




“Hay muchas emociones, se me ocurren un montón de cosas. Lo primero que pienso es en mi viejo... No queda más que agradecer. Defender esta camiseta por más de 20 años, hasta en los peores momentos. El no venir más es un dolor muy grande. Jugar en la Selección Argentina es lo más lindo que me pudo pasar”, dijo Lionel Messi y enamoró.


Llamado por el destino a tomar la posta de Diego Armando Maradona, Messi se comprometió desde el inicio a llevar a la Selección a lo más alto y, más tarde que temprano -porque lo bueno lleva tiempo-, cumplió. Desde que puso la firma para defender la camiseta albiceleste hasta este amistoso casi homenaje contra los voluntariosos muchachos de Benín -muy aplaudidos por cierto-, los únicos que faltaron a su palabra en esta historia si nos guiamos por lo dicho por el central Tijani mientras compraba mates en el centro hace unos días (“a Messi no hay que marcarlo”). Al crack se la hicieron bien difícil, sobre todo el arquero Dandjinou, quien le sacó dos lindos tiros libres -y varias más- hasta que no pudo hacer nada con el penalazo del 3-0 final: gol número 126 para cerrar la noche con su mejor sonrisa. De todos modos, el capitán ya se las había ingeniado para anotarse dos asistencias. Es decir, lo que mejor sabe: regalar alegrías. La primera fue a Otamendi, la segunda a Nico Paz. Uno que se va -y vaya despedida la suya- y otro que viene y muy fuerte.
Pocas veces se rompió ese contrato. Acaso una de esas haya sido la trágica noche de renuncia post Copa América. Otra, mucho más feliz, podría considerarse su transición a salvador. La opinión se divide en cuanto a cuándo fue, si con México en fase de grupos de Qatar ‘22 o contra Australia en octavos de final, cuando convirtió su primer gol en una segunda fase mundialista y cruzó un umbral que parecía maldito para no pegar la vuelta hasta levantar la “tercera”. Sea cual fuere, ahí pasó de figura a héroe legendario y protagonista de épicas, las más disparatadas en el último Mundial. El triplete contra Argelia, la remontada contra Egipto y la patriada inmortal sobre Inglaterra, acompañado de un festejo de rodillas que emocionó hasta al menos creyente. A partir de ahí, la admiración fue genuina, inevitable, hasta brotó de los más incrédulos sin depender de ningún contrato.

Por lo pronto, quienes la tendrán un poco más difícil serán sus contemporáneos, los hinchas de a pie. Sean niños y niñas que ya se hicieron virales en las redes sociales por sus gestos de amor hacia el ídolo, o grandulones y grandulonas de cuarentilargos que crecieron junto a él. Si como suele decirse, la vida se ordena por Mundiales, la de muchos y muchas se rigió por un calendario messista. Y si volverse viejo es ir perdiendo la capacidad de asombro, la despedida de Leo se llevará una gran parte de esa virtud para que el contrato finalmente pueda considerarse cumplido. Pero ojo, no sea cosa que todavía haya un capítulo más en la carrera del crack y nuestro fútbol. Total, si algo nos enseñó Messi es que siempre puede sorprendernos.




























