Los números son implacables y fundamentales para dar cuenta del padecimiento que está teniendo un sector de la economía que “se siente en la calle”. La crisis del consumo -que junto a la industria y la construcción son los rubros más afectados por la recesión- escala en el Gobierno de Javier Milei a niveles pocas veces vistos. Lo que en el inicio de la gestión libertaria era una preocupación de los empresarios de producción de alimentos y supermercados por la situación de las ventas, entró en un terreno peligroso. Es que la falta de rotación de productos por la caída de la demanda hizo que aumenten a niveles importantes las pérdidas de las empresas. Es creciente la cantidad de mercadería que sale de la venta y son cada vez más los consumidores sorprendidos por productos vencidos o muy cerca de la fecha de vencimiento. Esto se da en un escenario donde la oferta en comercios lleva, en algunos casos, más de dos años de caída y con sectores bajando entre 10 y 20 por ciento los volúmenes de venta interanual. En paralelo, como la crisis derrumbó un negocio de volumen que nació en el menemismo y se sostuvo parejo hasta hoy, los supermercados ajustan vía cierres de sucursales, despidos y un fenómeno inédito: para recuperar costos alquilan sus superficies para que se instalen gimnasios, canchas de pádel y fútbol.
Un informe de la consultora GS1 al que accedió Página I12 muestra que la cantidad de mercadería desechada se duplicó desde que Milei es Presidente. Y esto responde a que el consumo sigue en caída libre porque los ingresos poblacionales están planchados por decisión oficial de tenerlos como anclas del proceso de desinflación forzosa. Además, la novedad es que los productos “vencidos” ya igualan en porcentaje a aquellos que salen de la venta por otras razones técnicas. En la misma línea, el rubro Bebidas, muy sensible e importante, ya se “vence” tanto como los productos frescos, que por razones naturales salen de la góndola muy rápido.
Hay un indicador interno que manejan las empresas que identifica el desperdicio de mercadería que, por una u otra razón, sale de la góndola. Calculan -que es lo que se ve en el informe de GS1- cuál es el desecho sobre el total de toneladas vendidas. Durante la era del último kirchnerismo, lo que “tiraban” de mercadería los súper estaba algo arriba del 1 por ciento del total vendido. En 2021, ese número fue del 1,8 por ciento y en 2022 bajó a 1,6 por ciento. Esa merma, tal el término técnico, se instaló en casi 1,8 por ciento en 2023. Con la llega de Milei, el número se disparó al doble, porque la devaluación del inicio de la gestión no sólo desató una inflación voraz, sino que los sueldos deprimidos empezaron con su primera tanda de restricción de consumo.
Luego se acomodó algo a la baja en el inicio del 2025, pero en agosto/septiembre de ese año saltó de 2,16 por ciento del total vendido a 2,91 por ciento. A fines del 25 volvió a cerca del 2,6, nivel altísimo que sostiene hoy y que, según los comercios, tiene tendencia al alza, sobre todo porque observan que la caída en las ventas continúa.
Además del aumento del volumen de la mercadería que se va a la basura por diferentes razones, la crisis de Milei instala dos datos nuevos: el primero es que salen de la venta alimentos y bebidas que históricamente no se vencían. El segundo, que los supermercados están obligados a achicar la góndola de lo que no se vende. Eso ocurre, sobre todo, con Bebidas, que en cualquier medición tiene caídas de ventas superiores al 10 por ciento.
Es tan grave el panorama que ese sector saca de góndola la misma cantidad de desecho que productos frescos como frutas y verduras, que naturalmente rotan más rápido. Los números de GS1 afirman que el 20 por ciento del desperdicio de los supermercados tiene que ver con rotura de empaques, algo natural. Pero el otro 20 es por vencimientos, problema de rotación de los productos. Mercadería que termina su vida útil sin ser consumida.
Administrar la malaria
“Hoy no te podes sobrestockear porque se te da vuelta el negocio”, admite Fernando Savore, vicepresidente de la Cámara de Autoservicios Bonaerenses. El empresario ve el fenómeno, también, en los locales más chicos. Dice que “hoy compramos para hacer reposiciones de 7 días o menos, los depósitos están vacíos”. Los comercios pequeños le buscan la vuelta vía precios para sostener la venta y colocar productos más baratos y de terceras marcas. “Yo vendo una gaseosa segunda o tercera marca a menos de 2000 pesos la botella, cuando la Coca Cola cuesta 6000 pesos. Eso ya es un gusto para un cumpleaños o un evento especial”, admite Savore.
Los grandes proveedores de Bebidas, además, saben del riesgo de los vencimientos y la mercadería que está cerca de expirar la colocan en quioscos o comercios con salida a la calle, para intentar venderlo. A veces, ni así lo logran. También reconocen los hipermercados que con la caída de los acuerdos de precios hoy sobra mercadería que antes entraba ocasionalmente porque los proveedores no la entregaban. “Vos ves la góndola con casi todo, pero hay un problema mayor, no se vende”, se alarmó un ceo de un híper de capitales foráneos.
El asunto, para los empresarios del retail, siguen siendo los sueldos: hace unas horas, un informe de la consultora C+P, que presiden Federico Pastrana y Pablo Moldován, mostró que la masa de ingresos formales se encuentra 10 por ciento por debajo de los niveles de noviembre del 2023. “En una perspectiva histórica, como consecuencia del sesgo del programa de estabilización, los ingresos se consolidan en niveles bajos”, argumentan.
Para las grandes superficies, que nacieron en los años ´90 con el boom de ingreso de capitales extranjeros y se instalaron con mega locales, el esquema económico de Milei es una guillotina cayendo sobre ellos. Esta economía direccionada a que ganen las actividades extractivas pone a los negocios convencionales a evaluar peripecias propias de economías subdesarrolladas.
La última novedad es que como el negocio ya no da dinero en volumen para sostenerse operativamente, las cadenas compensan el pago del alquiler con el sub alquiler de sus estacionamientos o metros dentro de la misma superficie techada a otros emprendimientos.
En el inicio, muchos fomentaron la apertura de mini shoppings o locales comerciales, pero ahora van más allá. Se multiplican las reuniones de empresas de gimnasios, canchas de fútbol y, sobre todo, de pádel, con dueños de supermercados para pedirles que les alquilen el lugar para instalarse. Muchos de los que están en el Conurbano, de hecho, ya las tienen. Volvieron los ´90, el pádel, los importados, y la crisis. Milei tiene razón.



























