


Más de la mitad de los empleos ya son precarios y 4 de cada 10 jóvenes sufren inestabilidad laboral
Actualidad - Nacional15/06/2026

La caída del empleo registrado volvió a encender las alarmas sobre el deterioro del mercado laboral en la Argentina de Javier Milei. A marzo de este año según cifras oficiales se perdieron, desde el inicio de la gestión libertaria, más de 300.000 empleos asalariados formales, y ello en un contexto en el que el dato de inflación que celebra el oficialismo lejos está de traducirse en mejores condiciones de vida para la mayor parte de la población: más de la mitad de las inserciones laborales se desarrollan actualmente bajo condiciones precarias y casi cuatro de cada diez jóvenes enfrentan dificultades para sostener estabilidad laboral.


Así lo advirtió un informe elaborado por el Centro de Innovación de las y los Trabajadores (CITRA) al que accedió este medio, desde donde indicaron que el Índice de Fragilidad Laboral continúa acelerándose desde 2017 y el problema continúa siendo especialmente crítico en el segmento joven. De hecho, entre las mujeres jóvenes, el indicador escaló al 45,9%, siendo el grupo con mayores niveles de precariedad laboral: 6 de cada 10 mujeres menores de 29 años se insertan laboralmente de manera desprotegida.
El deterioro también se expresó en la capacidad de consumo. Según el relevamiento, en los hogares de bajos ingresos la Canasta Básica Total absorbe casi el 70% de los ingresos, mientras que en los sectores de mayores recursos representa apenas un tercio. La diferencia refleja una profundización de las desigualdades estructurales: mientras una parte importante de la población destina casi todo su ingreso a cubrir gastos esenciales, los sectores de mayores ingresos amplían su margen de consumo.
Precarización a la orden del día
Un informe privado que elabora el Índice de Fragilidad Laboral mostró que el indicador continúa acelerándose desde 2017. Creció el déficit de empleo, se sostuvo la precarización y aumentó la pobreza de ingresos, con especial impacto en la población joven y las mujeres, las más afectadas por el deterioro laboral.
El índice de Fragilidad Laboral (IFL) se ubicó en 34,6% al cierre del 2025 y, a su vez, las mujeres jóvenes continúan siendo el grupo más expuesto, superando el promedio general en más de diez puntos (45,9%). “La fragilidad laboral continúa afectando a una proporción significativa de la población y evidencia la persistencia de brechas estructurales asociadas a la posición socioeconómica, el género y la edad”, señaló un documento presentado por el Centro de Innovación de las y los Trabajadores (CITRA-UMET).
Este indicador busca dar cuenta del estado de situación de las principales dimensiones del mercado de trabajo mediante tres dimensiones: déficit de empleo (cantidad de puestos de trabajo), precariedad laboral (calidad de los puestos disponibles) y pobreza e ingresos (poder de compra de los ingresos familiares en relación con la línea de pobreza y su distribución).
A diferencia de lo que indicó la tasa desocupación para el último semestre de 2025 (7,5%), el Déficit de Empleo (IDE) se ubicó en un valor más alto (11,2%). Sobre ello se precisó que “la reducción en la cantidad de programas socio-laborales no se vio compensada por la migración de esta población hacia otro tipo de ocupaciones, sino que -todo lo contrario- ha disminuido la población ocupada total, con lo cual lejos de mejorar la situación real de las inserciones laborales, la ausencia de esos programas como motor de incentivos al trabajo redundó en niveles aún más altos de inestabilidad laboral”, afirmó la investigadora Sonia Balza.
A su vez, creció el Índice de Precariedad Laboral (IPL) que llegó al 54,1% de la población ocupada, lo que indica que más de la mitad de las inserciones laborales se desenvuelven bajo condiciones precarias. “Este incremento refuerza el carácter estructural de la precariedad laboral en niveles persistentemente elevados”, señalaron.
Por su lado, el índice de Pobreza e Ingresos (IPel) se ubicó en 38,5%, lo que implica que cuatro de cada diez personas de la población económicamente activa son pobres. No obstante, “la falta de corrección en las ponderaciones de un conjunto de elementos propios de la canasta básica total (servicios básicos, transporte y vivienda) distorsionan la medición de un indicador sensible como el de pobreza”, plantearon desde CITRA.
En relación con la presión que el costo de la Canasta Básica Total (CBT) ejerce sobre los ingresos, los hogares no pobres pero cercanos a la línea de pobreza, destinan más de dos tercios del ingreso consumos esenciales (66,2%). Por el contrario, en los hogares de altos ingresos dicho porcentaje es mucho menor (34,6%). De este modo, “la población no pobre con ingresos bajos continúa en una situación de vulnerabilidad económica, ya que una parte sustancial de su ingreso sigue siendo absorbida por la canasta básica total, limitando su margen para gastos no esenciales o de recomposición”, explicaron.
A la inversa, en la Argentina actual, "la población con mayores ingresos no sólo destina una menor proporción a la CBT, sino que además evidenciaron una mejora relativa más significativa respecto de los hogares de bajos ingresos", y este comportamiento expresa "una profundización de las desigualdades estructurales".
Mujeres y jóvenes: los segmentos más perjudicados
Si se analiza de forma segmentada se observa, por un lado, que el índice de Fragilidad Laboral es más alto entre las mujeres, se ubicó en 35,8%, manteniéndose en niveles superiores a los varones 33,9%.
Asimismo, en cuanto a grupos etarios, la fragilidad entre los jóvenes ascendió al 45,7%, mientras que entre las personas adultas se registra un indicador similar al total poblacional (32,1%). Como es de esperar, en la combinación de las poblaciones, la más afectada es la de mujeres jóvenes, ya que el indicador escaló al 45,9%. En otrras palabras esto exhibe que continúan siendo el grupo más expuesto a la fragilidad laboral.
Si se pone la lupa en cada variable en particular se detecta que, en cuanto a la evolución del Déficit de Empleo, la población joven concentra los mayores niveles de inestabilidad laboral, alcanzando el 37,1%, y entre las mujeres jóvenes, se elevó a 38,5%. Es decir que prácticamente 4 de cada 10 jóvenes enfrentan dificultades para sostener una inserción laboral continua. “La persistencia de niveles elevados entre jóvenes, reafirma las imposibilidades en el acceso a empleos protegidos”, alertaron desde el centro de estudios.

Si bien el índice de Precariedad Laboral resulta transversal a la población en su conjunto, vale la pena destacar algunos puntos. Alcanza sus niveles más altos entre las mujeres jóvenes (59,9%), manteniéndose como el grupo con mayores niveles de precariedad laboral. Esto implica que 6 de cada 10 mujeres menores de 29 años se insertan laboralmente de manera desprotegida.
Por grupos etarios, la población joven presenta un incremento más marcado, con un pasaje de 56,3% a 58,7%. En la misma proporción, entre las personas adultas, el indicador también se incrementó de 56,4% a 58,6%, lo que muestra que “la precariedad laboral no es exclusiva de los jóvenes, sino que se trata de un fenómeno estructural y transversal al conjunto de la población ocupada”, analizaron desde CITRA.
Finalmente, si bien el incremento del índice de Pobreza e Ingresos muestra un comportamiento homogéneo para todos los grupos analizado, registró valores levemente superiores entre la población joven (41,3%).
Por Eugenia Rodríguez / El Destape
























