Después de contradecir el sentimiento de los argentinos y de los jugadores de la selección respecto a la soberanía de las Islas Malvinas, el presidente Javier Milei tomó contacto con uno de los integrantes del plantel y ofreció dos propuestas de festejo cualquiera sea el resultado de la final. El primero y preferido por los responsables de Seguridad es el histórico balcón de la Casa Rosada. El segundo es el Obelisco con un traslado en micro desde el helipuerto presidencial y a través de un vallado por avenida Rivadavia. Aún autoexcluyéndose del evento, para Milei sería un hito la presencia de la Scaloneta a un año de las elecciones en las que quiere reelegir.
La organización definitiva dependerá de la decisión de los jugadores que prometieron respuesta para después de la final con España y que podrían llegar al país el lunes no antes de las 13 hs. Incidirá también el pronóstico meteorológico, que anticipa fuertes tormentas para el lunes en el AMBA. Jorge Macri intenta terciar a favor de la Ciudad y propuso a cerrar la Avenida Libertador a la altura de los bosques de Palermo, como ocurrió con la exhibición de Franco Colapinto.
En el Gobierno nacional reconocen que la euforia mundialista será efímera, pero suficiente para oxigenar la gestión tras los más de cien días que duró el escándalo de Manuel Adorni (cuyo capítulo judicial se mantiene). De la misma manera, tapó la celebración oficial del índice de inflación, pero ayudó a suavizar el traspié en el Senado en el tratamiento de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.
Aunque incomparable, cabe recordar que hace poco más de un mes el mileismo alegó cuestiones de seguridad y descartó organizar la despedida del Indio Solari en el Congreso de la Nación. A la Scaloneta en cambio todos la miman.
“¿Qué dirigente no querría tener una foto con Leo Messi a un año de las elecciones?“, preguntan sobre el capitán argentino. Por cábala, convicción o estrategia, Milei puso a disposición todos los recursos y prometió vaciar la Casa Rosada. Hasta puso sobre la mesa un acto administrativo contrario a sus convicciones como es decretar un feriado nacional, lo que demuestra, una vez más, que también hay populismo de derecha cuando una sociedad está necesitada de felicidad.
En Gobierno admiten sin embargo que ese clima no se traduce en votos. “Suma que el humor de la gente esté bien y estén entretenidos en otra cosa”, admiten y agregan que “ayuda a que Milei recupere algo de lo perdido”. Los más realistas subrayan que el futuro de la imagen presidencial queda supeditado a las buenas noticias económicas y repiten que podrá haber ganancias si no se cometen errores.
No fue lo que ocurrió esta última semana con el histórico triunfo frente a Inglaterra. “Todo pasa rápido”, intentaron minimizar la fallida comunicación de la ministra Alejandra Monteoliva respecto al “mapita” de las Islas Malvinas que se prohibió en banderas y remeras en el estadio mundialista. “Fue un error y punto”, dijeron en el mileísmo sobre las explicaciones de la funcionaria que defendió las prohibiciones de FIFA. Después de ella, también habló Milei y también apuntó a que “es solo un partido de fútbol” tomando como argumento la frase del DT Lionel Scaloni, que no es Presidente y está obligado por su rol a calmar ansiedades.
En la cancha, ya desde la fuerza con la que los jugadores y cuerpo técnico acordaron cantaron el himno, se percibió un estado de ánimo distinto. Lo revelaron al término del encuentro los propios jugadores que hablaron en sintonía con los miles de mensajes emotivos replicados en medios, redes sociales y de distintas maneras en la vía pública. Hubo además reproches de la oposición a las relaciones exteriores y se desempolvaron mensajes previos de Milei sobre la soberanía y sus elogios a la expremier Margaret Tatcher.
Argentina –y parte del mundo- vibró con el triunfo sobre el seleccionado inglés y la contundencia de los jugadores al desplegar una sábana con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”. De yapa, varios de ellos reivindicaron en sus declaraciones periodísticas la soberanía sobre el archipiélago y hasta Messi dedicó el triunfo a quienes la pasan mal y no llegan a fin de mes. Por si fuera poco, la polémica dio pie a otra crítica de la vicepresidenta Victoria Villarruel, hija de un veterano de guerra. En el diario inglés The Guardian un columnista pidió rediscutir la soberanía y Donald Trump dio su apoyo a la bandera que desplegaron los muchachos de Scaloni.
El oficialismo violeta, que durante todo el Mundial tuvo a sus influencers acusando al kirchnerismo de desear una derrota en el Mundial para perjudicar al Gobierno, tuvo que reacomodar su discurso. El vocero presidencial, Adrián Ravier, dijo y se desdijo. En una entrevista con Infobae descartó la posibilidad de un asueto y confrontó al número uno del mundo, que dijo que “la gente no llega a fin de mes”. “No coincidimos en el Gobierno con esto de que la gente no llega a fin de mes. No dudo de que hay personas que atraviesan esa situación, pero decirlo de manera general da la sensación de que todos viven la misma realidad” respondió.
Con el correr de las horas hubo un viraje violeta a la par de las propuestas que se enviaban a Estados Unidos para el operativo regreso. Tanto el Presidente como el canciller Pablo Quirno negaron estar enojados o molestos con los jugadores por los mensajes que podrían interpretarse políticamente. Y a través de la Oficina de Respuesta Oficial -tuit que compartió el jefe de Estado- hasta se desautorizó al flamante vocero: “Sobre las palabras del mejor futbolista de la historia, Lionel Messi, que hay gente que la está pasando mal, es completamente cierto. Dos décadas de decadencia kirchnerista no se borran de ninguna manera en veinticuatro meses”.
En otro gesto hacia los 22 se mencionó que “los jugadores de la Selección Argentina son ciudadanos que reivindican una causa legítima y tienen todo el derecho del mundo a hacerlo. Ninguno de ellos ocupa un cargo público ni compromete la posición del Estado cuando habla”.
La frase final fue pensada exclusivamente para Villarruel, que había mencionado a “los piratas usurpadores” en sus redes sociales y que se convirtió en destinataria de todos los enojos. Justamente de ella habló Milei con Gianni Infantino, a quien mencionó un posible conflicto diplomático del que se excusó por su enemistad con Villarruel. En ese intercambio, en el que le confirmó que por cábala no viaja a la final, preguntó por la posible multa a la AFA y la Selección por desplegar la bandera.
Esta semana fue evidente que La Libertad Avanza no interpreta la malvinización general y el daño que eso produjo al Gobierno. Según relevó Ad Hoc, en cinco días la conversación sobre las islas superó los dos millones de menciones con motivo del partido Argentina-Inglaterra. El día de la semifinal fueron el doble que el 2 de abril en tanto entre el 15 y 16 de julio las menciones vinculadas al Presidente y Malvinas sumaron un 66,7% de negatividad.
El viernes 17 hubo otra reacción del vocero Ravier evidentemente en busca de una recomposición: “Siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas. Si logramos que la Argentina sea grande nuevamente, próspera y respetada, nuestras posibilidades de avanzar en el reclamo de soberanía serán mucho mayores”. Tuvo que reconocer también que “durante el Mundial la reivindicación argentina volvió a tener una enorme visibilidad internacional tras la victoria frente a Inglaterra y la bandera desplegada por nuestros héroes de la Selección con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”. Insólito. La prohibición que Seguridad aceptó y defendió y la bandera que un hincha ingresó a escondidas violando las normas junto a la Selección, finalmente fue considerado un acto heroico.
Según se calcula, dos mil millones de personas verán la final del mundo, una vidriera insuperable para Argentina. Cinco millones de personas fueron las que salieron a acompañar la llegada de la Selección entre Ezeiza y el Obelisco en el 2022. El mileísmo quiere ser parte del fenómeno mundial y gestor de una fiesta nacional.



























