Comer o no comer, esa es la cuestión

Actualidad 22 de octubre de 2022
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En nuestros barrios se hace cada vez más difícil. Llegan mis vecinas al comedor "Alberto Díaz" y agradecen tener una porción de comida. Pero, ¿desde cuándo comer o no comer se convirtió en una cuestión opcional?

En los primeros nueve meses del año, el valor de la Canasta Básica Alimentaria se incrementó el 64,8%. El último informe de INDEC indicó que la indigencia trepó al 8.8%. Con estas cifras, la urgencia de la implementación del refuerzo de ingresos es innegable. Una medida que contribuiría, nada más y nada menos, a que esos millones de personas puedan comer. El anuncio de esta iniciativa fue fruto de meses de negociaciones, del reclamo en las calles y del impulso de compañeros como Juan Grabois. La intervención de Cristina fue fundamental. 

Esta demanda, entonces, no es de ahora. Nos habrán escuchado y visto en distintos medios hablando sobre la necesidad de esta medida. Sin embargo, a pesar de las intensas semanas dando el debate en todos los espacios posibles, todavía preponderan ciertas desinformaciones en algunos medios hegemónicos de comunicación. Necesitamos contribuir a clarificarlas. Nuestro rol también es ese: dar la discusión, habilitar los espacios de diálogo y llegar a puntos de acuerdo. Sobre todo en este marco en el que la inscripción del bono empezará a realizarse en los próximos tres días -definición que celebramos- luego de la reunión y resolución entre el ministro de Economía, Sergio Massa y la titular de la ANSES, Fernanda Raverta.

Una de las desinformaciones más concretas tiene que ver con asegurar que esta medida generaría inflación. Pero, ¿quiénes son los "culpables" de la inflación? ¿Es justo poner en el centro una política redistributiva de ingresos cuyo objetivo es garantizar la canasta básica alimentaria a quienes están por debajo de la línea de la indigencia? Pensemos: ¿no sería más lógico focalizar en los formadores de precios que hacen que día a día el precio de la góndola de los supermercados cambie? Vayamos al llano de la cuestión: ¿una política redistributiva de ingresos que surge de lo que liquidan grandes concentradores de riqueza podría generar inflación?

No. Poder comer no genera inflación. Para controlar la inflación, hay que tocar intereses. Entonces: ¿por qué no avanzar en acciones concretas para frenar la especulación de las alimenticias y las grandes cadenas de supermercados? Está claro que lo que genera inflación es la especulación de los formadores de precios que buscan hacer negocio con el hambre de la gente, que concentran la economía, que no les interesa la suba del índice de la indigencia ni de la pobreza, sino enriquecerse y aprovecharse de los y las argentinos.

Con este marco de análisis, bajo ningún término podemos permitir que exista en esta medida un mínimo margen que habilite una avivada por parte de los formadores de precios. Controlar, congelar, fijar los precios -discutamos acerca del verbo- es el camino. Y esta medida lejos está de ser un invento argentino. En Bolivia, durante el gobierno de Evo, se generó un tope de precios a las carnes, cereales, leche, azúcar y aceites mediante la asociación del Estado con pequeños productores. De esta forma, se consiguió controlar la inflación.

Con la implementación del bono ya anunciada, desde el Frente Patria Grande no podemos dejar de considerarlo un paso hacia un Salario Básico Universal para los 7.5 millones de trabajadores y trabajadoras informales que lo necesitan para subsistir y que, por la modificación del paradigma del universo del trabajo, ya no tienen chances de ingresar en el mercado del empleo formal. En estos meses de ejecución del bono, tenemos que avanzar en el debate en el Congreso y construir los consensos necesarios para que poder comer sea un derecho permanente.

Por Federico Fagioli

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