El consumo de carne vacuna sufrió un fuerte retroceso en el primer semestre del año y confirmó el deterioro del poder de compra de los hogares. Entre enero y junio el mercado interno absorbió 11,5 por ciento menos de carne que en igual período de 2025, en un contexto en el que los cortes vacunos aumentaron muy por encima de la inflación general.
De acuerdo con el informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo aparente de carne vacuna alcanzó 1,02 millones de toneladas durante los primeros seis meses del año. Esto implicó una reducción de 131.830 toneladas respecto del mismo período del año pasado. La baja también quedó reflejada en el consumo por habitante: el promedio móvil de los últimos doce meses descendió a 47 kilos anuales por persona, lo que representa una caída de 8,2 por ciento frente al nivel registrado un año atrás. En términos prácticos, cada argentino consume hoy 4,2 kilos menos de carne vacuna por año.
Solo en un año, el kilo de carne vacuna se encareció 18,3 por ciento respecto del kilo de pollo, profundizando el reemplazo de proteínas en la mesa de los hogares.
Menos carne para el mercado local
Ese cambio de orientación ocurre en paralelo con una caída de la actividad frigorífica. La menor disponibilidad de hacienda redujo los niveles de faena y limitó la producción destinada al mercado local. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, durante el primer semestre se faenaron alrededor de 6,02 millones de cabezas, un 9 por ciento menos que en igual período de 2025 y el nivel más bajo para una primera mitad de año en la última década.
Como consecuencia, la oferta de hacienda disponible para consumo interno se redujo. En un escenario de mayor poder adquisitivo, esa menor disponibilidad probablemente habría generado incrementos de precios todavía más pronunciados. Sin embargo, el deterioro del ingreso de las familias actúa como un límite.

























