Septiembre, el mes en el que Milei se chocará con una mayor pobreza y desempleo

Actualidad - Nacional01/09/2026

Mientras el presidente Javier Milei se burla de quienes afirman no llegar a fin de mes, el Indec dará a conocer en septiembre los principales indicadores que permitirán medir el impacto real de la crisis de la situación económica. Las estimaciones privadas anticipan un escenario complejo para el Gobierno, marcado por una posible suba de la pobreza y un deterioro del mercado laboral.

Las estadísticas que difundirá el organismo oficial serán esenciales para saber cómo el gobierno libertario podrá sobrellevar su narrativa en paralelo a la precarización de los ingresos, el empleo y las condiciones de vida de millones de personas. No solo eso; la diferencia con otros ciclos económicos regresivos es que La Libertad Avanza imprime un modelo que llenó varios casilleros en la carrera por perpetuar la desigualdad.

Pobreza: una medición que vuelve a generar preocupación

El próximo 24 de septiembre, el Indec publicará los resultados de pobreza e indigencia correspondientes al primer semestre de 2026. El último dato oficial disponible corresponde al segundo semestre de 2025. En ese período, la pobreza alcanzó al 28,2% de las personas, mientras que la indigencia se ubicó en el 6,3%. En total, 8,47 millones de personas quedaron por debajo de la línea de pobreza en los 31 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares. 

Una de las estimaciones disponibles anticipa un resultado menos favorable. Un documento elaborado por Martín González-Rozada, de la Universidad Torcuato Di Tella, proyectó una pobreza de 31,6% para el semestre enero-junio de 2026, con una estimación de 32,7% para el segundo trimestre. De confirmarse, implicaría un retroceso respecto del último dato oficial.  El cálculo proyecta que alrededor de 9,4 millones de personas vivirían en hogares urbanos pobres.

Según datos de la Consultora W, para el segundo trimestre, el 22% de los hogares (30% de la población) percibía un ingreso promedio mensual de $ 1.000.000, por debajo del millón y medio de pesos que se necesitó para no ser pobre. Apenas un escalón por encima se ubica la denominada clase baja no pobre, que representó al 30% de los hogares y tenía un ingreso promedio mensual de $ 2.200.000. 

Mirando un poco más arriba, el 26% de los hogares fueron categorizados en la clase media baja, con un ingreso promedio de $ 3.000.000. Al observar el pleno de la pirámide, más de la mitad de los hogares no obtenía ingresos mensuales superiores a los 2.5 millones antes del cierre del primer semestre. 

El otro dato central llegará una semana antes. El 17 de septiembre, el organismo estadístico difundirá los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares correspondientes al segundo trimestre de 2026. Allí se conocerán las nuevas tasas de actividad, empleo y desempleo. El punto de partida tampoco es menor. Durante el primer trimestre, la tasa de desocupación fue del 7,8%, mientras que la tasa de empleo se ubicó en 44,8% y la de actividad alcanzó el 48,6%.

Según el relevamiento de expectativas de mercado del Banco Central, la previsión para la tasa de desocupación en el segundo trimestre es de 7,7%, una cifra superior a la registrada durante el mismo lapso de 2025.

También existe una particularidad en la composición del empleo que puede profundizar el problema de los ingresos: el crecimiento del empleo durante el primer trimestre estuvo concentrado principalmente en el trabajo no asalariado y el empleo asalariado informal. En cambio, el empleo asalariado formal privado registró una contracción interanual del 4,1%.

Los datos difundidos por la consultora Econviews permiten construir un cuadro anticipado y preocupante sobre el mercado laboral: mientras caen las señales vinculadas a nuevas contrataciones, crecen las búsquedas asociadas al trabajo independiente. Las consultas en Google de “psicotécnico” y “preocupacional”, dos términos relacionados con procesos de incorporación de personal, retrocedieron 4% entre febrero y agosto. La consultora utiliza ambas búsquedas como un indicador que permite anticipar la evolución del empleo asalariado formal privado.

La señal coincide con la evolución de los datos laborales disponibles: entre febrero y mayo se perdieron alrededor de 89.000 puestos de trabajo asalariado formal en el sector privado. De esta manera, la menor actividad en los procesos de selección aparece como un indicio de que la debilidad del empleo registrado podría mantenerse en los meses siguientes.

El crecimiento del cuentapropismo

Al mismo tiempo que retrocede el empleo asalariado formal, el mercado laboral muestra una mayor presencia del trabajo por cuenta propia. En este caso, Econviews siguió la evolución de las búsquedas de “facturar”, un término que presenta una fuerte correlación con la cantidad de monotributistas.

Entre mayo y agosto, las consultas relacionadas con esa palabra aumentaron 3%, lo que constituye una señal de mayor interés por alternativas de generación de ingresos independientes.

Así, el panorama muestra una transformación en la composición del empleo: la pérdida de puestos asalariados registrados encuentra como contracara un crecimiento del cuentapropismo, tanto formal como informal. Esto no implica que cada nuevo monotributista sea necesariamente una persona que perdió un empleo formal, pero sí evidencia un desplazamiento hacia formas de trabajo más precarias.

Perpetuar la movilidad social descendente

En lo que va de gestión, el Gobierno supo avanzar en reforma estructurales que tienen como eje perpetuar la desigualdad social. La semana pasada, un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA destacó cómo las privaciones del hogar de origen limitan el trabajo, la educación y la salud mental.

Las inequidades que atraviesan a la juventud van más allá de las oportunidades de inserción laboral o del logro académico. El análisis determinó que las desventajas sociales se transmiten desde el seno familiar y terminan afectando la estabilidad emocional, la vida afectiva y el bienestar general de las personas de entre 18 y 25 años.

La disparidad se vuelve contundente al cruzar las variables de formación y empleo:

  • Inactividad académica y laboral: Mientras que el 34,2% de los jóvenes de los sectores más vulnerables no estudia ni trabaja, esa realidad afecta únicamente al 8,3% de los estratos socioeconómicos más altos.
  • Dedicación exclusiva al estudio: La posibilidad de abocarse únicamente a la formación académica alcanza al 41,2% en la clase media alta, pero se desploma al 15,6% en la franja de menores ingresos.
  • Precarización generalizada: Solo el 14,2% de la juventud accede a un puesto de trabajo formal con todos los derechos normativos. En contrapartida, un 22,5% oscila entre la informalidad y la desocupación reciente, y un 10,7% permanece desempleado por más de seis meses.

El informe introduce la noción de la "herencia social" para explicar la persistencia de estas trayectorias. La calidad del trabajo del jefe de hogar resulta determinante: contar con un sostén económico con empleo formal eleva las probabilidades de permanencia en el sistema educativo, mientras que la informalidad o el desempleo de los padres aceleran el abandono de los estudios. Sin embargo, el reporte advirtió que la estabilidad laboral del jefe de hogar no alcanza por sí sola para neutralizar las privaciones de los contextos más golpeados.  

Por Rodrigo Nuñez / El Destape

Te puede interesar
Lo más visto
Suscríbete al newsletter para recibir periódicamente las novedades en tu email