El problema de fondo es otro y, aunque pocos lo admitan en público, también preocupa a Milei. El Gobierno sabe que su plan económico es una máquina de expulsar argentinos fuera del sistema y su manual de instrucciones no tiene forma de incluirlos. Con la morosidad en niveles récord y más de 6 millones de personas con problemas para pagar sus deudas, Milei y Luis Caputo acaban de lanzar un nuevo intento que delata la desesperación de fondo: el regreso del crédito en dólares. Tal como reveló El Destape el fin de semana, en Economía admiten que Milei y Caputo violaron la sagrada independencia del Banco Central y obligaron a Santiago Bausili a firmar la comunicación “A” 8446, con la que no estaba de acuerdo. Es un punto de quiebre con la normativa que estaba escrita en piedra desde el estallido de 2001 porque permite que empresas que no generan dólares puedan acceder a los depósitos de los ahorristas si consiguen un aval de exportadores.
El objetivo del Gobierno no es solo cumplir con una demanda de los bancos: pretende que repunten la actividad inmobiliaria, la construcción y la venta de autos y maquinaria agrícola. Se acabaron los préstamos en pesos para millones de familias pero vuelven los créditos en dólares para grandes empresas, incluso las que no generan divisas. Es una variante -riesgosa- que ensaya el Gobierno para reanimar la actividad económica en sectores que vienen cayendo. La otra es la privatización de los Corredores Viales, algo que todavía no arranca. Son alternativas que activa la extrema derecha para ver si logran perforar el techo de los apoyos que tiene. Saben que defienden un modelo al que le sobran 30 millones de argentinos.
El problema quedó explicitado en las últimas horas con un hilo de Sebastian Galiani que compartían entre miembros del gabinete de Milei. Ex funcionario económico de Mauricio Macri, Galiani defendió el modelo de Milei y consideró que lo importante no es la caída de la industria sino la riqueza per cápita que se genera con el rumbo económico. Pero en ese mismo posteo, Galiani alertó sobre lo que considera un riesgo. “La verdadera enfermedad que debería preocuparnos no es la holandesa, sino la del populismo económico”. El ex secretario de Política Económica y viceministro de Hacienda entre enero de 2017 y junio de 2018, consideró que el mayor riesgo para Milei es que lo que denomina “la nueva riqueza” altere los equilibrios políticos y “genere demandas de redistribución o de políticas populistas si una parte importante de la población percibe que no participa de sus beneficios”. Es lo que viene pasando desde el inicio, pero que en el tercer año del experimento libertario queda más claro que nunca.
Según la consultora Equilibra, las reservas del Banco Central son negativas en 5630 millones de dólares y ni siquiera los viajes de argentinos al Mundial alteran la calma financiera. A eso se suma una inflación que parece haber dejado de subir. Sin embargo, en esencia el modelo es el mismo. En los términos de Galiani, millones de argentinos se dan cuenta de que no participan de los beneficios del boom exportador. Las dos escenas pueden convivir: un modelo estable -que no genera empleo ni mejora los ingresos- condena a las mayorías y las empuja a encontrar una alternativa que le ponga fin a Milei en 2027. La oposición tiene sus propios dilemas por resolver pero la dinámica de fondo es clara: el “éxito” del modelo Milei construye una mayoría en su contra.



























