Dentro de ese universo, casi 4 de cada 10 argentinos se vio en la urgencia de recortar alimentos y compras esenciales, a la vez que un número similar tuvo que echar mano de sus ahorros y 1 de cada 3 aumentó las horas trabajadas para reforzar ingresos golpeados por la pérdida de poder adquisitivo en los últimos años.
“La inseguridad habitacional en Argentina a menudo se desarrolla mucho antes del desalojo o la falta de vivienda”, alertó el informe internacional. De hecho, al observar la situación puntual de las personas que no son propietarias y que tampoco esperan llegar a comprar una vivienda, 6 de cada 10 identificó como los motivos principales los ingresos demasiado bajos y que las propiedades son muy costosas hasta para poder hacer un pago inicial.
Argentina, peor que el promedio global
En Argentina, más del 20% de los hogares vive en una vivienda alquilada (+70% desde el censo previo en 2010). Sin embargo, ese crecimiento se dio en un contexto de fuerte deterioro en la accesibilidad: desde fines de 2023, los precios de los alquileres aumentaron por encima de la inflación y, sobre todo, de los salarios, al punto de que alquilar se volvió inaccesible incluso para sectores con empleo formal. Esto ocurrió en un escenario en el que la derogación de la Ley Nacional de Alquileres (N°27.551) en diciembre de 2023 vía el DNU 70/2023, aceleró el ritmo de suba de precios, acortó la duración de los contratos e impuso mayor frecuencia a las actualizaciones mensuales.
En este contexto, un informe internacional que comparó la situación de una veintena de países evidenció las consecuencias concretas de la desregulación del mercado inmobiliario en Argentina: el 83% de las personas encuestadas en nuestro país aseguró haber reducido al menos un gasto durante el último año para poder afrontar los costos de la vivienda, una cifra que incluso superó al promedio global (75%).
En el caso de nuestro país, los recortes alcanzaron hasta lo más básico: el 38% gastó menos en alimentos y compras esenciales, el 37% recurrió a sus ahorros o fondos de emergencia y el 35% asumió trabajos adicionales o más horas laborales. Además, el 34% tuvo que elegir entre pagar la vivienda o cubrir necesidades como alimentación, vestimenta o medicamento, y el 19% limitó el uso de calefacción o aire acondicionado en sus hogares (casi el triple del promedio mundial de 7%). “Estos sacrificios demuestran que el costo de la vivienda afecta no solo el lugar donde viven las personas, sino también su comodidad, nutrición y estabilidad financiera a largo plazo”, destacó el informe al que accedió este medio.

Asimismo, el relevamiento subrayó que el 57% de los argentinos teme que un “problema inesperado” pueda poner en peligro su capacidad para mantener su vivienda, en comparación con el 48% en los 22 países encuestados. “Estos hallazgos sugieren que la inseguridad habitacional en Argentina a menudo se desarrolla mucho antes del desalojo o la falta de vivienda. Los hogares conservan su vivienda solo a costa de sacrificar su estabilidad financiera, su salud, su comodidad y sus oportunidades futuras”, agregaron.
Inquilinos versus propietarios




























