







Freud, al final de su artículo El malestar en la cultura, de 1930, se pregunta, sin optimismo hacia el progreso, cuál de las dos fuerzas pulsionales, Eros o Tánatos, resultará triunfadora en el futuro, pues “nuestros contemporáneos han llegado a tal extremo en el dominio de las fuerzas de la naturaleza que con su auxilio les resultará fácil exterminarse unos a otros hasta el último hombre”.
Hoy nos dan a ver en las pantallas cómo soldados armados exterminan miles de civiles y los bombardeos sobre viviendas, hospitales, escuelas, exterminan un país, una cultura milenaria: Gaza. Triunfa Tánatos.
El filósofo Byung-Chul Han dijo que resumiría su obra en una frase: “El otro desaparece en esta época”.
El capitalismo fue más allá de sus reglas de acumulación. Llegó a la financiarización de la vida. Tecnocapitalismo lo llama Varoufakis, exministro griego que no pudo salvar a su país del derrumbe cuya consecuencia fueron miles de suicidios y la transformación en una colonia europea endeudada hasta el 2060.
En la historia de la humanidad no faltan guerras, genocidios, esclavitud, campos de refugiados, de concentración y todo tipo de flagelos, pero lo que nos parece novedoso es la “exhibición de estos hechos de crueldad” en democracia. Se dice que son “democracias de baja intensidad”. Es la estamos viviendo en nuestro país.
Dice Sergio Zabalza: “Allí donde el Amo sume en la confusión al pueblo, se gestan las condiciones para las infames manipulaciones y los actos de rapiña con que satisfacer la insaciable sed del explotador”: el Mercado.
Las redes están cambiando el lenguaje. Con los algoritmos logran las respuestas subjetivas que planea el poder: ser consumidores consumidos por objetos o sustancias, ser odiadores, ser autoexplotados y creerse libres, ser indiferentes, etc.
Hace pocos años la humanidad vivió un padecimiento tremendo: una pandemia. Sus efectos siguen vigentes. Además de millones de muertos dejó a gran parte de la población mundial, según la OMS el 25 por ciento, con depresión o estados de ansiedad.
Produjo intensos miedos con los que se logra manipular a las poblaciones. Fue aprovechado por las ideologías de ultraderecha para estimular el odio hacia el otro, cambiar el sentido de las palabras y cortar los lazos comunitarios y solidarios. Hacían todo para provocar muertes: marchas, quemas de barbijos, negarse a la cuarentena o ser antivacunas cuando las hubo. Cuando no las hay, lo único que se puede hacer para evitar contagios es la cuarentena. Lo dice Philippe Ariès en su libro La muerte en Occidente.
Transformaron lo que era cuidado en: ”nos encerraron”. En el Derecha Fest, uno de los libertarios vociferaba repitiendo: “Nos encerraron” con la clara intención de generar odio hacia la oposición que llaman “los kukas” y los consideran enemigos a destruir.
La libertad que pregonan es la del Mercado.
Ese tratamiento del lenguaje lo hacían los nazis: por ejemplo, llamaban “cucarachas” a los” judíos”.
Se empieza por el lenguaje y se sigue con los hechos, decía Freud.
Otro efecto de la pandemia son los duelos. Algunos imposibles de elaborar se transforman en melancolía, con el odio que comporta. Esto también fue aprovechado por las ultraderechas que se vigorizaron en Occidente.
Si tendrán consecuencia los duelos, que Freud ante la muerte de su hija Sophie, en pandemia, cambió su teoría planteando que hay seres insustituibles, a diferencia de lo que planteaba en su primera teoría.
Cuando los psicoanalistas hablamos de lo social no lo hacemos desde la sociología sino que Freud comienza su texto Psicología de las masas y análisis del yo de 1920 planteando que la psicología individual es al mismo tiempo psicología social o colectiva.
Trabajamos con las palabras, que son herramientas para el cambio no solo de nuestros pacientes sino de la sociedad.
En la constitución subjetiva está el otro como semejante, ayudante, colaborador y su otra cara, el prójimo como adversario, hasta enemigo a odiar o matar, raíz del racismo y de la discriminación.
La otra herramienta es el amor. Cuando Freud lo consideró insoslayable le dio el nombre de “transferencia”. Amor verdadero pero destinado a terminar. Los analistas estamos advertidos para no huir como hizo Breuer y utilizarlo en las curas. Lacan enlaza amor y saber. El analizante busca que el analista ocupe el lugar del sujeto con un supuesto saber, que es un lugar de estructura. Si le suponemos saber, lo amamos. El analista busca que el sujeto diga alguna verdad sobre su goce. Su apuesta al deseo inconsciente puede generar este amor no narcisista, más allá de la ley, pero no sin ella. Es el que hace condescender el goce al deseo.
Si bien la palabra enferma, también la palabra cura como el farmacon. A eso apostamos. Freud nos indicaba acudir a los poetas. Dice al respecto Héctor De Matine “...un elogio de la palabra, de su potencia como acto mediante un desvío por el lado de los poetas, desvío que no deja, al tratarse del psicoanálisis de constituir ... una vía regia, intentando algunos rodeos en torno al poder instituyente de la palabra, o, si se quiere a la función poética que la misma asume, en ocasiones, en nuestra experiencia...”.
El baño que nos brinda lalengua materna nos hace seres de lenguaje y nos da los significantes que forman el deseo inconsciente. Pero para que esto suceda tiene que intervenir como terceridad el nombre del Padre como prohibición del incesto, nominación e inscripción de la negación que hace que el signo funcione como significante y el hablar produzca equivocaciones o produzcamos actos fallidos.
Los analistas vamos a contramano del liberalismo, ya que para Lacan el discurso capitalista forcluye el amor porque ofrece infinitos objetos de goce masturbarorio.
A los objetos de la pulsión oral, anal, Lacan agrega la mirada y la voz, nombrándolos objetos “a” como su invento. El objeto voz es fundamental para producir fascinación en la masa.
Porque son pulsionales, los objetos de la necesidad están perdidos. Comer puede transformarse en una bulimia o una anorexia capaz de llevar a la muerte.
En cada cultura rigen leyes económicas, políticas y sociales, modos de producción y de distribución de la riqueza o de la miseria.
Tenemos la obligación ética de leer el malestar de esta época.
El sujeto responde con sus síntomas a dicho malestar.
Hoy en lugar de ser la represión el mecanismo imperante como en la sociedad victoriana, se nos impele a gozar superyoicamente, produciendo actings, pasajes al acto o adicciones.
En nuestros consultorios en cada cura acompañamos a que los sujetos puedan lograr, con sus síntomas, un sinthome, o sea, un saber hacer con ellos, transformándolos en los pequeños goces de la vida compartida con otros.
Es un rappi, así se los nombra. En el análisis encuentra el suyo. Trabaja 11 horas diarias arriesgando su vida con la moto. Me pregunto, espero que pueda cambiar esta situación. Le sugiero estudiar algo que le guste. ¿En qué tiempo?, pregunta. Estudiar no es garantía, pero es un paso. Es muy joven y eso da tiempo. Por ahora elije analizarse.
Por Estela Maidac * Psicoanalista / P12






















