El pacto multifacético entre Washington y Londres se consolidó a fines del siglo XIX. Durante todo el siglo XX hasta la actualidad (salvo mini desencuentros), el vínculo no hizo más que fortalecerse. En 1946, el ex premier británico Winston Churchill le dio el nombre de “relación especial”, es decir, cooperación total en diplomacia y política exterior; en comercio, finanzas y economía; en defensa y seguridad y, por supuesto, en operaciones secretas e intercambio de información de inteligencia.
Ese año nació “Five Eyes” (Cinco ojos), la alianza de espionaje más sofisticada y exitosa de la historia moderna. Cinco países anglófonos, Australia, Canadá, Nueva Zelanda además de EEUU y RU, comparten información secreta salteándose las leyes y las prohibiciones internacionales.
El espía estadounidense Edward Snowden demostró, en 2014, que la alianza “Cinco ojos” (bajo el comando de la agencia en la que él trabajaba (NSA) y la británica GCHQ, Government Communications Headquarters) espiaba en forma masiva a países y ciudadanos del mundo entero y operaba contra los gobiernos considerados rivales, manipulando a sus poblaciones.
Cuando todavía el uso de redes no era tan masivo, “Cinco Ojos” ya era experto en guerras cognitivas. Snowden dio a conocer un manual interno donde se explica a los agentes cómo manipular a las personas a través de operaciones en Internet y cómo atacar a “enemigos” (por ejemplo, Irán) o cómo “prevenir que Argentina recupere las Islas Malvinas utilizando la manipulación de la inteligencia humana a través de las redes sociales”. Los archivos publicados por Snowden son de 2009. La misión encubierta contra Argentina por Malvinas se denominaba internamente “Operación Quito”.
Aunque 12 años después suene anticuado, el manual filtrado por Snowden explicaba: “Las técnicas incluyen: subir videos a YouTube que contengan mensajes persuasivos, inventar personajes de Facebook, Twitter, blogs o fotos que formen opinión sobre distintos temas, mandar e-mails o mensajes de texto con información falsa o inventar páginas de Internet que provean falsas fuentes”. El objetivo, dice el manual, se logra “destruyendo, degradando, desacreditando y desinformando” al adversario.
De Reagan y Thatcher a Trump y Johnson: las parejas clave del eje anglosajón
El pacto británico-estadounidense tuvo parejas históricas: Ronald Reagan con la primera ministra Margaret Thatcher (fueron fuertemente militaristas e impulsores de la economía del mercado a nivel global, cuando aún el “Estado de Bienestar” era hegemónico); el británico Tony Blair con Bill Clinton (quienes consolidaron globalmente las políticas del Consenso de Washington y el neoliberalismo) y Donald Trump con Boris Johnson.
Trump respaldó a Johnson para las elecciones de 2019 llamándolo “el Trump de Gran Bretaña”. El pacto anglosajón siempre incluyó acometer operaciones conjuntas casi siempre clandestinas. En el caso de Boris Johnson fue una pieza fundamental para perpetuar la guerra entre Rusia y Ucrania/OTAN.
El Kremlin inició su Operación Militar Especial el 24 de febrero de 2022. Un mes después, altos dirigentes de Ucrania y Rusia comenzaron conversaciones de paz. El 15 de abril, en Estambul, se redactó el “Tratado sobre la neutralidad permanente y garantías de seguridad de Ucrania” con 18 puntos y anexos donde se detallan los compromisos de ambas partes. Hay fotos de ese día donde se ve a los delegados rusos y ucranianos dándose la mano.
Pocas horas después, el acuerdo fue abortado, al parecer, por orden del gobierno de Joseph Biden. El entonces premier británico Boris Johnson fue enviado de inmediato a Kiev para advertirle al presidente Vlodomir Zelensky que no firmara. Según declaró, posteriormente, un hombre muy próximo a Zelensky y jefe de la delegación ucraniana en Estambul, David Arakhamia, al diario “Ukraínskaya Pravda”, Johnson le advirtió al presidente ucraniano que “Occidente no estaba dispuesto a avalar el acuerdo” y le aconsejó que no firmara y que siguiera luchando.
El pacto Londres-Washington, consolidado durante siglos y altamente ventajoso para ambas partes, no puede disolverse por las elucubraciones de un presidente, como Trump, que suele decir grandilocuencias imposibles de cumplir y que puede desdecirse de sus órdenes en 24 horas. El mundo está en una etapa de inestable transición. En ese contexto hay que ser muy cauteloso en los pasos estratégicos que se piensen dar.



























