“La tendencia estancacionista continúa vigente. El proceso de estabilización no soluciona la crisis de ingresos, y el cambio estructural no dinamiza la demanda e impone un estancamiento en el corto-mediano plazo”, analizaron desde el centro económico. En paralelo, los sectores que más crecen -como el agro, la minería o el petróleo- tienen una baja intensidad laboral. Es decir, generan relativamente pocos puestos de trabajo en relación con su volumen de producción.
En contraste, las actividades más vinculadas al mercado interno —industria, comercio y construcción— son intensivas en empleo y concentran buena parte de las dificultades actuales, con pérdida de más de 100.000 puestos en lo que va de la gestión libertaria.
“La apuesta del gobierno es arriesgada, ya que los sectores primarios tan solo representan un 14,5% del PBI, mientras que los grandes perdedores continúan siendo muy relevantes en la estructura productiva (27% del PBI)” evaluaron los economistas y agregaron que “aún siendo optimistas y proyectando a partir de las tasas de crecimiento de los últimos 4 trimestres, el PBI per cápita de 2015 recién se alcanzaría en 2031”.
En definitiva, el resultado de una reforma laboral regresiva -según lo muestra la propia experiencia histórica- no es más empleo registrado -que depende del nivel de actividad económica y de los sectores que lideran el crecimiento- sino más rotación laboral, más empleo informal y el predominio del cuentapropismo de subsistencia.





















