa electoral contra Milei.
Un poco más cerca, pero igual de lejos
Mientras se elaboran proyectos y se aventuran nombres, el peronismo encontró en la agenda legislativa las bases del programa de gobierno que buscará impulsar en 2027. La consigna que pretende instalar es que el problema no se agota en Milei, sino que reside en un modelo de ajuste insostenible, que deja a las provincias sin obra pública, a las universidades sin financiamiento, a las personas con discapacidad sin pensiones y a las familias atrapadas en deudas. El desafío, entienden, será convencer a la sociedad de que la estabilidad macroeconómica es compatible con un modelo inclusivo de producción y trabajo.
Así, bajo este marco de acuerdos y límites, los distintos sectores del peronismo se acercan cuando debaten el rumbo y se alejan cuando discuten quién lo conducirá.




























