Patricia Bullrich fue una de las figuras más celebradas por el empresariado en el Coloquio de IDEA que se desarrolló en Mar del Plata. Sin los grises de la gestión económica cotidiana, la senadora se presentó como una continuidad posible del rumbo del modelo económico, sin el desgaste que empieza a acumular Javier Milei. La sintonía llegó hasta un almuerzo privado organizado en su honor en el Costa Galana, mientras en el escenario Bullrich desplegó un programa que incluyó una reforma previsional basada en un mayor componente de ahorro individual y menos dependencia de la empleabilidad formal.
En una rueda de prensa con periodistas, antes de su exposición, Bullrich insistió con algunas de sus críticas habituales al Gobierno. Señaló que la velocidad de los cambios no se verifica de la misma manera en cada familia y planteó que el RIGI debería ampliar su horizonte a más empresas. También cuestionó a gobernadores e intendentes por la carga impositiva local, una demanda recurrente del empresariado. Coincidió con ellos en la necesidad de reducir Ingresos Brutos y las tasas municipales: “No vayan a un supermercado en Pilar porque les cobran impuestos muy caros”, bromeó desde el escenario.
Hubo, sin embargo, una distancia considerable entre la estimación de la senadora y los costos que calculan los empresarios de IDEA. Al comparar el modelo local con el alemán, Bullrich sostuvo que la carga tributaria representa entre el 20 y el 25 por ciento en Argentina, frente al 12-14 por ciento en Europa. Los empresarios, en cambio, ubican esa carga en torno al 40 por ciento. La comparación pone en evidencia la dificultad de trasladar experiencias internacionales al debate local sin considerar las diferencias históricas y estructurales que explican esos indicadores, la imprecisión que suelen manejar los dirigentes políticos y la tendencia del empresariado a exagerar su propia carga impositiva cuando reclama alivios fiscales.



























