


Una generación que empieza debiendo: 9 de cada 10 jóvenes entran en mora antes de conseguir trabajo
Actualidad - Nacional25/07/2026

Si generaciones anteriores empezaban su vida económica construyendo un historial laboral, hoy una parte importante de los jóvenes argentinos la comienza construyendo un historial de deuda. Y ese historial, lejos de abrir puertas, puede empezar cerrándolas.


Así lo señaló un informe que dio cuenta de un cambio profundo en la forma en que la juventud se incorpora a la vida económica: ya no se trata sólo de un aumento del endeudamiento sino que por primera vez miles de jóvenes ingresan al sistema financiero sin haber logrado una fuente de ingresos estable y comienzan su recorrido económico con antecedentes de mora que pueden condicionar sus posibilidades futuras.
Sobre esto último, la mora temprana no sólo refleja el deterioro del mercado laboral juvenil, sino que también puede convertirse en una marca que acompañe la posibilidad de acceder a nuevos préstamos o conseguir mejores condiciones de financiamiento y, en algunos casos, también complicar otros proyectos que suelen requerir un buen historial crediticio, como alquilar una vivienda.
La deuda llega antes que el sueldo
Durante décadas, el ingreso a la vida económica seguía una secuencia bastante previsible: primero llegaba el empleo, después el primer sueldo y recién entonces el acceso al crédito. Hoy ese recorrido parece haberse invertido ya que cada vez más jóvenes comienzan su vida financiera con una deuda y, en muchos casos, ingresan antes al registro de morosos del Banco Central que al mercado laboral formal.
Así lo señaló un informe del Banco Provincia que reveló que 9 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 21 años entran en mora antes de conseguir un empleo, una señal que expone cómo el crédito dejó de ser la consecuencia de un ingreso estable para convertirse, muchas veces, en un sustituto frente a la falta de ingresos.
El relevamiento advirtió que el deterioro es especialmente marcado entre los más jóvenes. Mientras la irregularidad del crédito al sector privado alcanzó el 7,3% en abril y la de los hogares llegó al 12,1%, en el caso de las personas de 18 a 21 años la tasa trepó al 39,3%, prácticamente el doble que un año atrás. Además, el problema es aún más pronunciado entre quienes acceden al financiamiento a través de empresas fintech, donde la irregularidad alcanzó el 43,4% (versus 36,8% registrado en bancos).

El fenómeno todavía alcanza a una porción relativamente reducida de los jóvenes —311.570 personas de entre 18 y 21 años con saldos activos, equivalentes al 13,2% del total de esa población—, pero la velocidad con la que se deteriora su capacidad de pago encendió las alarmas. Según la entidad, el problema no responde únicamente a un mayor acceso al crédito sino a la fragilidad de las condiciones económicas en las que se produce esa inclusión financiera.
No obstante, el 37,4% de quienes fueron “incluidos” en 2025 terminó en mora, lo que implica que “aproximadamente 123 mil jóvenes pasaron rápidamente de la inclusión a la exclusión financiera”, precisaron.
A su vez, cuanto menor es la edad de ingreso al sistema, mayor es el riesgo de incumplimiento: entre quienes accedieron al crédito a los 19 años, el 44% cayó en mora, una proporción significativamente superior a la registrada entre quienes ingresan a los 21 años.
La precariedad laboral explica por qué la deuda explota
Detrás de este fenómeno aparece otro proceso que ayuda a explicar por qué cada vez más jóvenes llegan al sistema financiero sin ingresos suficientes para sostener sus deudas: el deterioro de las condiciones de inserción laboral. El acceso al primer empleo formal se volvió más tardío e inestable, mientras crecieron las formas de contratación precarias y los trabajos de bajos ingresos, una combinación que deja a una parte importante de la juventud dependiendo del crédito para financiar gastos cotidianos.
En esa línea, un documento reciente del Centro de Innovación de las y los Trabajadores (CITRA) mostró que más de la mitad de las nuevas inserciones laborales son precarias y que cuatro de cada diez jóvenes atraviesan situaciones de inestabilidad laboral, entre empleo informal, desocupación o trabajos intermitentes: la fragilidad entre los jóvenes ascendió al 45,7% (entre las personas adultas se ubicó en 32,1%), el déficit de empleo alcanzó el 37,1% y entre las mujeres jóvenes, se elevó a 38,5% y la precariedad laboral escaló al 58,7%.
En ese contexto, el informe al que accedió este meio señaló que el 92% de los jóvenes de entre 18 y 21 años que cayeron en mora no tiene empleo registrado en relación de dependencia, y que, incluso ampliando la mirada a otras formas de actividad, el 90% no registra ningún tipo de ocupación independiente formal. Es decir, para la enorme mayoría de quienes ingresan tempranamente en el sistema financiero, el crédito aparece, paradójicamente, antes que una fuente de ingresos.
El resultado es una inversión de la trayectoria tradicional de ingreso a la vida económica. Si durante años el trabajo era la puerta de entrada al sistema financiero, hoy una parte de los jóvenes accede primero al crédito y recién después —si logra hacerlo— al mercado laboral formal. En otras palabras, la vida financiera empieza antes que la vida laboral.
De este modo, la expansión del crédito, cuando no está acompañada por condiciones mínimas de estabilidad económica, puede derivar en trayectorias de inclusión fallida: “la ilusión de la inclusión radica entonces en esta paradoja, el acceso al sistema financiero no garantiza integración sostenida, y puede incluso anticipar episodios de exclusión más profundos y duraderos”, remarcaron los especialistas.
La deuda condiciona el futuro
La preocupación, sin embargo, va más allá del crecimiento de la mora. El mayor riesgo es que una parte de esta generación comienza su vida adulta con un historial crediticio deteriorado, una condición que puede acompañarla durante años y limitar su acceso a nuevas oportunidades financieras.
"Incluso cuando parte de estos jóvenes logre regularizar su situación, el historial crediticio quedará deteriorado, lo que limita el acceso futuro a financiamiento en mejores condiciones", alertó el trabajo. Esa marca puede traducirse en mayores dificultades para acceder a nuevos préstamos o conseguir mejores condiciones de financiamiento y, en algunos casos, también complicar otros proyectos que suelen requerir un buen historial crediticio, como alquilar una vivienda.
Los datos exhibieron, además, que el problema no parece ser un episodio transitorio. Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) revelo que los jóvenes de entre 15 y 29 años son el grupo con mayor proporción de deudores "irrecuperables" —aquellos que acumulan más de un año de atraso en el pago de sus obligaciones—: el 24% de quienes tienen créditos se encuentra en esa situación. Además, en apenas un año la cantidad de deudores irrecuperables en esa franja etaria creció un 87%, el mayor incremento entre todos los grupos de edad.
La combinación entre inserciones laborales cada vez más precarias y un deterioro acelerado del historial financiero configura un nuevo punto de partida para una parte importante de los jóvenes argentinos. En definitiva, más que un problema de endeudamiento, los informes describen un cambio en el punto de partida de toda una generación. Si durante años los jóvenes comenzaban su vida adulta construyendo un historial laboral, hoy una parte de ellos empieza construyendo un historial crediticio y ese historial, lejos de abrir puertas, puede empezar cerrándolas.
Por.Eugenia Rodríguez / El Destape

























