El gesto del seleccionado nacional de reivindicar la soberanía sobre las Islas Malvinas tras finalizar el partido contra Inglaterra fue un hecho político, identitario y de fuerte repercusión internacional que dejó en evidencia el desinterés y el desprecio que tiene el Gobierno por la causa. El Presidente, que se declaró fanático de Thatcher y reivindicó el derecho a la autodeterminación de una población implantada, en contradicción con la postura histórica de la Argentina, se vio obligado a sobreactuar una agenda de defensa de la soberanía inexistente para la Casa Rosada. Después de casi tres años de desmalvinizar el Estado, Milei aseguró que “cada día estamos más cerca de la recuperación de las islas”. Una falacia que se apoya en la esperanza de que su subordinación a los Estados Unidos lleve a Donald Trump a reconsiderar la política norteamericana sobre las islas. “La última persona que pensó que, en caso de que escalara un conflicto entre la Argentina y el Reino Unido, Estados Unidos iba a apoyar al país fue Galtieri, y así nos fue”, dijo a este diario Daniel Filmus, exsecretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas. En las redes, la conversación digital sobre el Presidente y las islas registró un 66,7 por ciento de negatividad a raíz de sus declaraciones y de la posición del Gobierno sobre el tema.
Solo entre la Argentina, el Reino Unido y los Estados Unidos, la semifinal fue seguida por más de 52 millones de personas, que vieron la bandera que los jugadores desplegaron sobre el final del partido. “Las Malvinas son argentinas”, se leyó, y la imagen dio la vuelta al mundo. En la calle digital, un terreno habitualmente controlado por los trolls libertarios, la conversación sobre Malvinas superó los dos millones de menciones en los últimos cinco días, según la consultora AdHoc. Así, los jugadores de la selección más exitosa de la historia argentina fueron claves para difundir una causa que el Gobierno esconde y generaron efectos concretos. “Si la selección no hubiera sacado esa bandera, muchas de las decisiones que tomó el Gobierno, como la denuncia de la Cancillería por movimientos no autorizados de buques británicos, no hubieran ocurrido”, dijo Juan Augusto Rattenbach, trabajador del Museo Malvinas y docente universitario, a este diario. Para Rattenbach, “la selección marcó la velocidad de la política internacional en relación con Malvinas. No solo sumó, sino que llevó el reclamo de soberanía al mundo entero, que hoy habla de Malvinas”.
En efecto, el día después del partido, el enojo de Milei con los jugadores quedó plasmado en un violento posteo en su cuenta de X. “Mientras algunos se dedican a hacer berrinches propios de un adolescente termo mononeuronal, nosotros, por la vía diplomática, cada día estamos más cerca de la recuperación de las Islas Malvinas”, escribió. Milei compartió un tuit del jefe del Partido Republicano de Estados Unidos en Israel, Marc Zell, publicado en marzo, en el que reveló que le pidió personalmente a Donald Trump que reconsiderara la política estadounidense sobre las Islas Malvinas y respaldara a la Argentina en su reclamo de soberanía. Además, el Gobierno desmintió a Messi y negó, a través del vocero presidencial Adrián Ravier, que “la gente no llegue a fin de mes”. La Casa Blanca, por su parte, respaldó el derecho de los jugadores de la selección argentina a expresarse sobre la cuestión Malvinas.
Con la misma verborragia, Milei dijo, en declaraciones radiales y sin ruborizarse, que su Gobierno consiguió “avances enormes” en la cuestión de las Islas Malvinas y sostuvo que los acercamientos con Estados Unidos posibilitaron que las Naciones Unidas “obligaran a Inglaterra a sentarse a negociar” con la Argentina. Una afirmación, a todas luces, exagerada y engañosa. En junio de este año, el Comité Especial de Descolonización de la ONU se limitó a reiterar, como lo hace desde hace décadas, el llamado a ambos países para que reanudaran las negociaciones. La resolución no tiene capacidad coercitiva para obligar al Reino Unido, que mantiene su negativa a discutir la cuestión; no impone sanciones y no existen evidencias de que haya sido impulsada por Washington. “Milei vuelve a mentir. No solo no hubo avances en la negociación por las Islas Malvinas, sino que su gobierno ha debilitado el reclamo argentino de soberanía”, dijo a Página/12 el diputado y excanciller Jorge Taiana. “Sostener que la subordinación a Estados Unidos permitirá recuperar las Malvinas implica desconocer la historia, la diplomacia y el funcionamiento de la política internacional. Estados Unidos nunca ha modificado su posición sobre esta cuestión y no existen señales de que vaya a hacerlo ahora”, agregó.
Un retroceso para un reclamo histórico
En sus casi tres años de gobierno, Milei acumuló declaraciones contrarias al interés nacional. Habló del derecho de autodeterminación de los isleños y se declaró admirador de Margaret Thatcher, responsable política del hundimiento del ARA General Belgrano cuando se encontraba fuera de la zona de exclusión, un crimen de guerra que provocó la muerte de 323 tripulantes en segundos. Sin embargo, hay dos hechos concretos que marcan un retroceso para el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, explicó a Página/12 Daniel Filmus.
“El primero es votar en las Naciones Unidas y en todos los organismos multilaterales en contra de las decisiones que impulsan los pueblos que después acompañan a la Argentina en el tema Malvinas”, señaló. Puso como ejemplo la votación sobre la esclavitud, un tema central para los países africanos, aliados históricos de la Argentina en la cuestión Malvinas. Filmus advirtió que el país quedó, en varias oportunidades, aislado o acompañado apenas por Estados Unidos y un puñado de naciones. “Eso es gravísimo, fundamentalmente en la relación con los países de la región y con los países africanos”.
El segundo retroceso fue el acuerdo firmado por la entonces canciller Diana Mondino con su par británico. Para Filmus, se trató de “una recuperación del viejo entendimiento Foradori-Duncan”, alcanzado durante el gobierno de Mauricio Macri, que “habilitó al Reino Unido y facilitó la explotación de los recursos naturales argentinos que se encuentran en la plataforma continental y en el mar Argentino”. El entendimiento también contempla vuelos entre las islas y otros países de América Latina sin pasar por territorio continental argentino, “lo cual es de una gravedad enorme”, concluyó.
Proteger el Mar Argentino
El reclamo permanente por la soberanía de las islas excede el plano simbólico. En la Cuenca Norte de las Islas Malvinas, una empresa británica, una israelí y, recientemente, una canadiense se preparan para explotar lo que será el mayor proyecto petrolero offshore del Atlántico Sur. Se prevé que la producción comience en marzo de 2028 y alcance un pico de 50.000 barriles diarios hacia 2032. Sobre ese proyecto, el gobierno libertario, que se prepara para visitar Londres en octubre, elige hacer silencio.
Para Filmus, el verdadero problema para la Argentina ya no pasa por las declaraciones de Milei, sino por el avance del proyecto petrolero Sea Lion en la Cuenca Norte de las Islas. “El aporte más importante que podrían hacer Israel o el Partido Republicano es evitar que Navitas, una empresa israelí, siga invirtiendo en la exploración y futura explotación de hidrocarburos en Sea Lion, que es, sin lugar a dudas, el peligro más grande que enfrenta la Argentina en este momento”. Y explicó: “Si efectivamente el Reino Unido logra extraer petróleo de ahí, jamás va a intentar dialogar con la Argentina respecto de la soberanía. Hoy estamos en un contexto de suba del precio internacional del petróleo que vuelve viable una explotación offshore de estas características. Las empresas británicas no podían hacerlo solas y acudieron a una empresa israelí. El mejor aporte que podría hacer Israel sería retirar a Navitas de ese proyecto”.
Filmus recordó que, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, la Argentina inició acciones judiciales contra las empresas involucradas en la explotación ilegal de hidrocarburos en torno a las islas, con embargos y pedidos de captura para sus directivos. Esas medidas también alcanzaron a Navitas.
Para Taiana, “la única manera de fortalecer el reclamo argentino es sostener una política firme y coherente en todos los foros internacionales, consolidar los apoyos multilaterales y profundizar la integración regional para generar las condiciones que permitan reabrir una negociación de soberanía con el Reino Unido”.



























