Las familias, empresas e instituciones argentinas se están endeudando desde hace al menos dos años. Los crecientes índices de morosidad son la emergencia de un problema de fondo vinculado con la insuficiencia de los ingresos. Así lo revela un informe al que accedió la CGT, que detalla cómo el desplome del poder adquisitivo y las abusivas tasas de financiación dispararon la mora en consumos cotidianos como electrodomésticos y billeteras virtuales. Un panorama crítico que choca de plano con la narrativa del presidente Javier Milei, quien niega la gravedad del problema y sostiene que los salarios y el consumo se encuentran en máximos históricos.
De acuerdo con el reporte de la Asociación de Empleados Fiscales e Ingresos Públicos (AEFIP), integrante de la central obrera, la base del problema de la morosidad, que viene ganando espacio en el debate público, es el crecimiento de la deuda. Según advierten, las familias mantuvieron un ciclo de desendeudamiento hasta enero de 2024, pero a partir del segundo semestre de 2024 volvieron a endeudarse.
El saldo deudor promedio de los argentinos se ubicó en 4,7 millones de pesos en diciembre de 2025, última información actualizada del Banco Central.
Las tasas exorbitantes que aplican el sector financiero y no financiero a esos préstamos dificultan las posibilidades de los hogares de enfrentar el pago. La brecha es marcada: mientras los bancos pagan alrededor del 20 por ciento por los depósitos a plazo fijo, cobran cerca del 80 por ciento por tarjetas de crédito y préstamos personales.
Deuda para lo básico
Producto de este desbalance exagerado entre ingresos, deuda y financiación, la morosidad y la cantidad de personas con problemas se dispararon. Pero “el atraso no se reparte parejo: donde se financia el consumo cotidiano —electrodomésticos, supermercados, billeteras virtuales— casi una de cada dos personas está en mora, muy por encima de lo que registran los bancos”, advierte el informe.
Las casas de electrodomésticos registran una mora del 48 por ciento; las empresas no financieras emisoras de tarjetas de crédito, del 29,3 por ciento; las billeteras virtuales, del 22,9 por ciento; y los bancos —por tarjetas y préstamos personales—, del 15,6 por ciento.
Milei se vio obligado a hablar sobre el tema en los discursos que brindó la semana pasada. La morosidad se instaló en el debate público y entre las principales preocupaciones sociales: el presidente negó que fuera alta. En lugar de reconocer que alcanzó un récord en dos décadas en Argentina, la relativizó al compararla con la de Estados Unidos, que ronda el 13 por ciento.
Además, dijo que el grueso de los créditos es de bajo monto, pero sostuvo que esa situación se vivió también en el kirchnerismo, pero no era criticada porque los periodistas están ensobrados. “Había créditos de bajo monto y altas tasas, por ejemplo, Efectivo Sí, y los niveles de mora eran sustancialmente más grandes que lo que hay ahora. Sin embargo, debe ser por la tonelada de guita que ponen en los medios que nadie decía nada”, expresó.
El titular del Ejecutivo celebró también que su gestión “cambió el modelo de negocios” de los bancos, que ahora prestan más. Pero se trata de crédito destinado a financiar gastos cotidianos, más asociado a la necesidad de llegar a fin de mes que a un ciclo virtuoso del consumo.
Durante sus alocuciones culpó a quienes compraron electrodomésticos en cuotas: “Se compraron televisores para ver el mundial y después veían si pagaban o no”, y agregó: “La pregunta es: ¿ustedes creen que los que dieron eso hicieron eso? ¿No sabían lo que estaban haciendo?”.
Desde los movimientos populares le ponen otra cara al problema de la deuda. “Nos endeudamos para comer, pagar el alquiler, comprar medicamentos o sostener a nuestros hijos y comunidades. Cuando el sistema financiero formal cierra las puertas, aparecen prestamistas informales, muchas veces vinculados al narcotráfico, que se aprovechan de la necesidad. Esa deuda también genera miedo: ante la imposibilidad de pagar, llegan el hostigamiento, las amenazas y la persecución, hasta convertirla en una condena que invade nuestra vida privada”, sostiene Norma, referente de Barrios de Pie.
“Nadie se endeuda porque quiere. Nos endeudamos porque no nos alcanza”, agrega.
El problema de los bajos salarios
El informe de AEFIP explica que la caída de los salarios es “un efecto buscado del plan económico, en la concepción de que la demanda es inflacionaria y entonces para bajar la inflación se debe ‘anclar’ la capacidad de compra de las familias. El resultado es una caída significativa de las ventas, de la producción y de la calidad de vida, en el marco de un proceso inflacionario permanente”.
Según estimaron, en los 31 meses transcurridos desde noviembre de 2023 a mayo de 2026, los salarios privados perdieron 15 meses y los públicos 18 meses. Ese deterioro fue persistente desde septiembre de 2025.
En paralelo, en ese mismo período ubican un retroceso en las compras en supermercados medidas por Indec, lo que constituye otro indicador del escenario recesivo. Milei, en cambio, sostiene que el consumo se encuentra en máximos históricos, desconociendo las cifras oficiales y otras privadas.
Desde hace cuatro meses, el salario real de convenios del sector privado se mantiene estancado, con meses de recuperación seguidos de caídas, sostiene el último informe de CP Consultora. Tanto el índice de salarios de Indec como el salario efectivo de SIPA revelan caídas del 4,5 y 5,5 por ciento respecto a enero de 2025, calcularon.
Sin embargo, para el presidente, los salarios se encuentran en máximos históricos, al igual que el consumo, el PBI y las exportaciones. En ese contexto, el mandatario defendió ajustes como la caída de los salarios del sector público: “Si yo dije que voy a achicar el Estado ¿qué tendría que pasar con los salarios públicos?, digo, ¿algunos de ustedes están en contra de que caigan los salarios del sector público, si son menos impuestos?”.
Claudia es trabajadora estatal y confiesa que hace un año y medio que no tienen aumentos salariales, lo cual provocó que tuviera que endeudarse. “Cada cuatro meses tengo actualización del alquiler y de expensas; ya debo dos meses”, expresa. Ella tiene dos préstamos, además de la tarjeta de crédito, que también está atrasada y en un plan de pagos: “Se me hace muy difícil esta situación, tomo medicación, y estoy pidiendo adelanto de haberes porque el día a día es realmente complicado”, manifiesta.




























