En un abrir y cerrar de ojos, el tercero estaba al caer. Pero de cualquiera de los dos. ¿Ordenar el equipo tras los cambios desesperados y apostar al tiempo extra o jugársela toda en esos minutos hasta el final? Lionel Scaloni prefirió el caos y no se equivocó. Lo tuvo Egipto en una contra, ahogada por un quite memorable de Leandro Paredes, y fue el turno albiceleste. Se juntaron Julián y Lautaro, peleados con el gol, amigados con la épica. Recuperación tremenda de La Araña en el área contra nada menos que Salah y cesión larga para el Toro. El pase no era tan claro, pero el bahiense mandó el centro igual y Enzo Fernández, con las manos bien abiertas como pidiendo perdón por tanta emoción, puso la cabeza para concretar la remontada más grande de la historia albiceleste.




Oíd, Faraones, el grito sagrado, que acá está el campeón. Y que se escuche también en el resto del Mundial. Dicen los manuales de periodismo que está bastante mal escribir en primera persona, pero dígame usted, lector, lectora, ¿qué más se puede decir sobre estos muchachos? ¿Qué tengo que hacer con las líneas hechas tras el 0-2 sobre las diez plagas egipcias? No queda otra que hablar de los tres milagros argentinos. Ma’ qué milagros, pura humanidad, tan imperfecta como virtuosa. Dentro de muchos años seguramente sea una pregunta habitual la de “¿dónde lloraste el 3-2 de Argentina ante Egipto?“. En el trabajo, en el auto, en el tren, en la escuela, en la casa... las respuestas serán de lo más variadas. Algunas inverosímiles incluso, pero sin dudas certeras gracias a otra jornada inolvidable de esta Selección.


Era cuestión de armar las valijas y agradecer por los recuerdos, pero apareció Cuti -otra vez- de nueve y las hasta entonces imperturbables momias empezaron a temblar. Solo faltaba que le cayera la pelota a él en una situación de peligro para que sucediera lo impensable. Pirueta rescatista de Lautaro, Montiel que hizo lo que pudo y la pelota le quedó justa al 10. Increíble. Ni las manos de Shoubir pudieron resistir semejante guiño del destino.



























