Todo está encaminado para que este viernes la Dirección General de Asesoramiento Económico y Financiero de la Procuración General de la Nación (DAFI) le entregue al fiscal Gerardo Pollicita un informe sobre la evolución patrimonial de Manuel Adorni, sus ingresos y sus gastos, del que espera obtener más precisiones sobre las inconsistencias. Con esto terminará la primera etapa crucial de la investigación y, después de la feria judicial de invierno, la fiscalía formulará lo que se conoce como “requerimiento”, que es el pedido para que el exjefe de Gabinete justifique cómo elevó su nivel de vida de manera tan abrupta desde que llegó a la función pública con el gobierno de Javier Milei.
Adorni tampoco había declarado la tenencia de criptoactivos ante la Oficina Anticorrupción (OA), pero cuando presentó su última declaración de bienes, rectificó las anteriores, incluyó la adquisición de tokens entre 2021 y 2023 y declaró como si el año pasado los hubiera vendido por 400 millones de pesos. Una comparación total de lo que declaraba originalmente y días antes de dejar la función pública mostraba un salto de 25,6 millones de pesos en bienes, depósitos y dinero a 944,5 millones. Más allá del número global, a través de los gastos siderales que se fueron conociendo del exjefe de Gabinete y su esposa quedó al descubierto que eran imposibles de solventar con un sueldo que hasta febrero no superaba los 3,5 millones de pesos, y luego llegó a siete.
Al organismo especializado le pidió, como informó este diario, una serie de análisis puntuales, buena parte basados en algunos datos ya muy conocidos públicamente. La causa, en rigor, se originó a raíz de la publicación de una foto que revelaba que Bettina Angeletti, esposa de Adorni, había viajado con él a Nueva York en marzo último, a la ida en el vuelo oficial y, a la vuelta, en primera clase, además de alojarse allí en un hotel cinco estrellas. Fue el famoso viaje en el que el exfuncionario dijo que se había “deslomado”. Enseguida se supo también que para el fin de semana largo de Carnaval había viajado con toda la familia en un vuelo privado que costó 9000 dólares ida y vuelta a Punta del Este. Lo habría pagado el conductor de televisión Marcelo Grandio, amigo de Adorni, quien además tenía seis contratos con la TV Pública.
A todo eso hay que sumar las increíbles operaciones inmobiliarias: la compra del departamento en Caballito por 230 mil dólares (de los que en realidad pagó 30.000 y les quedó debiendo a las jubiladas que se lo vendieron, sin interés), más los arreglos por 65.000, y la compra de la casa en el country Indio Cuá por 120.000 dólares (que también cubrió con un préstamo de dos mujeres policías), más 245.000 de gastos en remodelaciones revelados por su contratista. En otros gastos se advierte que Adorni se engolosinó: la ropa de cama y sommiers por 8 millones de pesos, así como el monitor gamer y los proyectores, por más de 5 millones. Estos últimos casos revelaron que pedía tarjetas de crédito a sus empleados (como para disimular un gasto) y luego les devolvía el dinero en efectivo.
También requirió una comparación de las declaraciones juradas y rectificaciones; el análisis de la operatoria informada por las plataformas, cuentas y billeteras vinculadas con activos virtuales, distinguiendo los depósitos, retiros, compras, ventas, permutas o swaps y transferencias internas o externas (y la comparación de todo esto con las declaraciones juradas); determinación del costo, la fecha, la forma de pago y la fuente de financiamiento de los bienes incorporados, las erogaciones y las obligaciones invocadas; la elaboración de una ecuación patrimonial anual y acumulada que compare los ingresos lícitos y disponibilidades iniciales acreditados con las incorporaciones de bienes, gastos, consumos y cancelaciones de pasivos.




























