El tablero internacional voló por los aires este martes.Pedro Sánchezse preparó para una de las batallas diplomáticas más duras de su gestión luego de queDonald Trumpanunciaraun bloqueo comercial total contra España. El detonante fue la negativa de Madrid aceder sus bases militarespara la ofensiva contraIrán, una decisión que el mandatario norteamericano tildó de "terrible". Sin embargo, la respuesta española no se quedó en el silencio: advirtieron que el paísno acepta lecciones de nadiey que la autonomía nacional está por encima de cualquier presión arancelaria.
Aunque Sánchez reservó sus declaraciones para una conferencia de prensa este miércoles, su gabinete salió al cruce de inmediato. La vicepresidenta segunda,Yolanda Díaz,fue la más tajante al afirmar que España es un país de paz que no cede ante el autoritarismo de un"país agresor". El mensaje buscó dejar en claro que, si Washington quiere mantener un aliado estratégico en el territorio, debe empezar por respetar elDerecho Internacionaly la soberanía de las decisiones que se tomaronen suelo español.
Yolanda Díaz fue categórica y afirmó que su país "no cederá ante la presión"
LaUnión Europeano tardó en blindar la posición de Madrid para evitar un efecto dominó en el continente. El portavoz de Comercio de la Comisión,Olof Gill,aseguró que el organismo velará por la integridad del comercio europeo y exigió a Trump querespete los compromisos firmados. En Bruselas, la sensación fue de unidad absoluta: la UE no permitió que un socio sea castigado por negarse a participar deuna guerra,y instruyó a los suyos para frenar cualquier intento de embargo arbitrario.
El cancillerJosé Manuel Albarestambién fijó postura al defender la necesidad de una desescalada enMedio Oriente. Desde elMinisterio de Relaciones Exterioresmarcaron que España es un socio fiable para 195 países y que cuenta con la espalda suficiente para contener posibles impactos en su economía. Para el Gobierno, la actitud de Trump representó undesconocimiento de la relación histórica beneficiosapara ambos países, por lo que instaron a que "la cordura vuelva a la Casa Blanca" antes de que los negocios se vayan a pique.
En tanto, el clima interno en España se polarizó al ritmo de las noticias que llegaban desde Washington. Mientras el oficialismo cerró filas con Bruselas, la oposición cargó contra Sánchez acusándolo de arruinar el comercio nacional por"frivolidad ideológica".Sin embargo, el Ejecutivo ratificó que no se dejará amedrentar por las amenazas de Trump, quien aseguró durante su encuentro con el canciller alemán que podría aplicar embargos y"hacer lo que quiera"con la economía española.
El centro del conflicto se ubicó en las bases deMorónyRota, puntos estratégicos que Trump pretendía usar sin restricciones para su incursión en Irán. El Gobierno de Sánchez mantuvo su negativa basándose en los tratados vigentes y en la decisión de no involucrar a España en una ofensiva queno cuenta con el encuadre de la ONU.Para la administración de Trump, este gesto fue visto comouna traición, lo que motivó el anuncio de cortar todo comercio con una nación que, según el republicano,"no tiene nada que Estados Unidos necesite".
La reacción de la oposición local no se hizo esperar y sumó leña al fuego de la crisis diplomática.Alberto Núñez Feijóo(PP)señaló que Sánchez es un"terrible aliado"y que su gestión perjudicó los intereses españoles frente a lo que el propio presidente llama un "régimen odioso" en Irán. Por su parte,Santiago Abascal (Vox)tildó al mandatario de "miserable" y vaticinó que su política exterior será una catástrofe para los exportadores españoles que ahora quedaron en el centro de la mira de los aranceles estadounidenses.
A pesar de los ataques internos, la Comisión Europea insistió en que su posición de defensa de los estados miembros no cambió ni cambiará. La batalla ahora se librará en los organismos internacionales de comercio, donde Madrid y Bruselas intentarán demostrar quela soberanía de un paísno puede ser moneda de cambiopara acuerdos bélicos. Por ahora, todas las miradas están puestas en la palabra de Pedro Sánchez, quien deberá definir el rumbo de la resistencia española ante el avance de un embargo que promete cambiar las reglas de juego internacionales.