Menos asado argentino, más pollo brasileño

Actualidad - Nacional27/06/2026

La transformación en el consumo de carnes en Argentina que empuja el mercado desde hace décadas se aceleró en el gobierno de Javier Milei. La caída de ingresos populares y la liberalización del comercio exterior, tanto para exportar sin cupos ni retenciones, como para importar sin límites, profundizó una tendencia -justamente- de mayores envíos de carne vacuna y un incremento de importaciones de carne aviar y porcina.

Es el resultado de políticas que dejan ganadores y perdedores claros. Los argentinos consumen menos carne vacuna, más cara y con destino de exportación, y la reemplazan por pollo y cerdo, a precios más accesibles para bolsillos castigados. Como se mencionó al comienzo, es un proceso de larga data, que toma cuerpo a partir de la decisión de las autoridades libertarias de actuar a favor de ese cambio. Por ejemplo, con acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y Europa para exportar más vacas y traer más pollos y cerdos.

El récord de consumo de carne vacuna en este siglo se produjo entre 2007 y 2009, con un promedio de entre 67 y 69 kilos per cápita. El gobierno de Cristina Kirchner tuvo una política activa de precios subsidiados y fuerte intervención del mercado interno. Esa estrategia, sin embargo, se complicó ante la caída del stock ganadero, con productores que se volcaron a negocios más rentables. Entre 2010 y 2015 el consumo promedio disminuyó a entre 57 y 60 kilos per cápita.

Durante el gobierno de Mauricio Macri, la política fue similar a la actual, quitando controles y subsidios para el mercado local y favoreciendo la exportación. Entre 2016 y 2019 el consumo per cápita osciló entre 50 y 55 kilos de promedio.

El gobierno de Alberto Fernández intervino nuevamente en el sector y fijó cupos de producción para el mercado interno, pero el consumo no se movió demasiado de los registros heredados del macrismo, salvo en 2023, cuando llegó a 51 kilos, por la liquidación de hacienda a partir de la grave sequía.

Con Milei, como se dijo, la fuerte caída de salarios y jubilaciones, sumado al encarecimiento de la carne vacuna por la presión exportadora, impactó en una nueva baja del consumo hasta los 47,5 kilos per cápita actuales, el nivel más bajo en 20 años, según informó esta semana la cámara de la industria de la carne (Ciccra).

De seguir estas políticas, las proyecciones del mercado ubican el consumo de carne vacuna disminuyendo hacia un piso de 35 kilos per cápita en el transcurso de la próxima década, con la continuidad del aumento de la demanda de pollo y cerdo, que hoy se ubican en 48,5 y 19 kilos per cápita, respectivamente

Productores

“En 1978 teníamos una población de 25 millones y un stock ganadero de 50 millones de cabezas. Hoy somos casi 50 millones de personas y el stock ganadero sigue en 50 millones de animales”, describe Javier Preciado Patiño, especialista y ex funcionario de Agricultura en el gobierno anterior.

“En los ‘80 el consumo de carne vacuna rondaba los 80 kilos per cápita. Pero la realidad actual es muy distinta y no creo que pueda cambiar mucho”, señala. Para aumentar la producción, advierte, serían necesarias políticas activas que mejoren “la eficiencia de los rodeos”, es decir, conseguir más terneros con la misma cantidad de vacas, y elevar el peso de los animales para faena de 300 a 400 kilos en promedio.

Los productores de ganado vacuno, mientras tanto, están a sus anchas. Se advierte una mayor retención de animales para exportarlos con mayor peso, lo que retrae la oferta para el consumo doméstico y genera presión sobre los precios. En este momento, el límite a los aumentos en las carnicerías lo pone la insuficiencia de demanda, pero la tendencia de mediano y largo plazo es que que la carne vacuna sea cada vez más cara, se venda a precio de exportación y el consumo de los argentinos retroceda.

“Para ganar un kilo de pollo hay que darle al animal 1,8 kilos de alimento. En cambio, para ganar un kilo de carne, la vaca tiene que recibir entre 6 y 7 kilos de alimento. Es una producción mucho más cara que también en parte explica que el precio de la carne vacuna sea más elevado a nivel internacional”, explica Preciado Patiño.

Para los ganaderos es negocio. En cambio, para frigoríficos que atienden la demanda local y para los consumidores, el escenario es de contracción. De hecho, se han producido despidos y suspensiones en establecimos ganaderos, pero sobre todo de pollo.

Brasil tiene capacidad para inundarnos con carne aviar y porcina. Si el Gobierno no interviene, los productores nacionales sufrirán un golpe importante”, advierte el experto.

Comercio exterior

Las ventas al exterior de carne vacuna subieron 8 por ciento entre enero y mayo respecto de igual período de 2025, con China como principal demandante y Estados Unidos con compras en aumento a partir del acuerdo firmado por el gobierno nacional.

Al mismo tiempo, las importaciones de carne vacuna para la elaboración de hamburguesas y alimentos procesados subieron de manera exponencial, de 750 toneladas en mayo de 2023 a 5.900 toneladas en mayo pasado.

Pero mientras las compras de carne vacuna tienen un impacto moderado en el mercado local, las de pollo y cerdo desplazan cada vez más producción nacional. Pasaron de apenas 350 toneladas en conjunto en mayo de 2023 a 3400 toneladas de carne aviar y 5600 toneladas de carne porcina en mayo último.

Es un movimiento peligroso porque puede sacar a muchos productores de pollos y cerdos de la cancha. Si no se toman recaudos para administrar las importaciones, la situación para esos productores puede ser muy negativa”, insiste Preciado Patiño.

“Entre Ríos tiene la mitad de la producción de la carne aviar, mientras que el resto se reparte entre el norte de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. La producción porcina también se concentra en esas provincias, con aportes desde San Luis y La Rioja”, detalla.

En conclusión, con el esquema de política económica que afecta el poder adquisitivo de las mayorías y libera exportaciones e importaciones, el negocio será para unos pocos, mientras que el tradicional asado argentino será reemplazado cada vez más por pollos y cerdos brasileños.

Por David Cufré / P12
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