El presidente de Brasil, Luis Ignácio “Lula” da Silva, le respondió a Javier Milei días después de que el argentino le propinó insultos en su propio país --y en plena campaña electoral-- a él y también al juez Alexandre de Moraes. Lula dijo: “Ustedes vieron la payasada que hizo aquí el presidente de Argentina. Yo no dije nada, porque mi relación es la de un jefe de Estado. No voy a entrar en un intercambio de palabras con esa cosa”. Desde el Planalto entienden que los insultos de Milei y su respaldo a la candidatura de Flavio Bolsonaro no son casualidad, sino que son orquestados desde Washington.
“A mí me gusta el pueblo argentino”, aclaró Lula y añadió: “Aprendí muy pronto que no soy ni mejor ni peor que nadie. Quiero estar en igualdad de condiciones. Y mientras yo sea Presidente y esté vivo, nadie de afuera se va a entrometer en las elecciones brasileñas”.
La tarde del miércoles, el canciller de Brasil, Mauro Vieira, se reunió en Brasilia con el embajador de su país en la Argentina, Julio Bitelli, que fue llamado a consultas. Sobre el posible regreso a Buenos Aires, desde Itamaraty aseguraron a Página/12 que “el asunto permanecerá bajo revisión”. En esa línea, añadieron que “depende de que se completen distintos trámites formales”, pero también “de cómo evolucione la situación”.
Se trató del segundo encuentro entre el canciller de Brasil y el embajador, ya que el primero había sido de unos 40 minutos el día que llegó Bitelli a Brasilia --el lunes-- y el día antes de que Vieira viajara a Perú para representar a su país en la asunción de Keiko Fujimori. Una vez de regreso, el encuentro del miércoles fue mucho más extenso, aunque no arrojó conclusiones claras.
Medios locales de Brasil indicaron que, tras la reunión con Bitelli, Vieira se dirigió al Planalto para reunirse con Lula. Sin embargo, desde la Cancillería de ese país no confirmaron ese encuentro.
Antes de la reunión entre Vieira y Bitelli, el canciller argentino Pablo Quirno había intentado bajar el tono de la discusión. En una entrevista radial descartó la ruptura de relaciones diplomáticas. Pronunció: “No hay ninguna chance de que desde nuestro lado se rompa la relación. Nosotros no lo llevamos al plano institucional”.
En esa línea, Quirno admitió la intromisión de Milei en cuestiones partidarias/electorales al decir que “hay una contienda electoral que queremos que salga de una manera y ellos de otra”. Agregó que las diferencias entre ambos gobiernos son “políticas e ideológicas”, y sobre Bitelli puntualizó: “Esperamos que retorne al país lo antes posible”.
Desde Brasil leen que el accionar de Milei tiene que ver con el mandato del gobierno de Donald Trump, en particular, del secretario de Estado Marco Rubio.
En esa línea, les llamaron la atención no solo los insultos contra Lula, sino también los que Milei propinó contra el juez de Moraes. Él tuvo suspendida su visa para ingresar a los Estados Unidos por decisión de Rubio. El Departamento de Estado usó esa herramienta para “castigar” al juez por lo que ellos consideran una supuesta “persecución judicial contra Bolsonaro y su familia”, y por imponer “restricciones a la libertad de expresión de ciudadanos norteamericanos” en redes sociales.
Según encuestas del Instituto Datafolha, para el 52 por ciento de la población de Brasil, el presidente de Estados Unidos impuso un “tarifazo” a Brasil para ayudar a la candidatura de Flávio Bolsonaro a la presidencia. Otro 37 por ciento, en tanto, descarta la idea, y un 11 por ciento dice no saber opinar.
Esa misma encuestadora, que tiene gran prestigio en el país vecino, aseguró que, en un sondeo realizado entre los días 22 y 23 de julio, arribaron a la conclusión de que el presidente Lula tendría el 48 por ciento de la intención de voto en una supuesta segunda vuelta, sobre un 43 por ciento que alcanzaría Bolsonaro.
Esos números son previos a los insultos de Milei que, según leen desde el gobierno de Brasil, no se trataron de una “locura”, sino de un mensaje enviado desde Washington. Sin embargo, las palabras del argentino no habrían colaborado con la campaña de Bolsonaro, sino más bien todo lo contrario.
Santiago Gallo, analista internacional que reside en Brasil, aseguró en diálogo con este diario que “aquí en Brasil los compañeros de Bolsonaro no recibieron bien la actitud del presidente argentino. No gustó e, incluso, después de eso cancelaron el viaje que Bolsonaro iba a hacer al día siguiente a Perú, donde se los podría haber visto juntos. La de Milei fue una actitud grosera que repercutió para mal en la imagen de Bolsonaro”.



























