¿Alguien esperaba que volviera la figura del vendepatria?

Actualidad - Nacional10/08/2026

Hay dos maneras básicas de analizar lo que sucedió en el Congreso. Una es detenerse en los aspectos técnicos y estructurales de lo que aprobó Senadores. Otra es hacerlo sobre lo que sucedió y continúa ocurriendo “afuera” de esa votación. Ambas son válidas. Pero una prevalece.

A Diputados fue girada la ley que, para los intereses del Gobierno, quedó manca y con clara sensación de fracaso. Se supo que, en Colombia, adonde concurrió para la asunción presidencial de su Frankestein clonado, Milei estaba con un mal disimulado humor de perros.

No pudieron dejar la eliminación de límites porcentuales a la venta de tierras, que ya había llegado recortada al recinto. Tampoco evitaron los que restringen la especulación inmobiliaria con bosques y terrenos incendiados. Aun así, el oficialismo logró nada menos que su desalojo exprés para poner en riesgo a, se presume, un número indeterminado de inquilinos.

Según las fuentes y trascendidos más confiables, Casa Rosada no insistirá con la sanción parlamentaria que resta.

Habría aprendido la lección de que no puede llevarse absolutamente todo por delante, pese a contar con esos bolsillos tan sensibles de gobernadores y representantes provinciales. Los de principios grouchomarxistas.

¿Por qué el Gobierno perdió? Por la movida que se produjo contra lo instalado como “extranjerización”. ¿Y por qué se produjo esa movida? Porque, según lo que el Gobierno no termina de asumir, sigue habiendo cuestiones con las que en esta sociedad no se jode.

Le pasó lo mismo cuando se metió con la Universidad pública y con el Garrahan. A Macri le sobrevino con el sistema previsional, que fue uno de los vectores del comienzo de su fin.

No alcanza para construir políticamente, porque no hay dirigencia que encabece. Sí alcanza para sostener cimientos emocionales. Es vaso medio vacío y medio lleno, en simultáneo.

Los Hermanos no la vieron venir, porque su sensibilidad popular semeja haberse agotado en que es suficiente con la bronca contra el gobierno anterior. Hasta sus encuestadores les previenen, con insistencia, que el malhumor no para de crecer.

Pero: confían en la ausencia de opciones alternativas, que es análogo a cómo en la oposición se esperanzan con que el desgaste oficialista amerita hacer la plancha.

El pase de facturas por lo acaecido en la Cámara Alta es hasta gracioso. Echarle culpas a Victoria Villarruel ya no surte impacto. Ahora se las cargan a la ex Comandante Pato, porque no habría sacado bien las cuentas de cuántos senadores se darían vuelta.

En ningún momento se preguntan si acaso no será que se les escapan otros factores.

Por ejemplo, que no sale uniformemente gratis exhibirse como un lacayo de Trump. Ni protagonizar un papelón regional e internacional, insultando de visitante al presidente brasileño en todos los colores. Ni asegurar que el consumo goza de “un ascenso irrefrenable”. Ni adjudicar el inédito endeudamiento familiar a “una cuestión entre privados”.

Luego, arriban los episodios que, a esta altura, tampoco deberían dejar bocas abiertas.

La represión en las afueras del Congreso fue, en efecto, una cacería descontrolada que se extendió por más de tres horas a cargo de efectivos rabiosos, con licencia para dispararle a cualquiera al centro del cuerpo y a la cabeza.

Es igual de notable y asqueroso que sólo se hablara de grupos marginales y lúmpenes pasados de rosca, sin cita de los serviciales infiltrados que en estas ocasiones también responden al único objetivo de pudrirla. Hay fotos y denuncias judiciales.

Se escuchó, incluso, que estábamos ante “ejercicios pre-revolucionarios”.

Es una muestra inigualable no ya o no sólo de desquicio analítico, sino del discurso que El Hermano resolvió acentuar en sus últimas incursiones por medios adictos.

No importa quién, alguien le dictó que debía apuntar al “hegemonismo gramsciano” como la táctica y estrategia impuestas desde una oposición conformada por “terroristas” disfrazados de profesores, intelectuales, científicos, investigadores, artistas.

La imposibilidad de que Milei se enfrente a, siquiera, una tímida repregunta, le permite asimismo afirmar con una soltura espeluznante que Lula derivó mil millones de dólares… ¡a la campaña presidencial de Sergio Massa!

Nunca es mucho, empero. ¿Cómo habría de serlo, si el canciller Pablo Quirno se anima a decir que no hay ningún problema si un particular quiere comprarse un pueblo o una provincia enteros?

En cualquier caso: el desvarío reaccionario del Presidente para abajo, que no tiene absolutamente nada de novedoso pero sí de profundizado; más la derrota cultural que tuvieron en el Senado, por obra de las calles y -sobre todo- de las intensas minorías movilizadas, en las redes, con el “trapo” de Malvinas, en los espacios mediáticos; más esa furia de violencia salvaje; más que La Hermana está soltándole la mano al coloso Sturzzeneger y sus delirios desregulatorios a mansalva; más que Caputo Toto acusa de “tarados” a quienes mentan caída en la producción industrial, revelan que -lejos de estar cercados, entendámonos- sí andan nerviosos. Muy.

El verdadero estado coyuntural y conceptual del Gobierno es el que vomitó un conductor del canal de streaming Carajo, Alejandro Benítez, quien propuso construir un muro alrededor del conurbano bonaerense, esterilizar a sus habitantes y regarlos con napalm, porque “no tienen salvación”(¿ningún fiscal actúa de oficio?).

Es la misma historia desde el “Viva el Cáncer”, respecto de Evita, aunque cabría coincidir en que proviene de más atrás porque el antiperonismo precede al peronismo. Aquello de que es el nombre que el racismo, o el clasismo, adquiere en Argentina.

Sin embargo, es apropiado concordar en que esas categorías son ajenas casi por completo al sentimiento ideológico o político de las generaciones jóvenes -y ya no tanto- dispuestas a encontrar algo, alguien, lo que fuese, en condiciones de vehiculizar su descontento.

En 2001 se salió con política de algo similar o muy parecido. Fue la anomalía kirchnerista y, a la par, el comienzo de la rearticulación gorila a través del macrismo.

En 2023, al cabo de esa suerte de suicidio que fue la interna del peronismo subsistente hasta hoy, una mayoría de la sociedad fugó a lo que -de modo facilongo- se denomina outsider.

Ahora, como se señala desde las propias usinas liberales más serias, no despunta el líder o la fuerza que canalice la nueva decepción, esta vez con El Hermano y su motosierra.

La polarización, o como quiera llamársele, tiene una sub-grieta aumentada sin salida a la vista. Es entre el desencanto con los ultristas gobernantes y el infantilismo de la autofagocitación de enfrente. Por si fuera poco, se cuela -verbo escaso- que la campaña ya lanzada queda al arbitrio de la mugre de una tétrica oligarquía tecnológica.

Cambridge Analytica es un almácigo al lado de lo que viviremos. El uso de millones de datos personales para crear y usufructuar perfiles psicológicos de votantes, con anuncios y maniobras personalizados, será más estremecedor que en ese 2018 en que la empresa británica se hizo famosa.

Esas armas son propiedad de los extremistas de derecha pero, como queda demostrado aunque fuere a los tumbos, no les basta para arrasar con todo vestigio de rebeldía.

Al margen de lo que significa la potencia china como factor emergente y consolidado, América Latina sigue girando hacia horribles gobiernos conservadores, sí, pero en rango de sociedades divididas casi exactamente al medio. Hay disputa, dicho en términos convencionales.

En el caso argentino o, en específico, de lo que discurre en la sede más callejeramente protestataria del mundo, entremedio de tanto diktat cipayo resulta esta (re)aparición de una especie de “nervio nacionalista”.

Algo pasa como para que se manifieste. Para que tantos se muestren sorprendidos por eso que algunos adjudican a la Selección, al pedazo de sábana malvinera, a la “campaña antiargentina”, a Georgieva visitando Vaca Muerta como inspectora regente.

Corresponde mencionar que asoma el imperativo de sentirse parte en algo colectivo. No es un proyecto, que nadie encarna todavía. Es el espíritu de encontrarlo.

Suena a cursilería. A sensiblero. A que se le busca épica a todo elemento del que asirse para que, después, el todo se resuelva en unas elecciones en las que definirá a cuánto el dólar.

Es cierto. O lo será. O podría serlo. Pero, como aviso eventual, se mostró músculo frente al concepto “extranjerización”.

Es lo de siempre en este país que no por nada depara asombros. Para peor y para mejor.

¿O alguien esperaba que recobrase valor la figura de vendepatria?

Por.Eduardo Aliverti / P12
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