De Menem a Milei: alertan por la desindustrialización acelerada y un golpe cada vez más profundo a la industria

Economía24/10/2026

Esta semana, la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) lanzó una campaña nacional para que las pymes del país exhiban en sus frentes la frase “Este comercio / Pyme no soporta el modelo económico”. El objetivo, aseguran, es visibilizar el panorama crítico que atraviesan las pequeñas y medianas empresas por las políticas del Gobierno de Javier Milei. Al respecto, las cifras oficiales evidencian la situación de una industria nacional que se hunde a una velocidad que vuelve a poner en perspectiva los antecedentes de los gobiernos de Menem y Macri.

En concreto, solo en el inicio de la gestión de La Libertad Avanza (LLA) la producción manufacturera se desplomó un 9,2%, más del doble que la caída anual promedio registrada durante la gestión de Cambiemos (3,6%). De hecho, a dos años y medio del inicio de la administración libertaria el retroceso se profundizó: ya se perdieron más de 97.000 puestos industriales registrados y más de 4.000 establecimientos cerraron sus puertas.

Sobre ello, especialistas coinciden en que la Argentina atraviesa un nuevo proceso de desindustrialización y advierten que, bajo el gobierno actual, el retroceso se aceleró a un ritmo superior al registrado durante las gestiones anteriores mencionadas.

Un derrumbe más acelerado

La persiana baja de un comercio, una fábrica que reduce turnos o una pyme que deja de producir reflejan el panorama cada vez más cotidiano del país y son, en definitiva, expresiones de un mismo problema: la pérdida de capacidad productiva de la economía argentina. En medio de la campaña impulsada por pequeñas y medianas empresas para visibilizar el impacto del modelo económico de Javier Milei, las firmas alertaron por el cierre de 30.000 pymes y por la caida sostenida de las ventas minoristas que retrocedieron 13% desde noviembre de 2023 (inicio de la gestión actual) en un marco ddonde el mercado interno se vio afectado por la pérdida del poder adquisitivo del salario, el sobreendeudamiento de las familias, y la destrucción de fuentes de empleo formal. 

“Hay que sumar los aumentos abusivos en tarifas de servicios y alquileres que resultan letales para millas de pymes, y el impacto del ingreso desregulado de bienes de consumo finales, cuya variedad puerta a puerta resulta devastadora en todos los canales de venta y se ubican en un máximo histórico”, señalaron desde la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) desde donde lanzaron la campaña para visibilizar el panorama que atraviesan las pequeñas y medianas empresas.

Al respecto, para entender la magnitud de la crisis actual y si se mira en perspectiva histórica sobresale un razgo propio del modelo económico libertario, respecto de modelos semejantes de apertura desregulada, ajuste y pérdida de peso industrial en la actividad, como el de la década del noventa y el del lapso 2016-2019. Dicho de otro modo, la velocidad del derrumbe productivo es mucho más acelerada en la actualidad. 

Según un documento del economista Pablo Manzanelli (FLACSO-CIFRA), la producción industrial se contrajo un 9,2% en 2024, mientras que durante el gobierno de Cambiemos cayó a una tasa anual promedio del 3,6% entre 2016 y 2019. La contracción del primer año de Milei fue, por lo tanto, más de dos veces superior a la caída anual promedio del periodo macrista. De hecho, el antecedente directo vinculado al modelo implementado por Mauricio Macri ya había dejado una profunda marca sobre el aparato productivo: en esos años la producción manufacturera se redujo un 13,5%, la cantidad de empresas industriales se contrajo en 4.580 firmas y el empleo asalariado formal del sector cayó en más de 143.000 puestos.

Por su lado, los años noventa presentan otra dinámica. Entre 1993 y 1999, la producción manufacturera aumentó un 5,2%, aunque la cantidad de obreros ocupados se desplomó un 19,4%. La recuperación productiva de los primeros años de la Convertibilidad no se tradujo en una expansión del empleo: las empresas reorganizaron sus estructuras gracias a las leyes de reforma laboral que garantizaron mayor flexibilización y precarización en la contratación laboral mientras expulsaban mano de obra. En el conjunto de la Convertibilidad, entre 1991 y 2001, la producción industrial creció apenas un 0,1% anual, mientras que el empleo manufacturero cayó un 1,9% anual.

El escenario actual, por su lado, combina una contracción de la producción con una reducción del empleo y de la cantidad de establecimientos. De acuerdo con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) en lo que va del Gobierno de Milei ya se perdieron más de 97.000 puestos de trabajo industriales registrados (-8%) y unos 4.300 establecimientos manufactureros. A su vez, la utilización de la capacidad instalada alcanzó apenas el 58,5% en agosto pasado, 1,1 punto por debajo de un año atrás. En otras palabras, alrededor de cuatro de cada diez puntos de la capacidad productiva instalada permanecían sin utilizarse.

El deterioro no se limita a las fábricas. La caída de la industria forma parte de una contracción más amplia del entramado empresarial, que alcanza al comercio, el transporte y las economías regionales. De hecho, a nivel general, Argentina tiene la menor cantidad de empresas en 19 años. Según un informe del centro Fundar, desde noviembre de 2023 se perdieron 32.290 empresas empleadoras. La caída acumula 18 meses consecutivos y alcanza a 14 de los 18 sectores económicos y a 23 de las 24 provincias. 

Se trata, alertaron los especialistas, de la mayor caída en los primeros 32 meses de una gestión presidencial desde que hay datos comparables. Mientras que durante los primeros 32 meses de los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández las variaciones oscilaron entre una caída del 2,2% y un crecimiento del 4,1%, durante la actual gestión la reducción alcanza el 6,3%.

"Los datos muestran un deterioro persistente y generalizado del entramado empresarial argentino. La caída en la demanda interna, junto a los costos elevados en dólares, la carga tributaria, los problemas de infraestructura y los costos financieros, generan un contexto muy adverso para las empresas, incluso para aquellas que tienen niveles de productividad suficientes para competir. La Argentina necesita generar condiciones para que producir e invertir vuelva a ser viable", señaló Guido Zack, director de Economía de Fundar. 

El deterioro alcanzó a casi toda la economía. En términos absolutos, Comercio es el sector más afectado, con 9.132 empresas menos, seguido por Transporte y almacenamiento (-7.043) e Industria manufacturera (-4.324). Solo en el último año, la industria perdió 2.615 empresas (-5,5%). 

A nivel territorial, 23 de las 24 jurisdicciones tienen menos empresas que al inicio de la actual gestión. La única excepción es Neuquén, que registra un crecimiento pero de apenas 1,1%. En el otro extremo, La Rioja (-19,2%), Tierra del Fuego (-15,0%) y Catamarca (-14,5%) presentan las mayores caídas relativas. En números absolutos, las pérdidas se concentran en Buenos Aires (-8.958), Córdoba (-5.062), CABA (-3.407) y Santa Fe (-3.239).

La “herencia” de los noventa

La historia de la industria argentina tiene un antecedente central en la década de 1990, durante la presidencia de Carlos Menem. La apertura comercial, las privatizaciones, la convertibilidad y la reorganización en base a una mayor flexibilización de la estructura productiva transformaron las condiciones en las que operaban las empresas nacionales. La apertura de importaciones, la presión sobre las manufacturas locales y la concentración económica afectaron especialmente a numerosas actividades intensivas en trabajo y a empresas orientadas al mercado interno.

Sobre ello, Manzanelli ubicó la experiencia de los años noventa dentro de la “primera gran oleada de desindustrialización”, iniciada en 1976 y extendida hasta comienzos de los 2000. En su reconstrucción, el investigador de CIFRA precisó que el producto industrial se redujo un 10,3% entre 1976 y 2002, aunque con Milei cayó 9% en un año. 

En definitiva, la comparación histórica pone sobre la mesa que la desindustrialización no es un fenómeno nuevo en la Argentina, pero los datos de la gestión de La Libertad Avanza (LLA)  dan cuenta de una velocidad de contracción mucho más acelerada. La caída de la producción, la pérdida de empleo registrado y la reducción del número de empresas configuran un deterioro que excede la coyuntura recesiva actual y pone en discusión el lugar de la industria en el modelo económico. El desafío ya no es solamente cuántas empresas podrán resistir la crisis, sino cuánto del entramado productivo perdido puede recuperarse.

Por Eugenia Rodríguez / El Destape

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