“Ya ni duermo por culpa de Mercado”

Actualidad - Nacional24/08/2026

Como Javier Milei, el sistema financiero montado por el empresario Marcos Galperín, titular de Mercado Libre, Mercado Pago y Mercado Crédito, se ensaña especialmente con las mujeres.

En el marco de una protesta en las oficinas del gigante en Parque Saavedra con los bombos y los cánticos “olé, olé, olá, Mercado Libre la vergüenza nacional” como telón de fondo, Buenos Aires/12 conversó con algunas víctimas de usura.

Es el caso de Noelia, que vive en el conurbano, trabaja como empleada doméstica, alquila y es mamá soltera de cinco hijos. Uno de ellos tiene una discapacidad y la obliga a concurrir periódicamente al Hospital Garrahan para recibir tratamiento.

El año pasado, en un momento se encontró sin dinero para cargar la Sube, que ocupa un porcentaje importante de su presupuesto. Entonces aceptó un préstamo de cuarenta mil pesos que le ofrecía Mercado Crédito. Fue el comienzo de una auténtica pesadilla.

Unos meses después de solicitado el préstamo, y a pesar de los sucesivos pagos, Noelia debía tres veces el capital inicial. Comenzaron a llamarla, de manera cada vez más insistente, desde números privados, en distintos horarios.

Luego, hicieron lo mismo con sus contactos más cercanos. El temor de Noelia es que llamen a alguna de las casas que la emplean por horas. Su angustia se evidencia en el tono de su voz y la expresión de su rostro. Ahora también la amenazan con judicializar el reclamo, si no logra pagar o al menos que alguien pague por ella.

“Los encontré con la heladera rota y sin plata ni para comprar otra ni arreglar esa. Así que saqué un préstamo con la aplicación”, recuerda. Por un capital de 200 mil pesos, le pedían seis cuotas de 80 mil. Aceptó porque no veía otra solución al problema de sus padres.

“Una vez me atrasé un solo día y la cuota subió 10 mil pesos, de 80 mil a 90 mil. Encima, cada vez se vende menos porque la gente no tiene plata. Hasta hace un par de meses me ayudaban mis hijos, pero ahora ellos también están sin trabajo”, dice.

Carmen es la primera de su familia, de origen boliviano, nacida en Argentina. Tiene un puesto en la feria de Villa Celina y su experiencia es similar a las anteriores.

“Hice una compra de telas con el teléfono y tomé el préstamo sin querer. Yo tenía dinero en ese momento, pero aparecía como primera opción y apreté. Encima no hay botón de arrepentimiento. Ahora trabajo para esta gente”, se lamenta.

Carmen se afilió recientemente al Sindicato de Feriantes, que le provee asistencia legal y desarrolló su propia billetera, para evitar que los cuentapropistas caigan en esa trampa.

Cuando el local de Lanús donde trabajaba cerró y quedó en la calle, decidió que era el momento de jugársela. “Saqué un préstamo para equiparme y empezar a trabajar a domicilio, para ver si más adelante podía tener mi local”, recuerda con ilusión.

“Pero en mi barrio nadie tiene un peso para gastar en estas cosas. Ahora tengo las máquinas casi sin usar y una deuda que se va haciendo una bola de nieve. Trabajaría de lo que sea para resolverlo, pero no consigo nada. Y esta gente me enloquece. Ya ni duermo por su culpa.

Por Marcial Amiel /.P12

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