







Por su centralidad en la identidad alimentaria local, históricamente el consumo de carne de vaca explicó el panorama salarial del país. Cuando disminuye la economía va mal y cuando crece es sinónimo de recuperación del poder adquisitivo y dinamismo del aparato productivo. El precio promedio del asado -ajustado por inflación- entre 1996-2025 fue de 10.449 pesos, mientras que en la actualidad se ubica en los 15.340 pesos: un 47 por ciento más que el valor histórico, en un contexto donde, además, los sueldos están pisados y el pago de los servicios públicos se lleva una tajada importante de los ingresos. En enero del 2008, el salario del sector privado equivalía a 277 kg de asado y en enero de 2024, a solo 122 kilos.
Desde que asumió Javier Milei las compras en comercios y supermercados se desplomaron, con apenas una pausa de pocos meses. Los últimos datos publicados por el Indec muestran una contracción de las ventas en super del 10,2 por ciento entre enero y noviembre de 2025 contra 2023, y que dos de cada tres hogares tiene dificultades para llegar a fin de mes. De quienes no llegan, el 48 por ciento se endeudó y el 35 por ciento vendió ahorros para cubrir gastos básicos.
Según una encuesta de la consultora Pulso Research en base a esta problemática, de las 2.800 entrevistas que realizaron a nivel nacional, el 41,2 por ciento aseguró que redujo el consumo general de alimentos y bebidas, y el 24,3 por ciento que restringió el de carne roja.
La burla como única respuesta
Recientemente, un funcionario del equipo del ministro de Hacienda, Luis Caputo, levantó polémica cuando desde redes sociales cuestionó a otro usuario que se quejaba por el precio del asado. El asesor Felipe Núñez, se burló: “11 lucas sale el asado, 7,5 dólares… No se ve en ningún lado. No saben qué inventar estos kukardos”. Las críticas no demoraron. La que tuvo más rebote fue un ticket fechado el 26 de enero de este año, con la lista de precios de un frigorífico: 14.400 pesos el asado completo, 13.900 pesos, la plancha; 16.750, el vacío; 20.000, la entraña.
A la contracción del poder adquisitivo que limita las posibilidades de acceder a un producto básico de la dieta nacional, se le agrega otro factor determinante para el aumento del precio de la carne en el mercado interno: el incremento de las exportaciones.
“El consumo de carne de res en Argentina ha disminuido considerablemente entre los años 1990 y 2025, pasando de 52 a 30 kg por habitante por año. Esto implica que durante los últimos 35 años, el consumo de carne vacuna se ha reducido en torno al 42 por ciento”, detalla el reporte elaborado por el instituto Ineco de la UADE.
Tanto la tendencia, como la realidad económica de los trabajadores, indica que los números para los años siguientes empeorarán las estadísticas. En diciembre de 2024, el informe de la Cámara de la Industria y el Consumo de Carne de la República Argentina (Ciccra) advirtió que marcó un mínimo histórico.
Las vaquitas son ajenas
En los últimos 23 años, los envíos hacia otras latitudes pasaron de 159 a 524 millones de kilogramos. “El valor de las exportaciones se incrementó en el mismo período en más del 900 por ciento. Esto evidencia incrementos en el precio internacional de la carne de res, lo que genera presiones sobre los precios internos de la carne en Argentina y, como consecuencia, en la caída en los niveles de consumo per cápita de carne vacuna”, explica el informe de Ineco.
La profundización de la relación comercial con China y los acuerdos con Estados Unidos, ambos demandantes en el mercado local, encarece un producto popular, que se volvió privilegio al que las mayorías no pueden acceder. La administración libertaria, en este caso, opta por garantizar el ingreso de divisas antes que la mesa familiar. Lo mismo sucede con los combustibles y otros productos vinculados a los sectores primarios.
Cambio forzado
Ante la baja del consumo de carne, el discurso oficial argumenta que se trata de una elección individual y una tendencia preferencial hacia otras carnes como el cerdo y pollo. Sin embargo, más que un cambio de época, los números dan cuenta del proceso de destrucción salarial que limita las posibilidades de optar por un producto básico que se transformó en lujo. Lo que no se modifica es la cultura alimenticia respecto a incorporar proteínas y al encuentro en torno a una parrilla, siempre que sea posible. Allí otros animales aparecen como las alternativas más económicas.
“Mientras el consumo de carne ovina y vacuna se redujeron; el de pescado se mantuvo relativamente constante y el consumo de carne porcina y avícola se ha incrementado considerablemente; el primero, 250 por ciento; y el segundo, 380 por ciento”, analizó Ineco.
En 1990 cada habitante de Argentina, en promedio, consumía 10 kilos de carne vacuna por cada kilo de pollo. En 2025, la relación se encuentra casi en la paridad: “por cada kg de pollo se consume casi otro kg de carne de res”, detalla la publicación.
La caída del consumo de carne vacuna, en términos absolutos, implica una reducción aproximada de 22 kg por habitante al año entre 1990 y 2025 (pasó de 52 a 30 kg).
El supuesto cambio de hábito responde en realidad al cepo al salario que implementó el Ejecutivo. Con paritarias debajo de la inflación, los sueldos no se recuperan desde la brutal devaluación que decidió Milei apenas se hizo cargo de la presidencia. La cantidad de kilogramos de pollo que se pueden comprar con uno de asado se duplicó durante los últimos 25 años y se aceleró en este tramo. Solo en 2025, algunos cortes vacunos alcanzaron aumentos del 70 por ciento. Respecto al 2023, la compra de carnes rojas cayó 7,8 por ciento.
“Mientras en el 2000 un consumidor debía elegir entre comprar 1 kg de asado o 2 kg de pollo, hoy decide entre comprar 1 kg de asado o 4 kg de pollo”, destaca el reporte.
De acá en adelante, “se observa una tendencia ascendente de largo plazo con episodios de volatilidad, consistente con el desplazamiento del consumo hacia proteínas más baratas”, concluye el documento.
Índice Big Mac
Argentina se ubicó como el segundo país más caro del mundo, en un producto elaborado con carne. La publicación del último Índice Big Mac, que realiza la revista británica The Economist reveló cuánto cuesta comprar el combo de McDonald ‘s en distintas partes del mundo.
El ranking muestra que el país escaló posiciones y con un valor de 7,37 dólares quedó por muy poco debajo de Suiza, donde el menú tiene un precio de 7,99 dólares. El indicador valida las quejas del empresariado nacional respecto de la alta inflación de los costos en dólares.
Otro lugares como Estados Unidos (5,79 dólares) y la Zona Euro promedian valores inferiores. Además, Argentina superó a destinos históricamente más caros como Uruguay (6,91 dólares), Noruega (6,67) e Italia (6,42).
A nivel interno, el abismo es mayor si consideramos que los salarios están muy atrás de los que se pagan en esas economías.























