Esta semana fue la quinta reunión entre el PRO y La Libertad Avanza que termina sin grandes avances. De cada lado, culpan a las internas del otro de que no haya ningún paso adelante en la alianza electoral que -se supone- integrarán en 2027. No obstante, Mauricio Macri no da de baja las negociaciones. ¿Por qué? En su entorno dejaron trascender que los une el antiperonismo y que, bien visto, no tiene mucha alternativa. Como decía Jorge Luis Borges (que no es José), no los une el amor, sino el espanto.
La frase que trascendió, junto con una serie de quejas de lo mal que los trata Milei a los amarillos, grafica esa postura: “Del otro lado está el tren fantasma”, dijeron cerca del expresidente. Esa frase u otras similares han usado ante Página/12 los acuerdistas del PRO. Es la idea de que si no es Milei, entonces es Axel Kicillof —al que Macri detesta— o Sergio Massa —del que Macri se mostró decepcionado tras llevarlo a Davos en 2016—, y Milei es mejor que cualquiera de los dos, al menos ante los ojos de cielo del expresidente.
El tema es cuánta humillación está dispuesto a soportar Mauricio Macri en pos de ese objetivo. El año pasado ya se tuvo que “fumar” que Karina Milei le vetara no una, sino dos candidatas que llevó a las listas porteñas (¡en CABA, ni más ni menos!). También que el presidente Milei cuestionara en más de una oportunidad lo que fue el mandato de Cambiemos. Hace poco, Mauricio Macri escribió un tuit con una idea sobre los impuestos de un municipio y los trolls de Milei lo atacaron sin asco hasta que borró la publicación. No hay respeto ni para los aliados.
En el Congreso, el PRO se muestra disciplinado con el oficialismo: le vota todo lo que pide. La contraparte son las reuniones en la Rosada. Pese a la buena onda con la que se anunciaron tras una llamada de Karina Milei a Mauricio Macri, la realidad es que no hubo avances significativos en los acuerdos electorales, especialmente en la provincia de Buenos Aires (donde dirigentes como Cristian Ritondo y Diego Santilli descuentan que habrá alianza) y la Ciudad de Buenos Aires, donde Jorge Macri quiere un acuerdo, pero la lugarteniente de Karina, Pilar Ramírez, no hace más que criticarlo.
De cada lado del Río Colorado tienen una explicación para esta falta de avances.
Desde el entorno de la hermanísima, dicen que es por la “fuerte interna del PRO entre Mauricio y Jorge” en la Ciudad.
Del lado del PRO, dicen que es por las internas que sufre el oficialismo, en las que juega un rol preponderante Patricia Bullrich.
Lo interesante es que ambos lados hablan de cuestiones que son reales.
Por una parte, Patricia Bullrich en estos días tuvo otro tuit autonomista: “Acuerdo político y una economía más holgada para la gente. Esa es la clave para este año”. Fue una bajada de línea en dos cuestiones en las que viene flaqueando la hermanísima. Acuerdo político (con el PRO) no está habiendo aún y la economía holgada... bien, gracias. También Bullrich dijo estar “preparada para la presidencia”.
Por otra parte, hay fricciones entre Jorge Macri y Mauricio Macri. Incluso algunos creen que tienen diferencias sobre suspender o no las PASO (Jorge Macri va a mantener las de la Ciudad, de hecho).
Pero el principal punto de discordia es qué hacer para conservar la Ciudad de Buenos Aires, principal bastión del PRO. Jorge Macri se apuró a anunciar que va a buscar la reelección. En su entorno, minimizan toda interna con su primo y plantean que llegará el tiempo de acordar con LLA. Por ahora, resisten estoicos las críticas de Pilar Ramírez, quien busca posicionarse como candidata del karinismo en la Ciudad, caída la candidatura de Manuel Adorni.
Del lado de Mauricio Macri, no hay un apoyo claro a su primo. Ya lo expresó en su momento Fernando De Andreis. Lo cierto es que mucho dependerá de las encuestas: si Jorge Macri es una opción ganadora, es probable que la relación de los primos se recomponga. Si sus números no convencen, el expresidente quiere sacar a jugar otras opciones del PRO: una es Guillermo “Guillo” Dietrich. Otra podría ser De Andreis, que será casi un proxy de Mauricio Macri en el Gobierno porteño. Obviamente, para un jefe de Gobierno que quiere reelegir, estas ideas no hacen ninguna gracia.




























