




Por alguna maldad del destino, toca disfrutar de Messi y estos muchachos mientras todo alrededor se derrumba. Una realidad nacional que no da respiro en lo económico desde hace varios años, ni en lo sentimental en estos días de luto. O acaso sea un guiño piadoso del azar, que con tantas razones para desesperanzarse pone sobre la mesa a este grupo de amigos que la rompe jugando a la pelota y permite volverse a ilusionar.


Con casi 39 años, a Messi no se le escapa una. De manera figurada y literal: su primera ovación durante el partido vino de una acción defensiva. El 10, el capitán, el mimado, la cara del Mundial, arremangándose de entrada en campo propio, marcando el tono en su partido número 200. Y no fue la única, al ratito volvió a ganar abajo. Prácticamente irreconocible y no precisamente porque desde la cabina de prensa ubicada en el último piso del Arrowhead se viera poquito. ¿Qué sentido tiene hacer estadios tan altos si la cancha sigue teniendo el mismo tamaño? Hasta los pájaros parecían esforzarse por volar delante del vidrio a esta altura. Cosas de yanquis.
Como aspecto negativo, el equipo pareció depender en exceso del ingenio de su capitán para generar en ataque. En parte porque fue una locura lo que hizo dentro de la cancha y otro tanto porque todas las pelotas pasaron por él, buscado un poco más de lo debido por sus compañeros (al fin y al cabo, los más cuerdos). Pero es su último tango y todos lo saben, también la gente. “Que de la mano de Leo Messi, toda la vuelta vamos a dar”, respondió al segundo gol un estadio teñido de celeste y blanco, con algunos puntos verdes y también rojos, el color de los asientos, varios llamativamente vacíos luego de todo el drama por el precio de las entradas. Al tercer gol, en cambio, ya fueron sonrisas incrédulas más que ovaciones.
Y lo saben también los pibes Mbappé y Haaland, que arrancaron el Mundial presentando sus credenciales, y los no tan pibes Ronaldo y Klose. El alemán ahora tiene compañía rosarina en el primer puesto de máximos goleadores mundialistas (16). El “Gordo” ya lo mirá desde atrás.
Por Argelia, qué decir. Prometió un poco más de lo que dio, aunque metió un lindo susto de entrada, sólo curado por el VAR. Se jugará la vida en la próxima fecha con Jordania. Igual, contra un Messi así no hay quien lo salve. Ni siquiera un pendrive olvidado, lleno de goles.
Por Cristian Dellocchio / P12
























