Marcha firme hacia el abismo

Economía31/08/2025
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No era éste el escenario esperado por el gobierno para las semanas previas a las elecciones. Las presiones sobre el valor del dólar y el acentuado sesgo recesivo que imponen las elevadas tasas de interés revelan que algo falló en el esquema lógico elaborado por Javier Milei y Luis Caputo cuando lanzaron, en abril, lo que denominaron "la fase 3 del plan económico". A pesar del respaldo del FMI y los gestos de apoyo de parte de la Administración Trump, lo que se impuso fue la "desconfianza" en la viabilidad de un modelo que se fijó, como meta excluyente, terminar con la inflación.

Desconfianza manifestada por entidades financieras y fondos de inversión que se vieron atraídos por el dólar cuando el gobierno dispuso la unificación cambiaria con límites (franja de flotación), al igual que cientos de miles de particulares que pasaron a tener la posibilidad de ahorrar en dólares comprando en un banco al mismo precio minorista, prácticamente, que deben pagar los importadores.

Milei y Caputo no sólo se equivocaron al suponer que ese "levantamiento parcial del cepo" iba a ser interpretado como un signo de fortaleza del gobierno y, por lo tanto, iba a llevar a pensar que la "inestabilidad cambiaria" pasaba a ser tan sólo un recuerdo del pasado. Cometieron un error adicional de inmediato: sacaron al Banco Central del rol de regulador de la tasa de interés, al eliminar las LEFI. Cambiaron la política monetaria: en vez de fijar la referencia de la tasa de interés para el mercado, se le otorgó a las licitaciones de títulos de deuda en pesos del Tesoro el rol central de esa política. 

La competencia desatada entre tasas de interés y dólar fue el punto de partida para el caos actual, del cual el gobierno demuestra no tener salida, ni siquiera elevando al infinito las tasas que ya alcanzaron niveles insólitos  y están llevando, paulatinamente, a una parálisis generalizada de la actividad económica.

Pese a las medidas extremas tomadas por la conducción económica a lo largo del mes de agosto, fue incapaz de controlar la cotización del dólar. La paridad cambiaria volvió a cerrar la semana por encima de los 3500 pesos en su precio de venta minorista, tanto en bancos como en la plaza bursátil (contado "con liqui" y MEP) así como en el valor oficial del Banco Naciòn. 

Al no lograr revertir el atractivo por las divisas de sectores financieros y ahorristas particulares, la Secretarìa de Finanzas sigue subiendo las tasas de interés, convalidando en la última semana un rendimiento superior al 75 por ciento anual para las letras de plazos más cortos (Lecap a 30 días). Pablo Quirno, secretario de Finanzas, lo justifica señalando que son tasas muy elevadas pero circunstanciales, que sólo estarán vigentes por pocas semanas.  

Sin embargo, los actuales niveles más que duplican los vigentes a fines de julio (del 30 por ciento anual) y siguen subiendo semana tras semana. El impacto sobre las cuentas fiscales se disimula u oculta, a través de la capitalización de los intereses (en vez de computarlo como un gasto del mes, se lo acumula como nueva deuda para el mes siguiente). Así, se evita admitir que con el gasto de intereses, el superávit financiero dejò hace rato de ser tal, y pasó a ser un voluminoso déficit fiscal.

Además, hay un impacto directo negativo sobre la actividad económica. A este nivel de tasas desapareció el crédito, con lo cual los sectores que se recuperaban en base a financiamiento (electrodomésticos, indumentaria, motos, autos, inmuebles) dejaron de hacerlo. Creció exponencialmente el costo de financiamiento con tarjeta y el descuento de cheques para el comercio y la industria se elevo a un costo del 7 al 8 por ciento mensual. Cambiar un cheque a 60 días para contar con el efectivo le consume a la empresa prácticamente la totalidad del márgen de utilidad logrado en la venta. 

Y mientras Quirno afirma que este nivel es circunstancial, no hay operador económico, sea productivo o financiero, que no esté convencido de que las tasas de interés exorbitantes seguirán vigentes por por un buen tiempo. ¿Incluso después de las elecciones?

El último panorama semanal de la consultora Vectorial (que conduce Eduardo Hecker) advierte que, sin lograr restablecer la confianza en el actual esquema cambiario y con tasas de interés ya a nivel insostenible para la actividad productiva, la estrategia oficial va profundizando la fragilidad del modelo. La respuesta a las tensiones cambiarias sigue siendo la suba de tasas, porque el propio esquema oficial se quedó sin margen de maniobra. 

El gobierno sólo espera que un triunfo en las elecciones le devuelva la confianza perdida en el esquema cambiario y baje las tensiones. Pero si le saliera mal, el costo a pagar sería altísimo, dado los compromisos asumidos en altas tasas a plazos cortos, apuestas carísimas en el mercado de dólar futuro, más las consecuencias de la profundización de la recesión.

Y aunque le saliera bien (un resultado favorable en las elecciones), muchos dudan de que los agentes económicos restablezcan la confianza en el esquema cambiario con techo de cotización de 1501 pesos para principios de noviembre. En ese caso, para sostener este esquema, al equipo económico sólo le quedaría la opción de seguir profundizando el ajuste y la recesión. 

Si a la crisis económica se le suma la desconfianza política en el modelo (que, aparentemente, subsistirán ambas cualquiera sea el resultado electoral), en el horizonte sólo aparecen dos posibilidades para la actual política económica, tal como lo ha descripto el economista Horacio Rovelli: un final desastroso (si al gobierno le va mal en elecciones) o un desastre sin fin (si le va bien). Es parte de lo que se define en las urnas, sea o no el votante conciente de ello. 

Por Raúl Dellatorre / P12
 

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