El desafío vital que enfrenta la CGT

Actualidad - Nacional01/02/2026
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El proyecto de reforma laboral que impulsa el gobierno de Javier Milei no tiene una coma o un punto a favor de los trabajadores. No beneficia a los gremios estatales, a los de servicio, del transporte ni de la industria y mucho menos de la construcción. A ninguno. Es una sumatoria de artículos que destruyen los derechos de los trabajadores, la organización sindical e incluso artículos de la Constitución. Fue escrito por los estudios jurídicos de las más grandes empresas del país que ven a los sindicatos como enemigos. Tal vez por eso la Rosada nunca los convocó a pesar que desde la conducción de la CGT, la actual y la anterior, se enviaron señales de disposición a la negociación. El gobierno, en cambio, eligió a los gobernadores, como si fueran los representantes de los trabajadores. En este contexto, la central obrera enfrenta uno de los mayores peligros de los últimos años sin una estrategia que unifique a los sectores dialoguistas y confrontativos. Febrero ya comenzó y la moneda que se siente en el aire es la que define la suerte los trabajadores y sus derechos laborales.

Curiosamente, una alternativa que puede favorecer a los trabajadores está en la avaricia y en esa cuota de crueldad que el gobierno nacional le aplica a todas sus políticas. Lo que reclaman los gobernadores es modificar la baja del impuesto a las Ganancias que es justamente coparticipable. Milei se niega a ceder en eso.

Los gobernadores dicen que pueden juntarse y presionar todos juntos, pero no para voltear el proyecto sino para que le concedan este reclamo. Entonces, a lo sumo, la movida puede llegar a postergar el tratamiento del dañino proyecto.

Se podría decir que en este tiempo hay por lo menos dos posiciones dentro de la CGT, la central obrera más grande del país. Si bien los dos grupos rechazan la reforma laboral, hay uno que propone confrontar, movilizar, rechazar y hasta parar. El otro, el que conduce la CGT, insiste con la estrategia de tres patas: diálogo con gobernadores y legisladores; el recurso judicial y, por último, las medidas de acción directa.

Los que confrontan

La propuesta combativa no es de ahora. Desde el año pasado, cuando había transcurrido tiempo de la última medida de acción directa de la CGT, un sector encabezado por el metalúrgico Abel Furlán, venía impulsando un cambio en el perfil de la central obrera: más confrontativo contra un gobierno libertario que se asentaba y al que se le debía frenar todas las políticas que promovía.

El triunfo electoral del gobierno en octubre pasado profundizó esta propuesta. Pero no encontró eco, al menos en los grandes gremios que definen la vida de la CGT. Se eligió el nuevo triunvirato que si bien renovó rostros, lo cierto es que mantiene el perfil dialoguista.

“Yo prefiero morir peleando. No quiero que los trabajadores me reclamen el no haber hecho nada”, suele repetir cada vez más el secretario general de la UOM, Abel Furlán. Y en ese contexto es el que promovió la formación de lo que ahora se conoce como el Frente Sindical Unido (FreSU).

En el FreSU conviven gremios de la CGT, como la UOM, la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) que lidera Pablo Biró, la Federación de Aceiteros de Daniel Yofra, La Fraternidad de Omar Maturano, entre otros, y todos los sindicatos que le dan forma a las dos CTA. El objetivo, al menos por ahora, es impedir la sanción de la reforma laboral. Son algo más de 50 organizaciones sindicales que tras dos encuentros acordaron un primer plan de acción.

Hay por lo menos tres marchas previstas. El 5 en Córdoba, el 10 en Rosario, Santa Fe y 11 de febrero frente al Congreso porque ese día el oficialismo quiere llevar el proyecto al recinto del Senado. Los gremios parte del FreSU no descartan llamar a paros en sus respectivas actividades, lo tienen aprobado en asambleas.

En este grupo hay preocupación. No le confían a los gobernadores qué rápidamente se consideraron actores de este debate y que buscan su tajada, la coparticipación de ganancias. “Que no utilicen a los trabajadores como moneda de cambio para conseguir lo que no han sido capaces de lograr en la discusión con el gobierno nacional”, advirtió Furlán. “Tenemos que hacerle pagar el costo a aquellos gobernadores que acepten esta ley tal cual está”, bramó Yofra.

El martes se reunirá la Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina (CSIRA). Una organización que aglutina a gremios como la UOM, Smata y hasta la Uocra, y que tuvo una posición dura frente a la reforma. Se lo hizo saber a la conducción de la CGT en diciembre pasado, pero después entró en una especie de cono de silencio. Se espera que ese día haya un anuncio de este grupo de gremios que representan actividades están duramente castigadas por el plan económico.

Los dialoguistas

Acá están los que conducen la CGT. Los que estaban antes y los que están ahora. Desde un primer momento avisaron que la estrategia es repetir lo que se hizo desde el primer día del gobierno de Milei: si el diálogo con el gobierno no fluye recurrirán a la justicia, hablarán con gobernadores y legisladores y las medidas de acción directa.

Eso ocurrió durante el primer año de gobierno libertario. Frenaron los capítulos laborales del DNU 70/2023, hablaron con los legisladores para frenar la primera ley ómnibus y realizaron paros y movilizaciones. Luego entraron en otro cono del silencio.

La llegada de los nuevos triunviros no modificó este esquema y anunciaron que lo van a utilizar. De todas maneras entre los tres cosecretarios generales, Cristian Jerónimo, Jorge Sola y Octavio Argüello, hay diferencias.

Desde un primer momento Sola, titular del gremio del seguro, habló de introducir modificaciones al proyecto de ley. No habló de rechazo total sino quitar los artículos más dañinos. Jerónimo apuntó siempre a la totalidad del proyecto. En sus últimas declaraciones públicas lo explicitó: “Este proyecto lo rechazamos de plano”, dijo. Luego advirtió que “el Gobierno se va a dar cuenta que no tiene el número para la reforma laboral” porque, dijo, los gobernadores “no están dispuestos a firmar a libro cerrado este proyecto”.

Con respecto al FreSU, lo que dicen es que “no es bueno que los sindicatos se muestren separados”. Sin embargo, no hay plan de acción ni convocatoria a un Comité Central Confederal.

De todas formas es muy posible que el día que se debata el proyecto, ambos sectores se encuentren en la calle. Al menos eso es lo que se espera.

El futuro

Ninguno de los sectores de la CGT habla del día después de la reforma laboral. Ni siquiera hacen referencia a un escenario de rechazo del proyecto, que es el mejor de todos. Entre los confrontativos tampoco hablan de ello, aunque alguno recuerde la existencia del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), que nació en los años del neoliberalismo menemista, que se abrió de la CGT y confrontó esas políticas que incluyeron un proyecto de reforma laboral casi calcado al que está hoy en el Senado.

Por Felipe Yapur / P12

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