En un audio extraído del celular de Mauricio Novelli, el lobista amigo de Javier Milei que estuvo detrás de $LIBRA, le explicaba a otras personas, con jactancia, cuál era “la posta” para “juntar fondos” al lanzar una criptomoneda: que “la gente invierta en un proyecto, mete 1.000 dólares, 2.000, 10.000, 15.000, 20.000”, pero al final termine perdiendo. El trader –que juntó al Presidente con el estadounidense Hayden Davis para lanzar el token del escándalo– ahora se presentó en la causa con el objetivo de sacar de juego a las querellas, que impulsan la investigación con más ímpetu que la fiscalía de Eduardo Taiano. Sería el camino para buscar su cierre a la larga.
Una defensa para Milei
El escrito de Novelli tiene algunos párrafos particulares destinados a defender al Presidente. Dice que el hecho de que Milei haya producido, con un tuit, la primera publicación donde aparecía el contrato para comprar $LIBRA es “irrelevante” desde el ángulo jurídico-penal. Su argumento es que el posteo no mentía; en todo caso, “el mensaje tuvo así un contenido político, eminentemente vinculado con la promoción de iniciativas privadas, la innovación tecnológica y el financiamiento descentralizado”. “No contenía una recomendación de inversión y no prometía rentabilidad alguna”, sostiene la defensa de Novelli, que actúa como si fuera la defensa del mandatario. “Milei parecería considerar meritorio que el país recupere su atractivo para la industria tecnológica, después de años de estancamiento y proteccionismo (regulatorio y fiscal)”, interpreta en tono elogioso.
Lo que la presentación de Novelli no dice es que, en efecto, un informe de Cibercrimen de la Policía Federal confirmó que Milei posteó el contrato para comprar $LIBRA cuando todavía no era público, lo que le da un evidente protagonismo en la trama de una iniciativa privada siendo el Presidente de la Nación. Nunca se fondeó ningún proyecto ni nada por el estilo y este activo digital no trajo ningún beneficio para la economía argentina. Omite las llamadas frenéticas entre Novelli y Milei, y entre Novelli y su hermana Karina, antes, durante y después del lanzamiento, cuando se produjo el colapso de la criptomoneda, que produjo pérdidas calculadas en más de 280 millones de dólares y que habrían afectado a 74.000 ahorristas.
Tampoco contempla que hay una línea de investigación que está relacionada con pagos que habrían recibido, cuanto menos, los traders cercanos al mandatario, Novelli y su socio Manuel Terrones Godoy. Que no se profundizó en la posible existencia de contratos que habrían incluido hasta pagos por tuits de Milei. ¿Es lo más normal del mundo que el Presidente haga un acuerdo para lanzar una criptomoneda, con la promesa de negocios en tecnología y blockchain para la empresa de Davis y que se prevea un pago de 5 millones de dólares por todo el paquete? Es la parte que queda afuera de la ofensiva de Novelli. Sin contar los relatos de pagos a la hermana presidencial por reuniones, sobre las que todavía hay pedidos de declaraciones testimoniales pendientes.
El ataque a las querellas
“El caso se refiere a un mercado no regulado, donde el principio rector no es la confianza institucional, propia de los mercados financieros tradicionales, sino la autorresponsabilidad de quien decide adquirir instrumentos altamente volátiles, descentralizados y ajenos a la supervisión estatal. Las categorías dogmáticas de la estafa impiden trasladar al ámbito penal las consecuencias económicas derivadas de operaciones especulativas realizadas en mercados de esta naturaleza”, dice el escrito de Novelli. Cuestiona: “A esta altura, el legajo se ha convertido en un intento vano de transformar ex post una pérdida especulativa en una maniobra defraudatoria, sin identificar una falsedad concreta, un error típico o una víctima afectada patrimonialmente mediante engaño”.
Así, la defensa dice que no hay razones para sostener como querellantes a Juan Marchetto, Alan Vega, Matías Paris, Braian Quintero y Martín Romeo, porque son personas que conocían los riesgos que asumían al comprar $LIBRA y nadie les mintió o engañó. Dice que los aceptaron al comienzo de la causa porque todavía no estaba claro si había estafa o no, pero eso no implicó validarlos de manera definitiva. El carácter de querellantes fue convalidado por la Cámara Federal, ante la oposición del mismo Novelli, y luego también por la Cámara de Casación y la Corte Suprema. En el caso de Romeo, su causa antes había tramitado en San Isidro, donde Sandra Arroyo Salgado respaldó su carácter de víctima. Novelli hizo todo tipo de intentos por obstaculizar el avance de la pesquisa. Otro que aún no tuvo resolución fue su pedido de nulidad del peritaje de su celular, que fue una fuente de información crucial. Aún no se expidieron ni el fiscal ni el juez al respecto.
Cuando describe el objeto de la causa, en realidad la defensa de Novelli describe una sucesión de hechos que en sí mismos no parecen delictivos: la organización de un Tech Forum para traer proyectos tecnológicos, la participación de empresas reales, de personas concretas. El texto puede parecer convincente, pero carece de múltiples elementos que aparecieron, en especial, en el celular del trader. Además, dice que no se puede hablar de “rug pull”, esa maniobra que implica una suerte de tirón de alfombra para aludir al retiro repentino de fondos cuando sube la cotización de una moneda, se la vacía de liquidez y unos pocos se quedan con ganancias (lo que tan bien les describía Novelli a sus conocidos). Sostiene que eso en $LIBRA no ocurre porque quienes estuvieron a cargo del lanzamiento no son anónimos, ni hubo falsas promesas, ni nadie huyó con el dinero, ni desaparecieron los fondos (Davis dice que tiene 100 millones de dólares de los argentinos), además de que se ofreció un fideicomiso para canalizar los fondos. Su planteo es que una caída de la cotización de un token no lo transforma en delito. Ahora es el turno del fiscal y el juez de decidir qué hacen con esto.






















