




Durante décadas, la trayectoria profesional parecía tener un recorrido bastante definido: entrar en una empresa, adquirir experiencia, ascender, asumir más responsabilidades y llegar a un puesto de dirección. Sin embargo, algo está cambiando.


Cada vez más trabajadores se preguntan si ascender significa realmente mejorar su vida.
Según datos de InfoJobs recogidos por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), el 57% de los trabajadores afirma que no quiere ascender: un 19% no tiene ningún interés en hacerlo y un 38% tiene poco interés. La UOC apunta a un cambio en la percepción del liderazgo: no se trataría de una falta de ambición, sino de un cuestionamiento de puestos que se perciben como poco sostenibles.
El dato coincide con otra tendencia: más de la mitad de los trabajadores encuestados por PageGroup —alrededor del 60%— estaría dispuesto a renunciar a un ascenso si este comprometiera su equilibrio entre vida personal y laboral.
Para la coach en desarrollo personal y gestión emocional Teresa Herrero, estos datos reflejan un cambio importante en la relación que las personas mantienen con el éxito profesional.
“Durante mucho tiempo hemos entendido que crecer profesionalmente significaba asumir más: más responsabilidad, más personas a tu cargo, más horas y más disponibilidad. Ahora muchas personas están empezando a preguntarse algo mucho más sencillo: ¿para qué quiero ascender si la vida que tengo fuera del trabajo deja de caber?”
Más responsabilidad no siempre significa más bienestar
Según Herrero, el problema aparece cuando asociamos automáticamente crecimiento profesional con crecimiento jerárquico.
“Hay personas que quieren aprender, cobrar más, tener proyectos más interesantes o sentirse más valoradas, pero no necesariamente quieren gestionar equipos. Y son cosas diferentes”, explica.
El puesto de jefe lleva asociadas responsabilidades que muchas personas no desean asumir: gestionar conflictos, responder por otras personas, tomar decisiones constantemente, estar disponible, asistir a más reuniones o asumir una presión que puede prolongarse más allá de la jornada.
“No querer ser jefe no significa no tener ambición. Quizá significa que la persona tiene muy claro qué tipo de vida quiere construir.”
El estrés laboral también está cambiando nuestra percepción del éxito
El contexto laboral ayuda a entender este cambio.
Según el Barómetro del Talento 2026 de ManpowerGroup, el 64% de los profesionales en España afirma experimentar niveles altos de estrés diario en el trabajo, mientras que el 68% declara haber sufrido burnout recientemente. Entre las causas señaladas aparecen la presión o el estrés, la elevada carga de trabajo y las jornadas largas o poco flexibles.
El propio Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo considera el estrés laboral un problema colectivo asociado a los riesgos psicosociales y señala que las nuevas formas de organización del trabajo están incrementando su intensidad e incidencia.
En este contexto, Herrero considera lógico que algunas personas empiecen a revisar qué significa para ellas “progresar”.
“Cuando ves que más responsabilidad puede significar también más estrés, más disponibilidad y menos tiempo para ti, es normal que el ascenso deje de ser automáticamente una buena noticia.”
¿Estamos ante una renuncia silenciosa al éxito?
Herrero cree que detrás de estos datos hay un fenómeno más amplio y más matizado de lo que parece a simple vista.
No se trata, necesariamente, de personas que hayan dejado de querer trabajar o progresar. Muchas siguen comprometidas con su trabajo, cumplen con sus objetivos y quieren seguir aprendiendo. Lo que ha cambiado es su disposición a pagar cualquier precio por hacerlo: han dejado de aceptar que el crecimiento profesional deba costar su tiempo, su descanso o su salud emocional.
“Estamos hablando mucho de la renuncia silenciosa dentro de las empresas, pero quizá existe otra renuncia silenciosa: la de quienes deciden no entrar en la carrera profesional que se supone que deberían querer.”
Según la coach, es una decisión que muchas personas toman sin hacer ruido y, a menudo, con cierta culpa. Rechazar un ascenso sigue teniendo un coste social: se interpreta como falta de ambición, de compromiso o de talento desaprovechado. Por eso muchos profesionales lo viven en silencio, sin verbalizarlo en sus empresas ni, a veces, ni siquiera ante sí mismos.
Y lo que sí quieren: más autonomía, más tranquilidad, más tiempo, más flexibilidad y una vida que no gire alrededor del trabajo.
“No es una renuncia al trabajo, es una renuncia a un modelo de éxito que ya no les representa. Y eso, en el fondo, es un acto de claridad, no de desinterés”, señala Herrero.
El nuevo éxito puede consistir en no querer subir
Para Herrero, uno de los cambios más interesantes es que empieza a cuestionarse la idea de que existe una única manera de tener una carrera profesional exitosa. Durante años, el camino «correcto» era siempre ascendente: más cargo, más equipo, más responsabilidad. Quien se salía de esa línea corría el riesgo de ser visto como alguien sin proyección.
“Quizá tenemos que dejar de preguntar ‘¿hasta dónde quieres llegar?’ y empezar a preguntar ‘¿cómo quieres vivir mientras llegas?’.”
La pregunta, según la coach, no debería limitarse a qué puesto queremos ocupar dentro de cinco años, sino qué lugar queremos que ocupe el trabajo en nuestra vida. Y esa respuesta es distinta para cada persona, y puede cambiar a lo largo de las etapas vitales: quien hoy prefiere estabilidad y tiempo para su familia puede querer más responsabilidad dentro de unos años, y viceversa.
Porque una persona puede querer crecer profesionalmente y, al mismo tiempo, querer salir a su hora. Puede querer ganar más y no querer dirigir un equipo. Puede querer reconocimiento y no querer estar disponible las 24 horas. Puede querer nuevos retos y no querer más reuniones.
“Crecer no tiene por qué significar subir. También se crece profundizando, especializándote, aprendiendo cosas nuevas o ganando autonomía en lo que ya haces. El problema es que durante mucho tiempo solo hemos valorado una forma de crecer”, añade.
Tres preguntas antes de aceptar un ascenso
Para ayudar a tomar la decisión con más claridad y menos presión externa, Herrero propone hacerse tres preguntas antes de aceptar una promoción. Recomienda responderlas con calma, sin la urgencia del momento en que llega la propuesta, e incluso por escrito.
- ¿Quiero realmente el puesto o quiero lo que representa?
A veces no queremos ser jefes. Queremos sentirnos reconocidos, valorados o mejor pagados, y el ascenso parece la única vía para conseguirlo. Identificar qué es lo que de verdad buscamos permite plantear alternativas: una subida salarial, un proyecto más interesante, más autonomía o una especialización que no pase por dirigir personas. - ¿Qué precio tendría para mí?
Más responsabilidad, más disponibilidad, más estrés, más desplazamientos, más reuniones y menos tiempo personal. Herrero recomienda hacer una lista concreta y realista de lo que cambiaría en el día a día, en lugar de quedarse solo con la parte atractiva del cargo, como el título o el sueldo. “Todo ascenso tiene un precio; la cuestión es si estamos dispuestos a pagarlo”, explica. - ¿La vida que tendría después del ascenso se parece a la vida que quiero?
Porque conseguir algo profesionalmente no significa necesariamente que sea bueno para nosotros. Esta pregunta invita a imaginar cómo serían un martes cualquiera, un fin de semana o unas vacaciones tras aceptar el puesto, y a comprobar si esa imagen encaja con la vida que la persona quiere construir.
“No hay una respuesta correcta. Lo importante es que la decisión sea tuya y no una obligación que has asumido sin cuestionarla”, concluye la coach.
¿Qué pueden hacer las empresas ante este cambio?
Según Herrero, el fenómeno no es solo una cuestión individual: también interpela a las organizaciones. Ignorarlo, advierte, tiene un coste, porque cada vez más profesionales rechazan puestos de responsabilidad o abandonan empresas cuyo ritmo no les resulta sostenible. La primera medida es entender que las expectativas han cambiado y ajustarse a ese nuevo ritmo. Las nuevas generaciones valoran más su bienestar, su tiempo y su salud emocional, y no lo perciben como algo opuesto al compromiso con su trabajo, sino como una condición para poder desempeñarlo bien.
En la práctica, esto puede traducirse en medidas como:
- ofrecer itinerarios de crecimiento que no pasen necesariamente por dirigir equipos, con opciones de especialización, mayor autonomía o proyectos con más peso;
- respetar los horarios y la desconexión fuera de la jornada;
- revisar la carga de reuniones y la disponibilidad que se espera de los puestos de mando;
- hablar con transparencia de lo que implica un ascenso antes de ofrecerlo.
Herrero propone además dar un paso más: incluir el acompañamiento emocional dentro de las prestaciones de la empresa, con acceso a un coach o a un psicólogo. Según explica, un coach puede ayudar a los profesionales a clarificar qué quieren de su carrera, a vencer el síndrome del impostor, a poner límites y a tomar decisiones con menos presión, mientras que un psicólogo es el profesional adecuado cuando hay malestar emocional que requiere atención clínica. Ambas figuras, sostiene, cumplen funciones distintas y complementarias.
“Cuidar a las personas no es un gasto ni un gesto de buena voluntad. Es la forma de que quieran quedarse, de que crezcan a su manera y de que asuman más responsabilidad cuando de verdad les encaja”, señala Herrero.
El objetivo no debería ser trabajar menos, sino vivir mejor
Herrero no considera que el problema esté en querer crecer profesionalmente ni en asumir responsabilidades.
La clave está en poder elegirlas.
“No se trata de demonizar los ascensos ni de decir que todo el mundo debería renunciar a ellos. Se trata de que podamos decidir qué significa éxito para nosotros sin sentir que, si no queremos ser jefes, estamos desaprovechando nuestro potencial.”
“Quizá el verdadero cambio no es que la gente ya no quiera ser jefe. Es que cada vez más personas quieren que su trabajo encaje en su vida y no que su vida tenga que encajar alrededor de su trabajo.”
Nota:rrhhdigital.com



























