¿El rostro oculto del narcisismo?: la ciencia debate si la grandilocuencia puede enmascarar la vulnerabilidad

Actualidad 21 de agosto de 2023
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El concepto de narcisismo proviene de un mito antiguo en el que un joven, llamado Narciso, cautivaba a todos con su belleza, pero los rechazaba constantemente. Una de las personas atraídas por él era Eco, una joven que, debido a un castigo, solo podía repetir las últimas palabras que escuchaba.

A pesar de los sentimientos de Eco, Narciso la despreció, lo que llevó a la joven a esconderse en una cueva, repitiendo eternamente sus palabras, dando origen al término “eco”. Como castigo por su vanidad y rechazo, Némesis, la diosa de la retribución, hizo que Narciso se obsesionara con su propio reflejo en un estanque. Incapaz de alejarse de su imagen, finalmente se lanzó al agua y pereció ahogado.

“Más allá de Narciso, efectivamente, los narcisistas son personas complejas, con un especto de atributos y capacidades al menos de forma superficial que los hacen atractivos, pero también tóxicos”, destacó en una nota reciente con Infobae el doctor Enrique De Rosa Alabaster (MN 63406), médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo y médico legista, quien se especializa en temas de salud mental.

Según Mayo Clinic, el trastorno de la personalidad narcisista “es una enfermedad de salud mental en la cual las personas tienen un aire irrazonable de superioridad. Necesitan y buscan demasiada atención, y quieren que las personas las admiren. Es posible que a las personas con este trastorno les cueste comprender o no les importen los sentimientos de los demás. Sin embargo, detrás de esta máscara de absoluta confianza propia, no están seguras de ellas mismas y reaccionan fácilmente a la más mínima crítica”.

Se cree que hasta el 6% de la población estadounidense, en su mayoría hombres, ha experimentado un trastorno narcisista en algún momento. Esta condición se manifiesta de formas variadas. Aquellos con rasgos narcisistas pueden ser desde grandiosos hasta autocríticos, extrovertidos o retraídos, líderes en su campo o con dificultades laborales, ejemplares o con tendencias antisociales.

Los expertos identifican distintas facetas del narcisismo. Algunos narcisistas son altamente funcionales con exitosas trayectorias y vida social, mientras que otros no. Pueden presentar otros trastornos, desde depresión hasta sociopatía. Aunque muchos conocen el narcisismo “grandioso”, representado por individuos arrogantes que buscan atención, también existe una versión “vulnerable”, donde las personas experimentan inseguridades y cambios en su autoestima.

Ambas versiones comparten una intensa auto-preocupación. La mayoría de los terapeutas creen que la grandiosidad y la vulnerabilidad pueden coexistir, aunque algunos académicos discrepan. Este debate ha persistido por años, posiblemente porque los altamente grandiosos rara vez buscan terapia. Mary Trump, psicóloga, sugiere que su tío, Donald Trump, presenta trastorno narcisista y posiblemente antisocial.

“¿Por qué, sin embargo, los narcisistas tienen tanto éxito?”, se preguntó De Rosa. “En general saben elegir a sus víctimas y manipularlas de una manera notable, explotando las debilidades complementarias a sus fantasías de poder. Así, una persona con una autoestima baja creerá que en la compañía de esa persona, segura, carismática, inteligente, atractiva (todos los atributos que el narcisista se esfuerza por cultivar y al menos demostrar superficialmente), también adquiere la importancia que cree no tener.

La sensación de ser especiales, que deben ser notados por los demás, hace que en todas las áreas de relacionamiento busquen ser líderes, ya que “tienen derecho” casi natural, a ese trato. “Todo el mundo debería saber quién soy”.

¿La vulnerabilidad es una faceta oculta de la grandiosidad?
En un artículo de Scientific American, destacan que la neurociencia está aportando nuevos insights sobre el narcisismo. Aunque no terminará el debate, los primeros hallazgos respaldan la idea de que la vulnerabilidad es una faceta oculta de la grandiosidad.

Allí dejaron expresado el testimonio de Tessa, una californiana de 25 años, que ha tenido momentos de euforia. “Solía pensar que sería una cantante reconocida y que tendría una vida maravillosa”, dijo la joven. Sin embargo, también ha enfrentado profundos bajones emocionales, como cuando comprendió que sus sueños quizás no se concretarían. “Fue una de las etapas más depresivas que viví. Me volví muy resentida y aún estoy lidiando con ello”, confesó.

La discrepancia entre lo que Tessa imaginaba y la realidad afectó sus relaciones. Al interactuar con otros, solía sentirse aburrida y, en relaciones amorosas, desconectada de sus propios sentimientos y de los de su pareja. Un ex novio le mencionó no haber percibido el daño que ella le causó al enojarse cuando él no cumplía sus expectativas. “Le respondí: ‘No me di cuenta de tu dolor... solo podía pensar en cuán traicionada me sentía’”, comentó.

Le incomodaba que él interactuara con otras personas, por lo que menospreciaba a sus amigos y evitaba presentárselos. También le molestaba que él admirara a otros, pues le hacía dudar de si él la seguiría viendo de la misma manera.

No poder alcanzar las versiones idealizadas de sí misma, donde se veía rodeada de amigos y admiradores que la valoraban por su belleza y habilidades, sumía a Tessa en una profunda tristeza. En 2023, tras la recomendación de sus padres, fue diagnosticada con trastorno de personalidad narcisista.

El narcisismo es complejo porque no siempre resulta perjudicial. “Ser dominante socialmente, buscar logros y centrarse en uno mismo no es necesariamente malo y es valorado en culturas occidentales”, indicó Aidan Wright, psicólogo de la Universidad de Michigan.

Elsa Ronningstam, del Hospital McLean en Massachusetts, señaló que el narcisismo funcional implica tener una autoimagen positiva y cuidar de uno mismo, manteniendo relaciones cercanas y aceptando imperfecciones. Por otro lado, el narcisismo “patológico” se caracteriza por una autoestima inestable. Estas personas defienden una imagen exagerada de sí mismas a costa de otros y reaccionan con ira o vergüenza cuando se sienten amenazados.

El trastorno de personalidad narcisista es una forma más severa de este narcisismo patológico y puede coexistir con otras condiciones como depresión o trastorno bipolar.

“La pregunta central cuando uno habla de narcisismo tiene que ver con cómo las personalidades funcionan en lo intra e interpersonal. La neurociencia ayuda a entender estos patrones paradójicos en la experiencia y la conducta más allá de las limitaciones. La realidad es que hay estudios en neurociencia de personalidades de grandiosidad que al mismo tiempo muestran un narcisismo patológico, y de hecho existe el trastorno de personalidad narcisística que está incluida inclusive en el DSM-III-R y el funcionamiento interpersonal se caracteriza por déficit en los procesos afectivos y sociales”, dijo a Infobae, Claudio G. Waisburg, medico, neurocientífico, speaker y director Instituto SOMA, (MN 98128).

“Una de las conclusiones principales que se llevaron a cabo en base a la investigación en neurociencias de personalidades de trastorno narcisista, tuvo que ver en las funciones intrapersonales y cómo estos individuos con altos niveles de grandiosidad narcisística, mostraban alteraciones neurocognitivas y neurofisiológicas e inclusive neuroendocrinas, es decir con movilización de sustancias endocrinas, cortisol y hormonas que tienen que ver con el estrés, involucrando como un estrés o una amenaza permanente al ego, que también se mostraba como marcadores aumentados en neuroendocrinos de estrés”, explicó el experto.

“La investigación neurofisiológica mostró que el narcisismo de grandiosidad mostraba mucho rechazo social y eran personas que se encontraban generalmente segregadas o discriminadas por su personalidad, pero, introspectivamente, mostraban alteraciones funcionales en frecuencia cardíaca, presión arterial y hormonas de estrés”, siguió Waisburg.

Varios expertos sostienen que los narcisistas vulnerables carecen de empatía, un rasgo esencial en su personalidad, junto con un fuerte sentido de derecho y un anhelo de validación y reconocimiento.

Sin embargo, estos rasgos se manifiestan de manera diferente en ellos que en un narcisista exhibicionista, que es audaz y no se arrepiente de sus actitudes llamativas. Esta ausencia de rasgos típicos del narcisismo exhibicionista es justamente lo que complica la identificación de un narcisista vulnerable. Es también la razón por la cual muchos no se dan cuenta cuando se topan con alguien con esta personalidad.

La psicóloga clínica Ramani Durvasula, autora de Debería quedarme o debería irme: sobrevivir a una relación con un narcisista”, ha dedicado sus estudios a exponer los riesgos de mantener relaciones con estos individuos. Durvasula advierte sobre los peligros de entablar un vínculo romántico con un narcisista vulnerable. Según ella, quienes se involucran sentimentalmente con estos individuos, a menudo terminan asumiendo un desgastante papel de cuidador, lo cual puede ser dañino para su bienestar emocional.

Bibliografía del narcisismo

En los años 60 y 70, los psicoanalistas Heinz Kohut y Otto Kernberg desarrollaron el “modelo de máscara” del narcisismo. Este modelo sugiere que características como la arrogancia y la asertividad esconden inseguridades y baja autoestima.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de 1980 reflejó esta perspectiva, aunque priorizó las características grandiosas. Sin embargo, algunos expertos argumentaron que los criterios de vulnerabilidad se solapaban con otros trastornos. El trastorno límite de la personalidad (TLP), por ejemplo, comparte rasgos vulnerables con el NPD. Por ello, ediciones posteriores del DSM enfatizaron aún más las características grandiosas.

A inicios de los 2000, Aaron Pincus, de la Universidad Estatal de Pensilvania, observó que el énfasis en la grandiosidad no reflejaba lo que veía en sus pacientes. “Se pasaba por alto la vulnerabilidad y el malestar, que son las razones principales para buscar terapia”, comenta Pincus. En 2008, una revisión realizada por Pincus y su equipo encontró diversas conceptualizaciones del NPD, pero identificaron un patrón: el narcisismo se manifestaba tanto en formas grandiosas como vulnerables.

Investigaciones recientes muestran que ambas dimensiones del narcisismo se relacionan con el “antagonismo”, que incluye egoísmo y falta de sensibilidad. Sin embargo, mientras que la grandiosidad se asocia con asertividad, la vulnerabilidad se relaciona con ansiedad y depresión. El narcisismo vulnerable también puede incluir autolesiones y riesgo suicida.

El narcisismo analizado por la ciencia
Ambas formas del narcisismo afectan las relaciones de manera distinta. En su faceta grandiosa, los individuos pueden ser dominantes; en su faceta vulnerable, pueden ser más retraídos.

Los estudios y evaluaciones indican que los narcisistas alternan entre estados de grandiosidad y vulnerabilidad. Wright y su alumna Elizabeth Edershile realizaron encuestas a estudiantes y miembros de la comunidad, midiendo sus niveles de grandiosidad y vulnerabilidad. Observaron que las personas más grandiosas también tienen momentos de vulnerabilidad, pero no al contrario. Diana Diamond, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, opina que esta relación es más compleja de lo que parece.

Sin embargo, Josh Miller, de la Universidad de Georgia, discute la idea de que los narcisistas grandiosos esconden vulnerabilidad. Argumenta que su reacción proviene más de un deseo de superioridad que de inseguridades. Los narcisistas malignos son un reto para los terapeutas y pueden ser peligrosos en roles de liderazgo. Diamond advierte sobre su influencia y señala el crecimiento del autoritarismo globalmente.

Estudios con gemelos sugieren que el narcisismo podría tener una base genética. Sin embargo, una crianza problemática también podría influir. La grandiosidad podría surgir de padres que sobrevaloran a sus hijos, mientras que la vulnerabilidad podría nacer de tener cuidadores fríos o abusivos.

Aunque hay estudios que relacionan la sobrevaloración con el narcisismo vulnerable, otros no encuentran relación entre la crianza y la grandiosidad. Según Ronningstam, los niños con trastorno de personalidad narcisista suelen ser valorados por sus logros, pero ignorados o reprendidos si no cumplen expectativas.

Skidmore cree que su trastorno de personalidad narcisista proviene tanto de la genética como de traumas infantiles. Argumenta que muchos narcisistas han sufrido traumas y que las personas a menudo condicionan su amor, lo que lleva a una mentalidad de autosuficiencia basada en logros y admiración.

Otra forma de entender el narcisismo es analizar la actividad cerebral. En un estudio de 2015 de la Universidad de Michigan, se estudió a adolescentes mientras jugaban a Cyberball, un juego que simula la exclusión social. Los resultados mostraron que aquellos con más narcisismo tenían una mayor actividad en áreas del cerebro relacionadas con el dolor social. Sin embargo, no reportaron sentir más angustia.

Otro estudio encontró que los hombres con más narcisismo mostraban más actividad cerebral al ver imágenes de sí mismos en comparación con otras personas.

Los individuos narcisistas presentan signos de alto estrés en sus cuerpos. Investigaciones señalan que los hombres con mayor narcisismo poseen niveles elevados de cortisol, la hormona relacionada con el estrés, en comparación con aquellos menos narcisistas. Un estudio del 2020 dirigido por Royce Lee, psiquiatra de la Universidad de Chicago, reveló que las personas con trastorno de personalidad narcisista tienen en su sangre una mayor presencia de moléculas vinculadas al estrés oxidativo, una reacción al estrés a nivel celular.

Estos descubrimientos sugieren que la vulnerabilidad está presente, aunque no siempre se manifieste de forma evidente. Jauk comenta que en ciertas circunstancias, como en un laboratorio, es posible detectar signos fisiológicos de vulnerabilidad, incluso si las personas afirman no tenerla.

Se requieren de todas formas más investigaciones con muestras más amplias para confirmar estos hallazgos. Mitja Back, psicóloga de la Universidad de Münster, opina que, aunque el tema es fascinante, es preciso ser cauteloso al interpretar los resultados.

Tratamientos
Hasta ahora, según refieren en el artículo de Scientific American, no se han realizado ensayos clínicos aleatorizados para tratamientos dirigidos al trastorno de personalidad narcisista. A pesar de ello, los profesionales de salud están adaptando terapias que han probado ser útiles en trastornos similares, como el trastorno límite de la personalidad.

Los enfoques terapéuticos actuales incluyen la “mentalización”, que busca ayudar a los individuos a comprender tanto sus emociones como las de otros, y la “transferencia”, orientada a fortalecer la habilidad del individuo para auto-reflexionar, empatizar con otros y gestionar sus emociones.

“Algunas estrategias desarrolladas para tratar el trastorno de personalidad límite se pueden adaptar y utilizar para tratar a las personas con trastorno de personalidad narcisista. El tratamiento basado en la mentalización, que ayuda a las personas a reflexionar e interpretar su propio estado de ánimo (lo que sienten y por qué) y el estado de ánimo de los demás. Además, la psicoterapia y la dinámica que se da la interacción entre el paciente y el terapeuta es de gran ayuda para identificar y trabajar sobre este trastorno”, sostuvo en una columna reciente de Infobae, el doctor Alberto Cormillot (MN 24.518), reconocido médico argentino especialista en obesidad, educador para la salud, escritor y conferencista

Para Waisburg, “si bien hay tratamientos, psicoterapias y farmacología, es muy importante diferenciar entre una persona con trastorno narcisista de la personalidad y una que tiene amor propio, ya que el amor propio no causa daños colaterales y el narcisismo sí, porque cuando una persona no se siente sobrevalorada llega a tener frustración y trata que se cumpla su capricho. El amor propio es un sentimiento de afecto hacia uno mismo, donde se desea todo lo bueno. Es importante porque ayuda al autoconocimiento, refuerza la empatía, aumenta la resiliencia o la neuroresiliencia, la seguridad en la toma de decisiones, entre otras”.

Nota:infobae.com

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