El endeudamiento se convirtió en una de las caras más graves de la precarización en la economía de plataformas. Trabajadores que viven al día, no logran acceder al crédito bancario y terminan financiando con préstamos de alto costo las reparaciones de las herramientas que necesitan para poder trabajar.
La solicitud de fondos a billeteras virtuales o las propias plataformas implica un interés que supera al 700 por ciento, lo cual refleja la urgencia económica que atraviesan miles de familias que necesitan reparar el auto, la bicicleta o la moto para seguir en carrera.
En la práctica, eso significa devolver hasta ocho veces el monto solicitado, lo cual muestra la desesperación económica que lleva a aceptar condiciones de financiamiento tan abusivas. “Son tasas terriblemente altas. El trabajador no pide plata para invertir o crecer: pide plata para arreglar el auto y poder volver a salir a trabajar”, agregó Pablo León, presidente de ACCAURA.
En un sector sin regulación específica, los choferes quedan en una posición de fuerte vulnerabilidad frente a las empresas tecnológicas. Según la propia entidad, la cantidad de choferes pasó de unos 300.000 en 2023 a alrededor de 600.000 en la actualidad, un crecimiento que atribuyen al deterioro del empleo formal durante el gobierno de Javier Milei y a la falta de alternativas laborales de calidad.
En el caso de los conductores de aplicaciones de pasajeros, la herramienta de trabajo es el auto. Cambiar cubiertas, reparar una falla mecánica, resolver una rotura de motor o afrontar gastos de mantenimiento ya no son costos excepcionales: son parte de la supervivencia cotidiana de quienes trabajan 10 o 12 horas por día para sostener a sus familias. “La mayoría de los conductores vive al día. Lo que recauda lo usa para subsistir. No hay margen para separar una parte y cubrir los gastos futuros del auto. Cuando aparece una reparación, muchos no tienen otra salida que pedir prestado”, señaló León.
Para ACCAURA, el cuadro se agrava cuando el financiamiento es ofrecido por la propia plataforma o empresa que organiza el trabajo. Allí, según denuncian, el acceso al préstamo puede quedar atado al puntaje, la cantidad de horas conectado, la aceptación de viajes más largos o más baratos y la disponibilidad del trabajador para tomar más pedidos.
Trabajar a pérdida
Para la entidad que agrupa a los conductores, el endeudamiento muestra el costado oculto del modelo de plataformas: el trabajador no solo aporta su tiempo, su cuerpo y su vehículo, sino que también carga con el desgaste de la herramienta, los arreglos, el combustible, el seguro, la amortización y los intereses de préstamos tomados para poder seguir conectado.
“Se genera un círculo vicioso que va hacia la perdición: terminan pagando para trabajar. Salen a la calle para subsistir, pero al mismo tiempo revientan su auto, su moto o su bicicleta, que son su capital de trabajo. A mediano y largo plazo muchos están trabajando a pérdida y no lo ven hasta que se quedan sin herramienta y endeudados”, afirmó Pablo León.
Rodrigo, chofer de Didi, una de las aplicaciones más económicas en provincia de Buenos Aires, explica que “con lo que se llega a recaudar por día alcanza apenas para comer, para pagar el seguro del auto y el combustible. La tarifa que cobramos no sube hace dos años”.
“Si es necesario comprar cubiertas, hay que adquirirlas en cuotas. El valor de los repuestos es alto, o lo mismo si hay que llevar el vehículo a un chapista para que realice el mantenimiento. Con la recaudación no alcanza para mantener el desgaste del auto porque la tarifa es siempre la misma”.
A su vez, el problema no puede analizarse como una suma de casos individuales, sino como una consecuencia directa de un modelo que externaliza el riesgo empresario y profundiza la precariedad laboral bajo discursos de autonomía, colaboración o emprendedurismo.
“Nos dicen socios, colaboradores o empresarios del volante, pero todas las variables las define un algoritmo. El algoritmo decide tarifas, premios, castigos, bloqueos, asignación de viajes y condiciones. Si además el trabajador tiene que endeudarse para reparar su herramienta, queda claro que no hay libertad real: hay precarización y dependencia”, concluyen desde la ACCAURA.




























